LUCAS NINE: “Abordo la historieta de una manera esquizofrénica»

Les ofrecemos una  nueva entrevista exclusiva que nuestra amiga y colaboradora europea, Claire Latxague nos envía una vez más desde Francia, especialmente para los lectores de Ergocomics.

Esta vez se trata de una conversación que Claire realizó en Buenos Aires al ilustrador, historietista y animador argentino Lucas Nine. La impronta del expresivo dibujo de Lucas le ha permitido publicar tanto en su propio país como en Europa obras como Dingo Romero y Thé de noix.

Latxague y Nine hablan del under y la historieta argentina, de la irrupción de la nueva revista Fierro y la nueva camada de autores argentinos que están cambiando el rostro a la historieta trasandina.

 

POR CLAIRE LATXAGUE

-¿Te parecía evidente ser dibujante vos también cuando eras niño al ver a tu padre dibujar?

– Sí, tener a mi padre dibujando como referencia es una cosa ineludible. Lo tenés ahí y no podés evitar ver la actividad casi mágica de alguien que está todo el tiempo sacando cosas nuevas de la galera. Tiene algo de mágico ¿no? Y los chicos son particularmente sensibles a esto – no sólo los hijos de dibujantes – los chicos en general tienen una sensibilidad particular que quizás no tienen los adultos. Ver en ese momento la potencia creadora de una persona inventando algo de la nada puede ser decisivo.

 

Lucas visto por sí mismo.

Y la otra gran influencia, el gran disparador que tengo para dibujar, es que no sólo estaba viendo a mi padre dibujando sino que estaba en contacto con la biblioteca, los libros que lo formaron y a la vez la biblioteca que él había formado, en una relación circular. Una cosa creó a la otra. Como dibujante, he creado a través de esos libros que él reunió y que también me crearon a mí. En esa biblioteca tenía una selección personal de gente que descubrí primero de chico y volví a descubrir de grande. De niño sos tan permeable que ese tipo de estímulos son muy fuertes.

– ¿Te daba consejos tu padre sobre cómo encarar la práctica o la técnica del dibujo?

– No, nunca me dio consejos concretos salvo en algún caso muy puntual donde yo le pregunté cómo resolver alguna cosa técnica. Ahora, su influencia es fortísima. Habría que preguntarse, más bien, en qué momento no me influenció. Para mí, él y el dibujo – en cierta medida y hasta cierta edad – son como dos cosas intercambiables. Él es un poco la representación del dibujo porque es lo primero que vi como manifestación del dibujo. Siempre es difícil ver cuándo empieza mi voluntad de plantearme como dibujante y hasta qué punto estoy condicionado. Me falta la perspectiva para contestar. Y estilísticamente, su influencia también está desde mi entrada al dibujo. Tomo montones de modismos, así como uno toma la manera de hablar del padre, la manera de pararse o de moverse. Después uno entra en el proceso de despegarse, conscientemente. No controlo todos los elementos que me influencian pero puedo decidir de cuáles me despego, qué es lo que dejo, qué es lo que realmente no me interesa. Él es un virtuoso del dibujo y tiene montones de habilidades distintas. Pero algunas no me sirven para hacer lo que me interesa. Por ejemplo, la capacidad que tiene para incorporar texturas de la vida real en las superficies que pinta. Yo soy más gráfico, soy más dibujante que pintor. Tiendo a sintetizar más.

 

– ¿Tenés una formación académica?

– Sí, estudié un magisterio de plástica pero no hice el profesorado, que es lo que sí hicieron mis hermanos Santiago y María – el menor de todos, Tomás, es músico, aunque era muy buen dibujante cuando era chiquito.

– ¿Dónde se publicaron tus primeras historietas?

– Publiqué algunas cosas en la vieja Fierro, a principios de los ‘90. Era una curiosidad porque era muy chico y todavía estaba tratando de buscarle la vuelta, no tenía mucha idea. Entonces me publicaron algo, más que nada porque yo era un fastidioso que iba con mucho material ahí y les rompía las pelotas. Pero la mayor parte de las primeras cosas que hice las publiqué en fanzines. Vengo del ámbito del fanzine de los ’90 y el hecho de difundir artesanalmente lo que uno hacía tenía mucho que ver con el concepto de la obra que se estaba produciendo. Hay historietistas que vienen del mundo de la historieta pura mientras que yo venía del mundo de la revista. El objetivo no era tanto producir una historia con un personaje, sino producir una revista. La idea era repetir los experimentos que hacían los under norteamericanos en los ’60. El diseño, el contenido de la revista, el título, la tapa, todos esos elementos la convierten en algo con vida propia. No importan sólo las historietas que contiene sino todo el objeto. Me interesaba eso, construir un objeto. Así hice Garufa -que significa juerga en lunfardo- con unos amigos.

