Comiqueras: El panorama de las autoras de historieta en Chile. Parte 1

POR HUGO HINOJOSA.

PRIMERA PARTE

Ergocomics agradece a Hugo que haya facilitado este texto para ser publicado aquí y que fue preparado para las Jornadas de historieta y arte emergente: nuevas formas de pensar(se) desde la cultura en épocas de crisis y poscrisis, co-organizada por la Secretaria de Ciencia y Tecnología de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad Nacional de Córdoba y el proyecto de Investigación “Estudios y crítica sobre la historieta: continuidades, crisis y renovaciones”. La ponencia fue realizada el 17 de agosto de 2017, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. 

 

Hugo Hinojosa en plena ponencia. 

 

  • I. Introducción

Dentro de la creciente y ya constante producción de historietas en Chile (aproximadamente durante los últimos 10 años), sigue pareciendo persistente la minoría de creadoras dentro del ámbito del cómic. ¿Es que no hay mujeres interesadas en el ejercicio de la narración gráfica? Esta primera consideración torpe y apresurada, requiere de una revisión un poco más aguda y matizada del panorama local. Más que un asunto de cantidad, pareciera que es un problema de visibilidad por parte de los lectores y lectoras hacia las autoras y sus obras. Ocultadas por un medio en donde la mirada autoral masculina sigue siendo hegemónica y omnipresente, tanto a nivel de publicaciones, difusión e investigación, las autoras de cómic en el país continúan luchando por un espacio que, en el papel, parece hostil, y que pocas veces las reconoce o nombra. Frente a este escenario se establecen un par de caminos posibles, los cuales tienden a complejizar aún más la situación, y es en donde finalmente se instalan las tensiones ya existentes en el medio.

La primera pregunta que deberíamos hacernos no es ¿Por qué hacer una ponencia sobre mujeres en el cómic? sino ¿Por qué no hay ponencias sobre los hombres en el cómic? En esa sutil distinción se encuentra el meollo del asunto. Efectivamente, nadie pensaría en hacer una disertación sobre el conjunto de autores que producen historietas dentro de cierto contexto, y sólo quizás consideraría abordar un autor y su obra, o textos específicos que se crean de cierta relevancia. Por lo tanto, si tomamos en cuenta esta mínima contingencia, lo primero que entenderemos es que en el ejercicio de realizar una presentación centrada únicamente en el cómic creado por mujeres, está velado (consciente o inconscientemente) un acto de discriminación positiva, anclado en una noción de paternalismo tan propia de los mismos hombres hacia sus congéneres femeninas.

 

 

De este modo, el primer camino, que denominaremos de la “visibilización”, transita en una ambigua línea entre las buenas intenciones, y un machismo encubierto que busca hacerles un espacio a estas pobres autoras que no son oídas (o más bien leídas). Es así que se genera una segunda alternativa que llamaremos de “integración”. Esta nueva vía consideraría a autoras y autores por igual, presentando sus trabajos bajo los mismos parámetros, sin ningún tipo de gesto condescendiente. Pero para que este proceso de integración tenga una real validez, antes sería necesario considerar que la “cancha” donde todos los creadores y creadoras de cómic participan no es igualitaria, lo que termina generando un círculo vicioso en el cual para poder hablar del cómic como un todo, sin una distinción genérica, todos los actores y actrices deberían ser perceptibles. Efectivamente, son más los hombres publicados, leídos, analizados y reverenciados dentro del campo de la historieta. Ya que en la realidad esto ocurre, es por esa razón que se requieren los gestos que permitan visibilizar a las autoras, con todo lo implicado señalado anteriormente.   

Y aquí, en mi condición de investigador (y hombre), me hago cargo de este ejercicio que siempre es leído desde una visión masculina. Hombres leyendo e interpretando a las mujeres, proponiendo salidas forzadas a lo que nosotros hemos instalado. Podríamos preguntarnos ¿y si estas autoras en realidad no están interesadas en dicha integración? ¿Si prefieren ir por su propio camino? E incluso ¿y si ni siquiera consideran esta distinción genérica tan odiosa? Ahora, si bien reconocemos cierta problemática, debemos asumir que estamos frente a una situación que se establece y opera dentro de un marco local, limitado y, por lo tanto, sería pertinente establecer de qué forma este modelo responde de la misma manera a una situación a nivel global, o una condición propia del país.

