Escalas: La viñeta silenciosa

POR CRISTIÁN SANDOVAL.

NOTA: El presente texto, gentilmente cedido a Ergocomics por Cristian (guionista y dibujante de El Señor Fantasma) fue leído-comentado por su autor en la presentación de Escalas, historieta de Claudio Rocco que se lanzó el viernes 14 de Agosto en la librería de Pánico ediciones (Av. Italia 1439, local 2) El volumen significó el debut de la novel casa editorial, liderada por Francisca Cárcamo.

Portada_escalas

En primer lugar quisiera agradecer a Pánico Ediciones, a su editora Francisca Cárcamo y al autor Claudio Rocco, por su invitación a presentar esta maravillosa obra de arte. Y ojo, una obra de arte, popular o mediático si se quiere, pero arte al fin, noveno arte. Esta ocasión es muy especial para mí, pues Claudio dibujó (o ilustró, no sé qué sea más correcto gremial, social o comercialmente) mi primera incursión en el cómic precisamente con una historia sin palabras, en el contexto del desafío que planteó el sitio web Sinfonías Sencillas, allá por el año 2011. Fue entonces cuando conocí a Claudio y me enamoré de su trabajo, al sentir por primera vez la maravilla de la plasmación de un texto ajeno por un artista. Fue muy inspirador (y aún sigue siéndolo).

No es gratuito este recuerdo. El pie forzado por Sinfonías de hacer un cómic breve y sin palabras, planteaba un desafío para la tríada constructiva de la obra (guionista-dibujante-lector), pues tanto guionista como artista debían dejar indicios suficientes para que el lector sintiera el placer de recorrer e interpretar las viñetas sin que se perdiera la fluidez propia del cómic, ni ese valor expresivo que plantea Clowes como producto de la combinación entre la exterioridad de la imagen y la interioridad de lo verbal (aunque no lo hubiese, pensamos con palabras). Claudio lo logró a la perfección. Cuando recibí su obra me conmovió, pues la elección de colores, planos y la solución de espacios en blanco del guion transformó mi texto algo parco en una experiencia rica y luminosa (algo que no abunda en mi obra y que agradezco).

Es precisamente ese desafío el que aflora en Escalas. Es una obra valiente por cuanto asume un reto y un riesgo. Reto porque la construcción de una serie de viñetas silentes implica un proceso de reflexión creativa y visual que no todos están dispuestos a acometer o resolver; porque la combinación entre voz propia y necesidad narrativa no siempre son fáciles de armonizar; y por el enfrentamiento a un lenguaje al que autores y lectores no siempre están acostumbrados. Por lo mismo también un riesgo, que Claudio y Francisca asumen con valentía. Escalas es una obra que toma el lance de experimentar con el relato, llevando tanto al autor como al lector a enfrentarse a una provocación: interpretar el sentido desde la visualidad.

La experimentación en el lenguaje del cómic propone un notable ejercicio de ritmo y narración, donde los fragmentos, los silencios, los encuadres, las viñetas verticales que mueven nuestro ojo siguiendo al personaje, los paneles seriados en pequeños cuadros con su ritmo vertiginoso frenándose en viñetas abiertas que dan un respiro y también un momento de contemplación al lector configuran, en este caso, un relato más cercano a la animación que al andar pausado y a veces sobrerreflexivo de la exposición visual que está predominando en la actual novela gráfica. Este cómic es visual, y está vivo.

Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras, pero tal vez sea esa misma de cantidad de conceptos que surgen al observar una imagen la que muchos ven como una montaña demasiado alta para ser escalada por un neófito. Sin embargo, es precisamente esa aparente dificultad su ventaja: la ausencia de texto abre las posibilidades de interpretación, quita esa guía verbal y el lector puede acercarse libremente una y otra vez a una la experiencia que será siempre distinta (al menos es lo que me ha pasado en las lecturas de estos días). Tal como en El principito de Exupéry, La tortuga gigante de Quiroga, las Caperucitas de los Grimm y Perrault y tantos otros, la riqueza experiencial de esta obra radica en su lenguaje y contenido. Una obra que plantea un viaje heroico en una realidad onírica, en la que el cánido protagonista (¿lobo? ¿perro? ¿zorro?) se desplaza por un espacio que le obliga a enfrentarse a sus deseos, sus demonios y a sí mismo, en un espacio externo/interno de ascenso y descenso. ¿Les suena conocido?

Esto que parece un reto (palabras difíciles, viñeta, fragmento, ritmo, símbolo, metáfora, onírico, un relato que habla en silencio) se salva fácilmente porque el diestro dibujo y diseño de Rocco hace que este relato no se esconda en su retórica (como ocurre con muchas obras de arte contemporáneas), sino que se vuelva trasparente, apelando directamente a nuestra libre asociación que nos enfrenta a nuestra conciencia y que, por tanto, nos ofrece una lectura rica y permanente. Porque como todos los libros que algunos han llamado de reflexión, la riqueza semántica de sus imágenes hace que la lectura varíe según nuestra experiencia y madurez, tal como ocurre con los cuentos antes mencionados, asegurando una lectura constante que no se agota de la primera a la última página una y otra vez. En otras palabras, es una obra que nos habla permanentemente, entregando capas y capas de sentido. ¿Acaso no es ése el valor de la verdadera obra de arte?.

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