NUESTROS FUEGOS: Sobre Pikinini de José Miguel Varas y Raquel Echeñique

 

Agradezco al historietista Pedro Prado la gentileza en ceder a Ergocomics este texto que escribió para la presentación de la novela gráfica Pikinini que tuvo lugar en la Feria del libro de 2017 y que fue publicada por LOM Ediciones. Prado aprovecha la ocasión para cuestionar-ampliar- reflexionar sobre la noción de novela gráfica.

POR PEDRO PRADO

¿Por qué tocamos música? Es la pregunta con la que Sainte Colombe atormenta toda una vida a su pupilo en la película de Alain Corneau: “Todas las mañanas de mundo”. Por qué hacemos lo que hacemos no parece ser una pregunta banal en medio de la sobreproducción, de la sobre explotación del hombre por el hombre. En medio de nuestras extensas jornadas de trabajo. Es una pregunta llena de actualidad. Entonces vale aquí preguntarse ¿Por qué dibujamos historias?

Pikinini 1

 

No creo que haya una respuesta única para esta pregunta, pero sí creo que nuestro deber como autores es elevar al máximo el alcance de este oficio que amamos.

Pikinini, me parece que es de esas obras que nos revelan las profundidades de ese alcance. A partir del testimonio de Clementina Fidret Bonard en 1958, el premio nacional de literatura, José Miguel Varas construye el relato que sirve de base para que se active la imaginería de Raquel Echenique en este viaje al que nos invita sin disimular desde la portada, los colores que nos depara el destino.

Ya desde las primeras páginas se nos presenta la legítima pregunta de ¿Que es esta obra? ¿Un cuento ilustrado, un libro álbum, una historieta? Preguntas que a poco andar del recorrido por sus páginas van volviéndose irrelevantes e inoportunas, porque Pikinini es un viaje hacia la desmemoria visual, hacia lugares de los que nos han contado y hacia grandes relatos de los que también hemos oído, pero esta vez es un viaje a partir de la reivindicación de la subjetividad de la vivencia. ¿Qué importan entonces las convenciones? Es esta concatenación de narradores y subjetividades, la que arriba al relato en imágenes de Echenique, que desde las primeras viñetas de su trabajo dan cuenta que sus seres ilustrados van en este viaje Pikinini 3transoceánico rumbo a convertirse en personajes, con un trazo y una estética que nos evocan el imaginario de Jacques Tardi pero que sobre todo nos hacen referencia a la continuidad de búsquedas anteriores de la propia autora. Este es un viaje de la ilustración a la historieta en ella y todos nosotros vamos embarcados. No parece en ese sentido nada caprichosa la idea de elegir el lenguaje del comics para construir el relato. Pikinini nos regala imágenes a cada instante de un viaje hacia un horizonte omnipresente y desconocido. No queda entonces más que aferrarse a pequeños recuerdos, construir secuencias de pequeños instantes desaparecidos para que ese horizonte no nos devore. La apuesta para dar imagen a los vívidos textos de Varas es, a mi parecer, seguir profundizando en esa subjetividad que parte desde Clementina Fidret y que para mi hace que podamos identificar en la construcción de este relato los cimientos de lo que construye una novela gráfica.

La novela gráfica, y permítanme aquí una breve disquisición, es aquel inasible e indefinible concepto donde autores como Art Spiegelman o Will Eisner han construido el alto sitial de la emancipación del dibujante-autor. La objetividad, la utilidad educativa y formativa, y la incontrastable de las imágenes ahí expuestas, ya no son el norte de quien relata. Muchas veces tampoco lo es la entretención adictiva, tan útil y rentable para esos editores que ayudaron a consolidar este arte del comic a principios del siglo XX en Norteamérica. No. La novela gráfica nace a partir de la reivindicación de la mirada de autor, Muchas veces incómoda, otras, intrépida, sobre todo en un tema que marca su nacimiento: la novela gráfica histórica. Y esa clave es la que se halla progresivamente en Pikinini.

Esta obra nos va envolviendo con la fuerza con que la narradora se apropia del relato de Varas, donde ya no sabemos donde termina el relato de Clementina, la mano del escritor y donde empieza el trabajo de investigación de Raquel o donde es la misma autora la que se expone ante este terrible relato de los costos que devienen del desarraigo, del habitar y el deshabitar. Del arrebato del lugar.

Pikinini 2

Valoro profundamente que esta haya sido la elección de la autora para enfrentar el darle relato en imágenes a la masacre del pueblo Selknam, porque, creo, que es desde la subjetividad, desde el derecho a imaginar, que podemos darle continuidades a la desmemoria, ahí donde hay cosas que perdimos para siempre. Es a través del lenguaje simbólico donde podemos aproximarnos a sentir la vivencia y no olvidar, allí donde la crónica o la historiografía fallan. Y esta obra exuda de aquello sin mostrar pretensiones de solo querer ilustrar el texto. Las colinas rojas, las pieles claras de los Selknam nos hablan de aquella emancipación de lo que llamamos “realidad”. Originarios y colonos poseen un color de piel similar. Son los ropajes de la civilización los que van progresivamente oscureciendo a estos hasta llegar a la negrura de los guardias, equiparable a la de las aves carroñeras que devoran el cadáver de los inocentes. Estamos frente a un imaginario profundamente humanista.

Una legitima observación a vincular esta obra con el concepto de novela gráfica, podría ser su particular edición en dos relatos confrontados entre los textos de Varas y las secuencias de Echeñique. Sin embargo no deja de llamarme la atención lo coincidente que esto es con el deseo de la autora por salir desde la ilustración a embarcase en el lenguaje del cómic, que sin duda demanda una mayor apropiación de los textos. ¿Será este libro en el futuro el eslabón en la biografía del la autora que nos hable de ese momento en que desde el paralelismo de la ilustración salió a apropiarse del texto en futuras novelas gráfica? De ello ya nos entrega algunas señales cuando incorpora algunos textos en sus viñetas, pero sobre todo cuando son los mismos textos finales los que terminan siendo escritos por su pincel y no por la computadora…

 

Y así como los textos van rindiéndose al pincel, así las imágenes van progresivamente intensificándose hacia la tragedia final en una imagen que revela además el manejo de la autora de las transgresiones que nos permite el cómic, donde no sabemos bien si el rojo es solo sangre ilustrada o es además tinta derramada sobre el papel en una construcción magnífica y terrible de esa apoteosis. Como cuando en esa citada viñeta de la obra “Alack Sinner” de los maestros Muñoz y Sampayo, vemos el rostro dibujado del propio autor estupefacto ante lo que acaba de ocurrir en su obra.

Pikinini es un grito, como lo es esta obra, por una búsqueda, en medio de la desmemoria, por los niños y niñas, en medio de un dolor insufrible. “Pikinini, Pikinini!!” es el grito que enlaza a todos los narradores tras esta historia y a esas anónimas mujeres Selknam.

¿Por qué contamos historias dibujadas entonces? Es a través de obras como ésta que podemos atisbar alguna respuesta. Finalmente el alumno de Sainte Colombe acierta en medio de la desesperación al requerimiento de su maestro y nos regala una respuesta: “Es una copa ofrecida a los muertos, un pequeño abrevadero para quienes el lenguaje ha abandonado, para la sombra de los niños…”

Todo aquello es Pikinini.

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