Truchafrita: Necesitamos gente que dibuje hasta morir

POR CARLOS REYES G.

Alvaro Vélez es el ser humano que se oculta tras el pseudónimo de Truchafrita. Se trata del reconocido dibujante colombiano de historietas a quién conocí en Buenos Aires hace ya varios años, en una de las tantas ediciones del festival de historietas Viñetas Sueltas y a quien les invito a conocer en esta ocasión.

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La presencia constante  de Truchafrita en festivales y sus fanzines y libros, editados con tesón y porfía gracias a propia autogestión a través de Editorial Robot, lo han convertido junto a Power Paola en la clara visible de una historieta colombiana de la que el resto de la comunidad latinoamericana sabe poco o nada.

Esta  conversación que debió esperar varios años antes de concretarse y cómo no hay deuda que  no se salde los invito a conocer de cerca el arte y el habla deslenguada e irónica de Truchafrita.

ENTRE LA NECEDAD Y LA ROBÓTICA

– La primera vez que conocí tu trabajo fue hace unos 5 años atrás en Argentina en un fanzine de una sola página… ¿Cuándo te diste cuenta que lo tuyo era contar algo con dibujos?

– Me di cuenta hace casi veinte años. En 1994 (creo que esa es la fecha, si me equivoco que Juan Pablo Marín, o sus colegas corrijan) salió una revista en la ciudad de Medellín que se llamaba “Agente Naranja”. Yo tenía 19 años y me dije: “Si estos que tienen la edad que tengo, sacan esto, yo también puedo hacer lo mismo”. No hice lo mismo, saqué una publicación toda chapucera, en fotocopia, que duró unos años y se llamó “El Necio”, pero era una mierda de fanzine, nada que ver con lo que sacaba Marín y sus amigos.

– ¿Había más fanzines en aquella época?

– Fanzines punkeros en la década de los noventa había un montón en Medellín. Yo los veía también en los toques (conciertos) de punk, se regalaban. Y me pasaba lo mismo: Yo quiero hacer esto, quiero dibujar cosas así como las hacen estos “manes” tan “tesos”.

Dibujando

– Tengo una publicación tuya que era una sola página…

– Es una gacetilla. Una hoja por lado y lado impresa es una maldita gacetilla. No la hago yo solo la hacemos, desde hace más de diez años, un montón de dibujantes y escritores. Yo simplemente pago la impresión para que salga. La gacetilla se llama ROBOT. Se regala y es el mayor éxito en cuanto a cómic que hay en Colombia.

– ¿Tiene que ver con que es gratis?

– Porque no tiene sentido vender una hoja impresa por lado y lado, el precio sería muy bajo (casi ridículo) y sé que la gente no está dispuesta a comprar algo así. Hace unos cinco años editamos un libro que recopilaba 47 gacetillas y ese sí lo vendimos (se agotó rápidamente). Quisiera que el próximo año saliera un nuevo libro recopilatorio (con más de 120 gacetillas editadas hasta el momento), mejor editado, más bonito. Pero tiene que hacerse con mucho cuidado porque son decenas de colaboradores los que han pasado por ROBOT durante más de diez años y si uno solo no permite la reproducción, en el libro de su material, la publicación no sale. Espero poder hablar con todos y cada uno de ellos a ver si sale un libro de ROBOT que le haga justicia a su historia.

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¿NOVELA GRÁFICA O FANZINE?

– En Chile prácticamente no sabemos nada de tu país. Resulta vergonzoso tomando en cuenta que compartimos un mismo continente y un mismo idioma.

– Nosotros tampoco conocemos nada de Chile. Es la misma historia de siempre, estamos mirando a EEUU y a Europa, eso no quiere decir que por acá las cosas estén mal, simplemente que estamos acostumbrados, en términos culturales, a mirar por allá. Es difícil romper siglos de colonización cultural.

– ¿Existe una potente escena actual en Colombia? ¿Alguna tradición importante?

– Hay un montón de buenos intentos: ACME, una referente de los noventa: TNT, otro buen referente de esa década de los noventa; la revista Agente Naranja y Sudaka Comix en Medellín, mi ciudad, y otra vez en la década de los noventa. Revista Larva, Gacetilla Robot, Fanzine Fausto, Revolver. Esta última de Barranquilla, pero creo que se acabó hace unos años. Sí hay referentes, pero son pedacitos de postre en un mar de amargura. Ahora, el tope del tope es la puta “novela gráfica”. Todo el mundo quiere hacer “novela gráfica” porque dicen que eso es lo que vende. Nada vende, nada… Yo ahora estoy haciendo una “novela gráfica”… Lo mismo de siempre, mirando a EEUU y Europa.

– ¿Sientes que la acepción de novela gráfica ha ayudado a potenciar la historieta o te parece sólo un nombre bonito?