-También estaban otras revistas, como Lápiz japonés, El tripero…

– Sí, pero Garufa era un proyecto personal, donde me hacía cargo de la edición. En cambio, no integraba el cuerpo editorial de Lápiz japonés. Les entregaba historietas y ellos las publicaban, pero no participaba en su fabricación. Y en El tripero, lo mismo. Era un proyecto de los alumnos de Breccia y yo no fui nunca de ese grupo aunque tenía y tengo muy buena relación con ellos. Les gustaba lo que hacía y me invitaron a participar en varios números. También con la gente de ¡Suélteme! me pasaba algo parecido. Yo abordo la historieta de una manera un poco esquizofrénica. Hay gente muy metódica, que hace siempre lo mismo. Berliac experimenta, pero dentro de cierto marco de estilo. Minaverry también. Van evolucionando técnicamente, aportando pequeñas variaciones,  pero siempre en una dirección. En cambio, a mí me interesa probar con distintos formatos en paralelo y, por ejemplo, las historias cómicas que hacía para ¡Suélteme! no tenían nada que ver con lo que hacía para El tripero. Me permitían hacer experimentos en dos áreas totalmente distintas. Y conservo eso en lo que hago ahora. En la Fierro actual estuve haciendo trabajos en formatos distintos. Siempre tienen el humor como factor común pero estilísticamente me aburre repetir un tipo de grafismo.  Me puse a probar con técnicas y estilos distintos, tratar de divertirme un poco. Hacer un formato de pocas páginas te permite hacer un experimento sin mucho compromiso, que no quedará para una serie de cientos de páginas. Y el fanzine también permitía eso, acercarte a la historieta desde un lugar distinto. No desde adentro, no desde alguno de sus géneros, sino atacarla desde la cáscara, desde la superficie de la revista como objeto.

UNDER – MAINSTREAM

– ¿Qué recuerdas de esa época en el medio independiente?

– Lo que había era un gran desconcierto. Había un florecimiento, un boom del fanzine que coincidió con el final de la industria editorial tradicional. La gente estaba desesperada por eso pero de repente salían cosas inesperadas. Acá no hay, como en Francia, una industria editorial del libro de historieta.  Recién ahora está empezando a existir algo pero es un fenómeno nuevo y muy chiquitito por ahora. Lo que sí había era una industria de la revista pero eso se terminó de destruir a mediados de los ’90. En realidad ahora tampoco se puede decir que Fierro cubra lo que era antes una industria que producía historieta masiva. Hay gente que produce directamente para el mercado europeo y norteamericano. Al mismo tiempo sigue habiendo experimentación y fanzines. También ha aparecido el fenómeno de las novelas gráficas, que también es una manera de retomar un viejo concepto y adornarlo con un moño nuevo, pero que permite que las cosas se sigan moviendo.

-Entonces, hoy en día no estás metido en el under.

– No, no tanto como antes. Porque el under tiene sentido cuando existe un mainstream y aquí, en Argentina, es inexistente. Lo más cercano al mainstream es Fierro, pero tiene mucho de la experimentación del under…Cuando el under es todo el cuerpo de la industria de la historieta, ya no existe como under. En lo que sí se emparenta lo actual con el viejo under que nosotros conocimos es en los mecanismos de distribución personal, tiradas chicas, métodos de impresión más o menos improvisados. Pero no se trata una contestación a nadie porque no hay ya nadie a quien haya que contestarle nada.

– Bueno, pero es gente a la que no publican en Fierro entonces sacan un fanzine.

– Sí, pero mucha de esa gente ha publicado en Fierro. Berliac, por ejemplo. Y Fierro no llega a ser totalmente “mainstream” porque es una revista sola, que tiene una tirada interesante pero no se trata de las tiradas masivas que tenía Columba con cualquiera de sus varias publicaciones. Tiene un tipo de público con una cultura que tiene más que ver con nuestro “under” que con el viejo público consumidor de historietas. Mucha de la gente que consume Fierro es gente que tiene que ver con el lenguaje gráfico. O son historietistas, o son diseñadores gráficos, o gente que se maneja en el medio audiovisual.

-¿En qué has estado trabajando últimamente?