Es por esto que en el transcurso de esta ponencia intentaré abordar tres momentos: un instante o sentir global, una trayectoria o recorrido local y un mapa actual.  Finalmente, la idea principal es generar un panorama breve (pero con ansias de exhaustividad) de la producción actual de historietas realizadas por mujeres en Chile. A partir de dicha perspectiva abordaré sucintamente las obras de diversas autoras, tales como Maliki, Sol Díaz, Berna Labourdette, el colectivo Tetas tristes, entre otras, para así también poner en tensión los diversos enfoques y prejuicios que se construyen en torno a la creación de historietas realizada por mujeres, y que la categoriza dentro de solo un modelo de producción temática (el cómic de mujeres para mujeres), el cual no siempre se articula dentro de las discusiones y debates actuales sobre género. En este sentido, es importante recalcar que en este gesto de reconstrucción de unas perspectivas de creación, intentaré dejar que sus propias autoras hablen, a través de sus palabras o de sus trabajos.

“El festival de Angouleme ama a las mujeres… pero no puede reescribir la historia (del cómic)”

 

 

  • II. Un sentir global

El año 2016 inició de una forma muy polémica para el mundo del cómic y las mujeres vinculadas a este. El día 5 de enero, el prestigioso Festival internacional del cómic (o bande desineé) de Angoulême anuncia el listado para su Grand Prix, el premio entregado a la trayectoria e importancia dentro del ámbito de la historieta, considerando su obra en totalidad o su aporte al medio completo. No hubo mujeres en dicho listado. Lo que podría haber pasado inadvertido, esta vez levantó más polvo y generó inmediatas preguntas y reacciones. ¿Es que no existen mujeres relevantes en el cómic? o peor aún, ¿existen realmente? Porque de otra manera no se comprende la flagrante omisión. Ahora, es importante tener en cuenta ciertos datos interesantes. Tal como como consigna la nota del 10 de enero de 2016 en el diario The Guardian, en 2014 la única mujer presente en el listado del Grand Prix fue Marjane Satrapi, autora de la ya célebre Persépolis. Luego, en 2015, ninguna mujer estuvo en la lista. En efecto, pocas son las mujeres nombradas en los listados de Angoulême y, es más, en sus 43 años de historia solo una mujer ha sido merecedora del Grand prix, otorgado a Florence Cestac, quien obtiene el premio en el año 2000. Se contabilizan cerca de 45 ganadores hombres, y solo una mujer.

Pero el 2016 la situación explota. La discusión la instala BD Égalité, (Colectivo mujeres en el cómic en contra del sexismo) denunciando la notoria ausencia de mujeres dentro del principal premio de unos de los festivales más prestigiosos a nivel europeo y, por supuesto mundial. El efecto dominó no se hizo esperar, y el autor Riad Sattouf decide ceder su nominación para dejar a espacio a que una mujer sea nominada. Le siguen célebres nombres como Daniel Clowes, Brian Michael Bendis, Chris Ware, entre otros, llegando a un total de 12 dimisiones, sumadas a las declaraciones desde los más diversos frentes en torno al conflicto. Franck Bondoux, delegado general del festival declarará: “hay una simple razón para no incluir mujeres durante aquel año, y la discriminación no es precisamente el problema”. No es un hecho de falta de calidad entre las autoras, sino más bien de presencia, por lo tanto, afirmará que aunque el festival ama las mujeres, no se puede reescribir la historia del cómic.

 

Franck Bondoux, delegado general del festival de Angoulême. Fotografía de Jorge Fidel Álvarez.

 

Esta controvertida afirmación deja entrever claramente el papel asignado a las mujeres dentro del mundo del cómic. Siempre han estado allí, produciendo, creando a la par que los autores masculinos, pero sus trabajos al ser invisibilizados generan el efecto lógico. El gran público no accede a sus obras, no hay reconocimiento, y se establece una idea de inexistencia de producción y artistas, fundada firmemente en el desconocimiento. Pero la situación va más allá de artificializar una realidad de creación autoral.

