PDK: El bosque y los Arboles

Por Leonardo Navarro B.

Agradecemos la colaboración del periodista Leonardo Navarro, que con este texto sobre PDK, inaugura así su, esperamos larga, colaboración con Ergocomics,  comentando las nuevas obras de narrativa gráfica que se están publicando en nuestro país.


Jorge Baradit es uno de los mejores escritores de su generación. Dueño de una imaginación viva y una prosa electrizante, es capaz de generar audiencias cautivas que le siguen y le miman como corresponde a su talento. Tras tres novelas y una antología exitosas, se atreve a incursionarm en la novela gráfica con Policía del Karma. Y para su debut en la historieta se unió a Martín Cáceres, un dibujante veterano y uno de los mejores historietistas que existen en el país, dueño de un estilo de línea clara y detallista que siempre sorprende por su expresividad y su poder de síntesis, además de la potente puesta en escena que logra página tras página y viñeta tras viñeta.

Policía del Karma es una obra de su tiempo. Es la expresión del exceso de recursos (fuerza, en el caso de su trama) utilizado para un objetivo que no precisa tal cosa. Al tiempo, su propio relato es un ejemplo de este exceso de recursos para contar una historia que al final resulta una anécdota.

Policía del Karma (PDK) narra el primer día de 47, la nueva recluta de este cuerpo policial dedicado a castiga a criminales por hechos cometidos en sus vidas pasadas. El objetivo es Renato Carranza, un infanticida de niñas de la peor calaña, y 47 debe insertarse en la dinámica de su equipo –en un operativo narrado en “tiempo real” – mientras en paralelo conocemos el prontuario de Carranza y algunos detalles –escasos- del pasado de 47.

La misma queja que se aplica hoy a los autores de comics de superhéroes, que cuentan en 6 o más números historias que antes se resolvían en uno, se puede aplicar a PDK. El cuento original es de apenas 6 páginas, y el error es alargar el cuento metiendo información intercalada en vez de tomarlo como punto de partida, como parecían sugerir los mejores pasajes de esta novela gráfica.

Un cuento se gana por knock out, y su desarrollo debe ser rápido. Una novela es un maratón y se gana por resistencia, por lo que las subtramas son importantes, y justamente la subtrama del comandante Proxy es lo más logrado del libro, en puesta en página y guión. La cantidad de páginas destinada a esta subtrama indica su importancia, pero lamentablemente se trata de un enlace roto. Un cabo suelto genial, que remite a otras obras de Baradit, para quienes lo hayan leído. Pero una obra debe sostenerse por si misma, y este episodio brillante provoca que tambalee la estructura, justamente por la fuerza y significado que parece otorgar a la historia y que al final se traduce en nada.

Policía del Karma no es un mal trabajo. De hecho, es una buena historieta. Baradit es un autor ambicioso, y esa ambición y su exuberante visión de mundo están presentes en PDK, pero por una vez falla de poco ambicioso, al optar por ceñirse al desenlace de su cuento y dejarlo tal cual en su paso a las viñetas. Su mayor fortaleza –y la de esta novela gráfica- es todo el mundo que crea, la atmósfera barroca que remite a la alta cultura, el porno duro, la biomecánica y las raíces americanas en partes iguales y alternas, la energía que logra traspasar en cada frase al lector.

PDK es riquísima en ambientación, pero la parafernalia exquisita montada en su desarrollo provoca un exceso de expectativas que merma el sabor final de la lectura.  Guardando las proporciones, recuerda el caso de La feria de los inmortales, de Enki Bilal, que tiene un imaginario vasto y riquísimo, pero cuyo eje central se demuestra débil. Es el caso del bosque que no deja ver los árboles.

Se adivina en PDK la intención de ser el principio de una historia más larga, lo cuál es válido. Pero este libro no es la recopilación de una historieta seriada. Una novela gráfica debe pararse por sus propios pies y no esperar al siguiente libro para contextualizar lo sucedido, así como tampoco reducirse a ser una descripción pormenorizada del modus operandi del organismo del título.

Debe contar con personajes dinámicos, con dilemas morales, con un itinerario y un desarrollo del (la) protagonista que nos permita ver su cambio y tal vez entenderlo. La recluta 47, en cambio, es un personaje plano, apersonal, que se supone entrenada para una primera misión, pero que parece comprender menos lo que sucede que el lector, de otra forma no se entiende su sorpresa al encontrar a Carranza, algo para lo cual un miembro entrenado (aún novato) de la PDK debería estar preparado, y que afecta la coherencia interna del relato.

El trazo detalladísimo de Cáceres logra dar carnalidad al imaginario de Baradit y corporalizar el tremebundismo que es parte de su marca personal. Su talento narrativo logra que las páginas fluyan, pero al mismo tiempo que el lector quede embelesado con la información visual que entrega de una forma que no puede sino definirse como perfecta.

Punto aparte son los “extras” del libro: bocetos de los personajes principales, notas sobre ellos, la descripción de los métodos usados en el trabajo conjunto, y el cuento original ilustrado por una serie de nombres que representan la crema y nata de la historieta nacional. Estos apartados ya valen el precio del libro.

E insistimos. Policía del Karma no es un mal trabajo. En más de un sentido, es una buena obra debut. Si queda al debe, es por el exceso de expectativas puestas en ella.

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