-Aparte de lo que publico en Fierro, estamos trabajando con Lautaro Ortiz en una adaptación, en forma de historieta, de un autor clásico argentino, Horacio Quiroga. Va a ser la primera novela gráfica publicada por la editorial Macmillan. Es un trabajo bastante largo que tendríamos que empezar a cerrar. Lo que pasa es que aquí no hay buenas condiciones para producir historieta, salvo que uno trabaje como humorista para la contratapa de un diario. El humorismo y la tira diaria es casi el único espacio que permite ganarse la vida publicando historieta localmente. Por ejemplo, yo tengo libros que no se vieron en la Argentina sino en Francia, Thé de noix y Dingo Romero. Fue más fácil editarlos allí que aquí.

 Tengo otros proyectos para allá. Francia tiene una gran producción de libros de todo tipo. Aquí el editar libros de historietas está en un estado embrionario y los editores no tienen en la mayor parte de los casos la cabeza para publicar algo cuya venta no esté garantizada. Ahí hay una capacidad de experimentación que acá no hay.

– ¿También te dedicas a ilustración?

– Sí, como trabajo, aunque estos años estuve trabajando bastante con historieta y animación. Pero, como te decía, un historietista que quiera vivir de eso, salvo que haga tiras para los diarios, lo tiene muy complicado. También es el caso de Carlos, tiene montones de libros producidos, pero más que nada es un ilustrador y además le gusta mucho ese formato.

– Me contaste que también tenías un proyecto editorial itinerante. ¿Puedes explicar de qué se trata?

– Es un proyecto que tengo con un amigo que se llama Rodrigo Moreno que también viene de la autoedición, del fanzine y de la plástica. Lo que nos interesa son los mecanismos de la edición y, en particular, de la imprenta. Tiene que ver con la vieja gráfica popular de los libros de cordel brasileños, que son unos librititos chiquititos, muy baratos, que se vendían en las ferias, escritos no por escritores profesionales, ni editados por editores, sino por los mismos autores. O sea: mucho que ver con la mecánica del fanzine, pero sin ningún tipo de pretexto relacionándolo al under norteamericano. Eran relatos con un pequeño cuerpo de texto debajo del dibujo, contando historias populares, leyendas, historias románticas, leyendas de bandidos urbanos, crímenes. Alguna relación había con el periodismo sensacionalista. Nuestra  idea es retomar ese tipo de gráfica popular y trabajar con imprentas más o menos artesanales, como la Minerva.

También nos interesa hacer un experimento con el viejo formato del arte postal, poder enviar por correo esas pequeñas piezas producidas en tamaño reducido. Se trata de hablar de la relación entre las artes gráficas bajas y las altas artes que se exponen en galerías. Reproducir una pieza logrando que siga siendo un original. Reproducir en gran cantidad algo que se supone que debe estar colgado en una pared. Poder mandar esa muestra itinerante por correo también sirve para ridiculizar esa tradición de la galería y del arte colgado en una pared.

-¿Ya han realizado este proyecto?

– Aún no, pero lo vamos a hacer. Lo que pasa es que tenemos una gran diversificación de proyectos. A mí también me interesa el formato audiovisual, la animación. Tengo muchos intereses, que es un problema a la hora de concretar cosas. La animación, la historieta son formas muy demandantes que llevan mucho trabajo físico. Hay que empezar a sistematizar un poco y resolver cuestiones prácticas. Con este proyecto, lo que nos interesa no sólo es el resultado visual y gráfico sino experimentar con el formato mismo. ¿Qué pasa cuando sacás un discurso de su formato habitual, lo travestís, lo pasás a otro formato? También tiene que ver con el contexto en el que se lee una obra. Se trata de reinventar contextos, como hacen los fanzineros. El fanzine se disfraza de revista, algo popular, masivo, distribuido y producido industrialmente, pero no es ninguna de esas cosas.

Es una operación sobre el contexto. Los contextos ordenan el material y le dan un sentido: el arte producido manualmente por un artista que tiene un nombre, una trayectoria y una personalidad  se cuelga en las galerías y el arte producido industrialmente por un ser anónimo, que es e fabricante de imágenes para el consumo popular, tiene otro canal. El under norteamericano subvierte esto al aplicar a este formato, contenidos que tienen que ver con la galería de arte, la visión particular del autor que produce manualmente cada una de estas revistas. Y con eso queremos experimentar también nosotros.

Más información sobre Lucas Nine en:  http://lucasnine.blogspot.com/

y en: http://lucasnine.com.ar/

468 ad

No Responsesto “LUCAS NINE: “Abordo la historieta de una manera esquizofrénica»”

  1. […] con Lucas Nine en Ergocomics. Entretien avec Lucas Nine sur […]

Leave a Reply