 

Twitter en respuesta a Franck Bondoux de parte de Fleur Pellerin, Ministra de cultura francesa. 

 

Por ejemplo, según las estadísticas aportadas por el historiador del cómic Tim Hanley, en su columna mensual Gendercrushing del sitio web Bleeding cool (como en su blog personal), a mayo del 2017, la participación de mujeres en el mercado norteamericano era bastante mínima, y vemos que en grandes editoriales como DC comics o Marvel, ronda alrededor del 15%, y solo en editoriales más pequeñas como Boom alcanza cerca de un 39%. Ya en años anteriores estos números habían sido duramente criticados, generando presión y reacción en el medio. Como consigna The guardian en agosto del 2011, Dan Didio, co-editor de DC comics en la época, fue encarado durante la Comic-Con de San Diego, Estados Unidos. La razón fue la baja del 12% al 1% de mujeres en los equipos creativos de la casa editorial luego del relanzamiento de esta en su colección “Nuevos 52”. La respuesta inicial de este fue interesante: “¿Qué significan esos números para ti? ¿Qué significan? ¿A quién deberíamos estar contratando? Dímelo ahora. ¿Quién debería ser contratada justo ahora? Dime.” Como indicaba Laura Hudson, ex editora del sitio Comics Alliance:

Las mujeres son la mitad del mundo, y un significativo porcentaje de los personajes estables de DC comics, pero aún solo un 1% de sus creadoras. Y la forma que tú tratas y representas a la mitad de las personas en tu mundo y, por extensión, la mitad de las personas en el mundo real que potencialmente podrían comprar tus libros, debería ser más que una preocupación marginal.

Pero asimismo, la artista Rebekah Isaacs en un breve ensayo sobre las mujeres en el cómic señala que hay más matices dentro de la polémica con Didio. En efecto, afirma:

NO HA HABIDO UN MEJOR MOMENTO PARA SER MUJER EN (EL MUNDO) DEL CÓMIC (sic). Si, tú leíste aquello. Las compañías QUIEREN trabajar con mujeres. Nosotras ofrecemos una perspectiva diferente de la norma, una bocanada de aire fresco, y encarémoslo, nos destacamos de la masa usual.

 

Portada de Rebekah Isaacs

 

Para luego agregar que el problema puede que vaya más allá de una evidente discriminación de género, y esté más inserta en las propias pretensiones de las artistas, lo que quiere para su obra, sueldos, e incluso más importante, en un medio como el mainstream enfocado en lo superheroico, el estilo es muy importante, y probablemente no sea gusto de todas las artistas. Pero claramente, esto tiene que ver con la construcción cultural de un medio levantado en sus orígenes por hombres, quienes han instalado las bases dentro de las que las mujeres deben integrarse en la actualidad. Como en toda discusión en torno al género y las implicancias del patriarcado en cada aspecto de nuestra cotidianeidad, podríamos argumentar, tal como sostiene Laura Hudson, que el problema es más de ignorancia que de malicia, pero esto no exime de tomar acciones concretas para cambiar el panorama.

Efectivamente, DC comics tuvo que responder a los reclamos de los lectores y lectoras, quienes a través de una campaña lograron más de 3,000 firmas (podríamos discutir si dicha cifra en un mercado tan gigantesco es proporcional o representativa), llevando a DC comics a prometer mayor contratación de mujeres. Esto instala nuevamente un problema, que en aras de generar cuotas de representatividad dentro de diversos espacios, puede generar lecturas erróneas de la realidad. Si lo pensamos detenidamente, ¿cambiará por si solo el medio por ingresar sólo mujeres? Si la declaración de Rebekah Isaaks tiene algún grado de realidad, podríamos afirmar que si, nuevas miradas, modificarían los estándares de creación, pero también considero que la contraparte masculina también debe hacer su parte por modificar el status quo del campo del cómic.