– Es un nombre bonito. Los franceses le llaman álbum a eso, desde hace décadas (Tintín, Asterix, Spirou y decenas de ejemplos más). Pero ya lo dicen tanto que terminamos aceptando esta otra forma de presentar las historietas que, en un principio y aún ahora, se usa mucho para solo para vender. Me parece que nosotros aquí debemos potenciar más el fanzine, la revista, que son vehículos más fáciles de elaborar, más baratos, sobre todo para los jóvenes que inician en el dibujo de historietas. No estoy diciendo que no se pueda hacer novela gráfica, claro que se puede hacer y se está haciendo y de mucha calidad, sino que el hecho de promocionar tanto esta forma está dejando los otros soportes o formatos (o como le quieran llamar) a un lado y creo que cometemos un error en hacer eso. Un jovencito se puede “quemar” a los veinte años intentando dibujar una novela gráfica cuando debería pulirse, echarse al ruedo, enlodarse publicando primero fanzines. Ahora, tampoco estoy diciendo que los jovencitos no puedan intentarlo de primera vez con la novela gráfica, a algunos les ha resultado bien pero son muy contados los que logran grandes obras a los veinte años y en cambio puede terminar odiando algo que antes amaba con pasión. Yo llevo veinte años dibujando y apenas el próximo año voy a publicar mi primera novela gráfica.

Timmy y Mitty-LascauxCHICA

– A lo largo del tiempo la lista de tus personajes se ha engrosado: Truchafrita, Chimpandolfo, Mr. Q, Timmy y Mitty, pero finalmente la mayoría de ellos son animales antropomorfos que juegan siempre entre el humor y reflexión ¿Te sientes parte de una tradición, de un tipo de historieta de ese tipo?

– Yo dibujo lo que me da la puta gana. Entiendo perfectamente la tradición del los “funny animals”, lo que leí cuando era niño: las Urracas Parlanchinas en cómic (creo que se llaman Tico y Tuco… No recuerdo bien), no sólo en dibujos animados. Tío rico y los sobrinos, Ciro Peraloca, Condorito, Andy Panda, Droopy, Bugs Bunny y El Pato Lucas en dibujos animados. En casi veinte años he pasado de dibujar una ciencia ficción mal hecha, inspirada en Moebius y Philippe Druillet, de la gente de la Metal Hurlant y un underground que no me pertenece: Robert Crumb o Gilbert Shelton, -o ese cómic chungo y maravilloso español, de revistas como El Víbora- una autobiografía que siempre sentí ajena. Qué raro es sentir que lo que uno cuenta de uno mismo es así: ajeno, como lo que hace, o hacía, David B, Chester Brown, Joe Matt; o un montón de muñecos, animales antropomorfos que no sé si son auténticos, que no se sé si están bien dibujados. ¿La historia? ¿La narración? ¿Hacen reír? No tengo ni idea. Lo único que sé, es que me gusta mucho dibujar historietas, y ahora me pagan por eso. Muy mal, me pagan muy mal, pero después de veinte años me pagan… Un día se van a dar cuenta que soy muy malo haciéndolo, sólo me sostengo con mi trabajo. Dibujo todos los putos y miserables días, eso sí: soy constante, y eso no me lo quita nadie.

Foto-Alvaro-VelezBAJA

Truchafrita desatado.

 

MARTILLAR-DIBUJAR

– ¿Es posible definir un camino, una línea común en tu trabajo más allá del humor?

– La gente no se ríe con lo que hago. Yo sí me río mucho. Me gusta mucho lo que hago. Poner esos muñecos a funcionar en un bosque, en una calle, a que hablen “maricadas”, estupideces, boludeces, es para mí un goce completo. Vos sabés que “el mundo” trata de definirnos un camino para hacer lo que nos gusta, pero eso muchas veces no nos gusta de verdad. A mí la mayoría de las veces me importa un culo cuál es el camino a seguir, aunque me siento muy mal cuando alguien me dice que lo que hice es una mierda cuando a mí me pareció una genialidad. Así es la vida… y es muy cortica, la vida. Aunque sí me importa mucho cuando me dicen que lo que hago es una mierda. Estoy desvariando, pero yo a veces soy así, perdón. Bueno, pero me pongo serio y te cuento que me gusta mucho el absurdo, el sinsentido, la  ironía, el sarcasmo, la denuncia, social y política, últimamente dibujado con “funny animals”, y me gusta que todo eso vaya con algo de humor aunque mucha gente no se ría y le parezca una estupidez.

– La mayor parte de tus trabajos los has publicado en fanzines ¿Es la auto-gestión, la independencia editorial un camino posible?

– Todo lo que he publicado es sacado de mi bolsillo. Me parece una maravilla, y me da envidia, cuando me entero de que a algún colega alguien más le pública. Seguro no soy tan bueno para que alguien más se interese en ganar un dinero extra con lo que yo hago. De hecho estoy mamado de tener que dibujar, editar y distribuir mi propio trabajo, pero no hay nada más que hacer, en mi caso. Claro que sí es posible la auto-gestión. Si lo pensás como una pulsión: no podés dejar de hacerlo: martillar, martillar, martillar. Léase: dibujar, dibujar… etc., en algún momento alguien mira eso. Yo no soy muy bueno, sólo martillo eternamente.

