1993: La muerte en viñetas

 

POR CARLOS REYES G.

Resumen de los hechos: 21 de octubre de 1993, las noticias nos avisan de que un grupo de cinco militantes del Mapu-Lautaro han matado a un guardia durante un asalto a un banco en Las Condes. Escapan en un taxi que chocan y deben huir en una micro intercomunal 24 C.  El vehiculo es interceptado por la policía, tras herir de muerte a un carabinero, los Lautaristas deponen las armas  que lanzan fuera de la micro. Sin embargo, carabineros dispara sin miramientos matando a 8 personas e hiriendo a 12.

Con este material documental, con este horrible hecho que nos remite a lo peor de la dictadura militar en los albores de la democracia, el “dibujista” Christiano ha publicado recientemente un libro titulado escuetamente como 1993 (editado en la novel colección Política Gráfica de la editorial independiente Calabaza del Diablo)

Tal vez lo llamó solo 1993 en un intento por no adjetivar la muerte, por no querer bautizar la masacre y dejar que las imágenes sin texto del volumen, nos hablasen por sí solas.

Sí, porque el libro es una sucesión de dibujos que narran visual y documentadamente los hechos de aquella mañana. No hay nada en sus páginas que no se pueda saber viendo las noticias de la época, todo está ahí: el robo, la muerte del guardia, la huida, la toma del bus, la persecución, la entrega de las armas, el pañuelo blanco agitado por la ventana, las ciegas ráfagas y los cuerpos tirados en el piso con la característica flaccidez de la carne abandonada por la vida.

Los dibujos en alto contraste de Christiano y la ausencia de textos de apoyo y globos, deja la puerta abierta a la mirada sobre los hechos.

Una narración gráfica dura, sin textos, disectada con la precisión de una autopsia que nos devuelve el peor reflejo del poder. Un agrado para quienes creemos que la historieta es más que aventuras, humor, autobiografía, superhéroes y terror y que creemos fervientemente que es un lenguaje que también puede abordar la historia, la realidad, lo documental con la fuerza de su lenguaje.

1993 abre la puerta hacia una historieta periodístico – documental que ya se ha venido ganando espacios fuera de nuestras fronteras. Un libro que tal vez brillará en Chile por un buen rato como el único de su especie, cosa que de verdad espero que no suceda, pues sería altamente gratificante que otros autoresy autoras se sumen al corro, abordando obras de este calibre con nuevas problemáticas.

Esta búsqueda político-documental ya tiene algunos antecedentes en la obra de Christiano (Humorista gráfico creador de Pato Lliro y El Antipoeta Sanhueza entre otros y que mantiene viva la página de opinión gráfica La Momia Roja), muchos de sus trabajos autobiográficos que se encuentran el red y sus chistes abordan temas similares sin temor alguno. El autor utiliza el nicho del dibujo como una trinchera y sus obras como artillería contra el poder.

El propio Christiano cuenta que estos dibujos los realizó a pedido de un canal de Televisión que iba a bordar el tema de la masacre de Apoquindo y que en lugar de usar imágenes de la violencia real, pensaba que hacerlo en dibujos, a modo de un storyboard, sería mucho menos violento para sus televidentes.

El trabajo se hizo y le fue  pagado al dibujante en su momento, pero ¡oh gloria de la democracía Aylwiniana!, extrañamente el canal decidió a última hora no emitir el programa periodístico. Los dibujos de aquel fallido proyecto durmieron largos años en el taller de Christiano hasta que gracias a la parición de la revista Ronckanblus, el autor y sus compinches realizaron un video con los dibujos, musicalizándolo con la Eugenia, la canción que Álvaro España, vocalista del grupo punk Fiskales Ad Hok, dedicara a su prima que viajaba en la intercomunal 24 de ese aciago día en Apoquindo.

El poeta Jaime Pinos, quien presentó el libro escribió para la ocasión: “1993. La Masacre de Apoquindo. Los primeros años de esta democracia.  Años marcados por la violencia cotidiana y un discurso oficial que procuraba ocultar sus consecuencias sangrientas. Que justificaba, en nombre de la estabilidad democrática, la represión y la impunidad. Aylwin dará inmediatamente su respaldo irrestricto al accionar policial. Onofre Jarpa, como en los viejos buenos tiempos, hablará del precio necesario de una guerra donde los adversarios deben ser derrotados, según sus propias palabras, al costo que sea (…) La Masacre de Apoquindo como metáfora de esos días de fuego. Este libro como un documental gráfico o una novela hecha de imágenes que es testimonio de una época que muchos parecen haber olvidado. Al igual que esos años, este libro está lleno de balazos y de muertos (…) Los dos lautaristas que sobrevivieron a la masacre de Apoquindo recibieron condenas de 61 y 81 años. El único carabinero condenado en la investigación de la fiscalía militar recibió una pena remitida. Ni un solo día de cárcel efectiva. Más allá de este caso, esa impunidad sigue vigente hasta el día de hoy. Es la misma impunidad de los esbirros de la dictadura, los funcionarios del terror organizado, que aún pasean por nuestras calles o van a ver el fútbol los domingos. La impunidad a la que debe resignarse un país que dejó morir al dictador, el peor criminal en serie de su historia, apaciblemente en su cama”.

1993 aborda solo un aspecto tardío de una guerra que nunca tuvo lugar en Chile, esa de la que tanto hablaban (Y asustaban) Pinochet y sus esbirros, una guerra de una sola vía que devino en muerte, tortura y exilio para muchos de nuestros compatriotas, esa misma que muchos, acomodaticiamente, hoy han olvidado tan fácilmente. Amnesia selectiva dicen que se llama.

Me viene a la memoria dos elementos que me conectan tangencialmente con estas muertes: Uno, el hecho de que en el lugar donde yo estudiaba audiovisual hubo una vez un muchacho que creyó hacer la diferencia de un modo distinto al mío, y que ese dia murió baleado por lo que pensaba era justo.

Lo otro, que fue abatido en la misma micro que yo tomaba cada mañana en mi barrio para asistir a clases cada día de 1993.

Yo pude ser él, yo pude ser ellos.

Me es inevitable entender la publicación de este libro a la luz del reciente escándalo del homenaje al dictador Pinochet. Me asombra el hecho de que muchos analistas, periodistas y similares se pregunten con espanto mayúsculo de donde es que procede esa inexplicable furia de muchos chilenos hacia la figura del desaparecido Augusto…

¿Las palabras: “nunca se hizo justicia” no les dicen nada?

Libros como éste se hacen más necesarios cada día. La rabia es enorme y por ello mismo, la memoria, esa frágil amiga del olvido y compañera del futuro,  debe ser recuperada a toda costa.

 

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