La modificación de un medio no se produce sólo por la integración de nuevos componentes a este, sino que implica una reingeniería de todos los participantes, sobre todo de los que ya están presentes. Este hecho se vuelve factible en la situación vivida por Heather Antos, editora de Marvel cómics, quien trabaja en títulos como The Unbelievable Gwenpool. Hace pocas semanas, la editora subió una foto a twitter junto a su equipo de trabajo, pero lo que parece un simple gesto en redes sociales, levantó una escalada de ataques por parte de iracundos fans, quienes la agredieron verbalmente con comentarios como “Chicas geek falsas”, “La más espeluznante colección de estereotípicas SWJ (social justice warriors) que alguien pudiera posiblemente imaginar”, “mmm, no puedo imaginar por qué las ventas de Marvel están en el inodoro”, mientras que otros mensajes más agresivos llegaron por vía de mensaje interno. Sólo por ser editora marvel, mujer, y estar con otras mujeres que son sus compañeras de trabajo. Pero como señala la nota que recoge el hecho en el sitio The Mary Sue, no es la primera vez que ocurre algo similar. De hecho, ya antes otras mujeres en el medio han sufrido situaciones similares. Por ejemplo, Chelsea Cain, la escritora tras la serie Mockingbird (también de Marvel), tuvo que dejar twitter, luego de escribir: “Por favor compren Mockingbird #8 este miércoles. Envío un mensaje a @marvel que hay espacio en loscómics para historias de superhéroes acerca de mujeres adultas”. Por otro lado, Zainab Akhtar tuvo que cerrar su sitio de crítica de cómics, Comics & Cola, a causa de ataques racistas, sexistas e islamofóbicos. Y los ejemplos se van multiplicando.

Una respuesta a este hecho, la entrega la columnista Tiffany Pitcock, en un breve artículo para The odyssey online llamado “I Was Never The Only Girl Into Comic Books” (Yo nunca fui la única chica interesada en las historietas), donde  afirma:

La cultura de la historieta es sexista. Mujeres son retratadas como objetos sexuales. Ellas son excluídas del marketing y la mayoría de adaptaciones cinematográficas. Los fanáticos enloquecen cuando una serie es entregada a una mujer que la lidera, e intentan desacreditar las heroínas. (…) el problema no es que las mujeres no amen los cómics. Las mujeres siempre han amado los cómics. El problema es que a ellas no se les ha permitido amarlos. A las mujeres se les señala repetitivamente que los cómics son para hombres, que ellos simplemente no son algo que las mujeres gusten.

Elisa McCausland. Fotografía: Javier Alborés

 

Pero volvamos al caso de Angoulême. El Festival es acusado de sexismo, y esto provoca una escalada de reacciones importantes en los propios autores y autoras. En una nota para Le Monde, Franck Bondoux, afirmará que “Desafortunadamente, no hay muchas mujeres en la historia de los cómics. Es una realidad, de la misma forma que si vas al Louvre, no encontrarás cuadros pintados por muchas mujeres“. La respuesta obvia indica que no por ser una realidad no pueda ser modificada, pero a su vez, señala un hecho que es patente y que requiere revisión. Al respecto, la divulgadora e investigadora Elisa McCausland, en un artículo para la Revista Cactus afirma:

El ámbito público, es decir, el espacio legitimador, ha sido tradicionalmente diseñado y habitado por hombres, mientras que la trastienda, aquellos trabajos categorizados como menores -aquellos que no se firman o que, en el ámbito del cómic, tienen que ver con el proceso: el color, el entintado, la comunicación, etc.- eran y son los trabajos invisibles. 

La mujer siempre ha estado en el cómic, pero en roles que tradicionalmente son considerados menores. Podríamos afirmar que sin ellas, quizás no habría industria, porque su trabajo al detalle, pero desde las sombras, ha levantado todo un medio que tiene en sus autores a sus grandes referentes. Pero acá hablamos de aquella producción autoral, esa que implica una sola persona, y aún así la invisibilización parece injustificada, pero más todavía los argumentos anclados en el desconocimiento por parte de Bondoux.