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EL CÓMIC SUDACA

– ¿Sientes que está pasando algo con el cómic sudaca?

– No hay lectores, ese es el punto: no hay lectores. Son tantos puntos para cubrir, pero sobre todo en Latinoamérica la gente no lee cómics. De hecho no leen ni mierda. Es comprensible: la gran mayoría de la gente en América Latina vive en condiciones de sobrevivencia, entonces les vamos a poner a leer con el estómago vacío. Aquí lo que falta son lectores, pero si me pongo más específico necesitamos cuatro condiciones para que una cosa como el cómic o la historieta funcione en Latinoamérica, o en cualquier parte: Dibujantes de oficio, que dibujen todos los putos días, por convicción o porque se les paga. Como un obrero va a una fabrica todos los días a trabajar. Tenemos un  circulito de “artistas” dibujantes, al cual pertenezco, que se les paga por hacer trabajos esporádicos. A la mierda los “artistas” del cómic. Es decir, tienen que existir, pero detrás de esos que hacen de un trazo una “obra” tiene que haber un montón que dibujen por jornal, como oficio. Necesitamos gente dispuesta a dibujar hasta morir. Editores y distribuidores: Es una mierda que los que dibujan tengan que terminar armando sus propias publicaciones. Ya no hay tiempo para dibujar todo el puto día, teniendo esta vaina como oficio, y encima tener que diseñar y armar libros y revistas que nadie quiere, o puede, comprar. ¿Dónde pongo mis revistas?: El fanzine que hice con tanta dedicación no tiene un lugar. Somos un montón de dibujantes con un cuarto lleno de revistas y fanzines que sabemos que quieren comprar (o de pronto nadie quiere comprar eso… Pero que por lo menos se puedan exhibir un ratico en una librería). Hay gente que quiere ver lo que hacemos. ¿Dónde están los libreros que saben cómic?: Ni siquiera hay libreros que saben de libros… Críticos: Por lo menos reseñistas, que son el puente entre los que dibujan y los que leen. En Colombia creo que hay tres o cuatro reseñistas juiciosos, sin llamarlos críticos de cómics, uno de esos soy yo… Yo soy reseñista, qué aburrición. Si los dibujantes no tienen, y quizás no tendrán, un pago fijo durante muchos años, mucho menos un crítico de cómic. Ya de por sí es un chiste ser dibujante de historietas … ahora ser un crítico…

Timmy y Mitty-Libertad copia 2

 

– ¿Qué autores o autoras colombianos puedes sugerirnos para hacernos una idea del panorama en tu país?

– Es imposible nombrarlos a todos, por eso me disculpo de antemano. Joni b, En Medellín, que me parece que es un dibujante muy valioso, está joven y apenas está empezando a mostrar todo su potencial. Juan Pablo Marín, en Bogotá, que me gustaría que dibujara más porque es una cosa de locos, cada raya que dibuja lo deja a uno con la boca abierta. Wil, en Medellín, que también me gustaría que dibujara más pero cuando lo hace con juicio es muy bueno. Powerpaola, que ahora está en Argentina, que es sin ánimo de ofender, y ella misma lo sabe, acabada de llegar al mundo de la historieta pero que llegó con todo y la está rompiendo en toda Latinoamérica, y seguro pronto en el mundo; Marco Noreña, en Medellín, que es más bien un minimalista en esto de los cómics y está dedicado de lleno, junto con jóvenes dibujantes, sus pupilos, a producir fanzines a lo loco, tiene unas cosas muy buenas. Diego Guerra, en Bogotá, que se ha dedicado más, en estos últimos años, a producir su propio largometraje animado pero que ahora que ya lo terminó parece que ha vuelto a la arena. Andrezzinho, en Bogota, que dibuja cosas muy buenas. Luto, en Cali, que es para mí lo que llamarían el secreto mejor guardado del cómic colombiano, he visto unos trabajos de él que me han dejado atónito, lo bueno es que está muy jovencito así que tendrá cosas aún más increíbles en algunos años. Junto con Luto han ido descollando dibujantes jóvenes que están mostrando ya muy buenos trabajos, como: Mariana Gil, Jim Pluk, MRZ, Felipe Camargo, la gente del Fanzine Fausto… Y aquí, obviamente, me disculpo con los que olvidé nombrar pero lo cierto es que hay buenos dibujantes, de variados trazos e historias y, lo que es mejor, hay gente joven dispuesta a dibujar hasta morir.

– Ya lo dijiste antes, pero te lo pregunto de nuevo  ¿Cuál es el principal escollo para la historieta latinoamericana?

– Todo es un puto escollo, si querés hacer historietas es lo de siempre: Ver, leer, dibujar, editar, imprimir, distribuir, perder un montón de plata y volver a empezar. Pero si somos más precisos el principal escollo es que la gente no compra un culo… Cagadón, porque es culpa de nosotros mismos, pero yo sigo dibujando, yo sigo.

Más información sobre Truchafrita en:
http://www.truchafrita.net
http://robotcomics.blogspot.com/

 

 

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