Santa María 1907: Dibujando la infamia.

POR CARLOS REYES G. 

Si se escribiese una infame historia de Chile, la matanza de la escuela de Santa María de Iquique estaría en ella como un hito de la extrema intolerancia y del uso de la violencia como el único recurso para mantener los propios privilegios en desmedro de la dignidad del otro. Se trató de una matanza ocurrida en 1907, propiciada por el estado chileno (gobierno de Pedro Montt), realizada por sus fuerzas de choque (encabezadas por el general Sylva Renard) en contra de familias obreras desarmadas en el norte del país y perpetrada en atención a claros intereses económicos. El recuerdo de esta matanza sigue viva en la cultura popular y el arte ha sabido mantener su recuerdo en la población. Recordemos aquí la fundamental obra musical de Luis Advis y Quilapayún y muchas otras expresiones artísticas que han honrado la memoria de las víctimas.  

 

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Con retraso, la historieta chilena está acercándose a nuevos temas y uno de ellos es esta vertiente de cómic con ribetes históricos. La matanza de Iquique ha sido abordada últimamente en sendos trabajos: Santa María 1907: la marcha ha comenzado (2014, LOM ediciones) del guionista y dibujante Pedro Prado y La senda del Errante (2015, Acción cómics) del guionista Germán Valenzuela y los dibujantes Danny Jiménez, Cristián Pérez Bolton, Javier Bahamonde, Alonso Molina y Luis Inzunza.

Me ocuparé aquí del tomo uno ( de dos) del trabajo de Pedro Prado, basado en la novela de Hernán Rivera Letelier, Santa María de las flores negras publicada en 2002.

Prado, quién se ocupa del guión y el dibujo aborda en sus viñetas esta trágica historia que habla de engaños, de miseria humana, de humanos miserables, de déspotas ambiciosos, de sanguijuelas que lo quieren todo para sí, a cambio de nada. Una historia que se repite hasta hoy.

La historieta está protagonizada por animales antropomórficos (siguiendo el fundamental gesto de Art Spiegelman en Maus) y fija la mirada en un grupo de personajes: Olegario Santana, calichero; Idilio Montaño, volantinero; Domingo Domínguez, barretero; Ladislao Pinto, barretero boliviano; José Toribio Olaya, peruano; Laurita; Doña Gregoria y por supuesto la gringada oligárquica, entre otros.

 

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EL ROTAJE ANIMALIZADO

La historia comienza cuando enormes grupos de pampinos, esa “chusma embrutecida por el desierto” baja a la ciudad nortina de Iquique, desafiando “la aridez planetaria de la pampa” para encarar a la administración de las salitreras en busca de un trato más justo para ellos y sus familias. Estos obreros y campesinos huelguistas son vistos por Prado como animales en un intento por empatizar con el ambiente del desierto ya que son dibujados como uno de los animales más nobles del altiplano: las llamas.

Esta caracterización animalesca que bien podría ser señalada como un imaginario inocente, una visualidad inofensiva entronca a su vez con una lectura menos naive y más profunda que se refiere a la idea de la deshumanización, a la animalización de ser humano, distanciamiento necesario que llegará a ser la madre del exterminio. Esta caracterización animalesca ayudará también en el extrañamiento necesario para soportar el horror de lo que se viene, colaborará con el distanciamiento necesario para la hora en que seamos testigos de la tragedia. La fauna de la historia se completa con toros, búhos, gallos y  pavos que conforman parte del grupo del patronaje que apenas se vislumbra en este primer tomo.

Respecto de esta animalización de los personajes el dibujante Pedro Prado dijo: “En el cómic hay un historial de fabulación (…) La idea de tomar la decisión fue sencilla. En Iquique había un zoológico y habían auquénidos (…) estuve boceteando en vivo a las llamas y me impresionó su expresividad. ¡Me estaban haciendo la pega! Uno los podría tener en la casa, son bellísimos”.

La historieta de Prado permite un acercamiento, si se quiere más aséptico, de esa virulencia  hacia el pobre en un país que se devela habitado por unos pocos patrones de fundo y millones de trabajadores, de profesionales a los que se debe guiar y amonestar en caso necesario.

En las páginas de la historieta se percibe la omnipresencia del desierto nortino como una metáfora del inconsciente nacional. El desierto como la contrapartida del vergel, de la vida, como símbolo del padecimiento de una nación de desheredados que lo transitan en busca de una esperanza que intuimos vana, a medida que la historia avanza.

La narración de Prado es clara, simple, sin artificios. Importan los personajes y su periplo. Los espacios, la arquitectura son un personaje más. El color amarillento usado en todas las páginas habla de la aridez del desierto y en su connotación, también narra.

 

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LA EMOCIÓN – EL HORROR.

En uno de los lanzamientos del libro, Pedro Prado dijo que esta obra nació del “deseo de callarme y de que mi obra hablara por mi (…) esperé que naciera. Hubo momentos de sentimiento de pérdida (…), espero que la obra florezca”.

Requerido por el público respecto de lo que espera de su libro, expreso que: “Espero que emocione. Es un hecho que todos conocemos y espero que accedamos a él desde la emoción y no desde la información” y agregó: “Lo que deseo es que gente que nunca haya leído una novela gráfica, lo haga”.

Sobre el origen del proyecto a partir de la novela de Rivera Letelier, Prado recordó que “Iba en un tren leyendo la historia, carcajeándome. porque la pasé muy bien  porque la pasé muy bien (…) hay cierto engaño en el escribir. Esto es como un paseo de curso que termina  de forma horrorosa. La contraparte es el horror de las páginas finales. Llorando por los personajes que conociste”.

Estamos ante una historieta que se propone como co-relato de la historia, de una historieta que busca reconstruir, reinterpretar la historia desde su propia especificidad. Para sopesar la obra total habrá que esperar el tomo dos que se espera el 2015 para cerrar, al menos, temporalmente, un nuevo capítulo en la infame historia de Chile.

 

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One Responseto “Santa María 1907: Dibujando la infamia.”

  1. Pedro Prado dice:

    Muchas gracias por las palabras estimado por las palabras!!!…las de acá y las de hoy.
    Un abrazo.

  2. […] La narración de Prado es clara, simple, sin artificios. Importan los personajes y su periplo. Los espacios, la arquitectura son un personaje más. El color amarillento usado en todas las páginas habla de la aridez del desierto y en su connotación, también narra.Ergocomics […]

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