Caitlin McGurk, la curadora asociada del Billy Ireland Cartoon Library (que cobija la colección más grande de cómic e historia relacionada a este arte en el mundo) responde a los dichos de Bondoux en The Guardian, enfatizando “para la primera mitad del siglo XX, muchas comiqueras escribieron bajo nombres ambiguos o masculinos, solo para incrementar su probabilidad de publicación”. Por su parte, en el mismo medio, Tom Spurgeon, escrito de  the Comics Reporter y directo ejecutivo del Cartoon Crossroads Columbus, un festival americano de cómics, también manifiesta su desacuerdo con el delegado de Angoulême, afirmando:

En realidad, es muy fácil reescribir la historia de los cómics. Ocurre todo el tiempo. Tú reescribes la historia poniendo gente en esas listas (referido al listado del Gran prix). Aquella historia que decidió Angoulême es un argumento terrible y cínico para hacer. A los que hicieron el listado ni siquiera se les solicitó que miraran la historia. Se les pidió que examinaran el presente. Cero de treinta, es una triste lectura del presente.

 

Caitlin McGurk, la curadora asociada del Billy Ireland Cartoon Library. Foto tomada de Fantagraphics.

 

Entonces, al parecer la solución se encontraría en integrar más y más mujeres a dichos listados, para evidenciar su obvia (y forzada) ausencia. Pero ¿cómo definimos cuantas mujeres integrar? ¿Por cantidades iguales? ¿Por calidad de su trabajo? Si fuera así ¿Cuántas de ellas realmente se conocen, o están presentes en los circuitos de circulación del cómic? ¿Es la integración en un listado reconocido la respuesta a la segregación? Al respecto, La autora y activista Susanna Martín niega la posibilidad a un sistema de cuoteo:

Se trata de que todos tengamos las mismas posibilidades de estar en esa lista, no de que nos pongan una cuota. De lo contrario estaríamos dando la razón a una discriminación positiva, a que se nos critique mucho más y que nos digan que somos unas lloricas que siempre nos estamos quejando.

Efectivamente, el asunto está en un asunto de posibilidades, de abrir el medio a que más mujeres se integren con sus miradas, y no relegarlas a espacios secundarios. Desde esta postura, creo que el ejercicio no está en forzar los espacios, en generar cuotas igualitarias, o generar canales separados sólo para visibilizar (aunque pareciera que es el propósito de este texto desde su título), sino más bien de comprender el cómic como un medio en donde todos y todas son partícipes. Al respecto, concuerdo con alguno de los puntos señalados en la Carta de Autoras de cómic contra el sexismo, realizada por BD Egalité (movimiento que impulsó las críticas al Grand Prix de Angoulême)

• Puesto que “el cómic masculino” nunca ha sido definido ni limitado, calificar a las mujeres creativas como autoras de “cómic femenino” es desacreditarlas. Si este apelativo atribuye ciertas características estereotipadas a nuestro trabajo y nuestra manera de pensar, entonces nosotras, autoras de cómic, no nos reconocemos en ello. Al igual que nuestros colegas no se ciñen a su “masculinidad” para su creación, nosotras no nos ceñimos a nuestra “feminidad”.

• “El cómic femenino” no es una categoría narrativa. La aventura, la ciencia- ficción, la novela policíaca, el romanticismo, la autobiografía, el humor, el relato histórico, la tragedia son géneros narrativos que las mujeres autoras dominan sin restricciones imputables a su sexo.

• Publicar colecciones “femeninas” es misógino. Esto crea diferenciación y jerarquización con el resto de la literatura, con la universalidad de las lecturas que irían dirigidas – por oposición – al sexo masculino. ¿Por qué lo femenino debería estar fuera de lo universal? Establecer estas diferencias, sobre la base de estereotipos, únicamente genera efectos negativos en la percepción que tienen las mujeres de sí mismas, sobre la confianza en su capacidad  y sus resultados.

Luego de las acciones conjuntas realizadas por investigadores, autoras y autores, como de las innumerables críticas y comentarios recibidos, el Festival de Angoulême tuvo que rehacer su listado, integrando a seis autoras al listado original de 30(aunque no haya ganado ninguna). Finalmente, como recoge el diario El País, la propia ministra de Cultura de aquel período, Fleur Pellerin, señaló implícitamente a través de Twitter su aprobación por la rectificación, “Si el festival de Angoulême no puede reescribir la historia, al menos puede marcarla”.

 

FIN PRIMERA PARTE

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