Fernando García: El Eternauta es la resistencia

Por Carlos Reyes G.

El argentino Fernando Ariel García es escritor, periodista e investigador de narrativa gráfica desde hace más de veinte años. Es responsable del blog “La Bitácora de Maneco” y coautor del recientemente publicado volumen,“Memorie dell’Eternauta“, editado en Italia por 001 Edizioni.

Su abultado currículum lo señala además como miembro del colectivo La Bañadera del Cómic, fue director de la revista online Sonaste Maneco y colaborador de las publicaciones Dolmen Europa y Tebeosfera (España), Scuola di Fumetto (Italia) y la Revista Latinoamericana de Historietas (Cuba).

Fernando Ariel García en la librería Alastor de Milán, durante la gira presentación de Memorie dell’Eternauta en Italia, mayo de 2011.

Ha prologado numerosos volúmenes de historieta y sus artículos han aparecido en los diarios Perfil y Página 12, las revistas Sudestada, Comic Magazine, La Cosa y Comiqueando, entre otras. En su calidad de reconocida autoridad en el tema y ante la coyuntura de la edición de su estudio sobre la más importante historieta Argentina de todos los tiempos, decidimos saldar esta inexcusable cuenta pendiente y entrevistar in profundis a Fernando García.

LA MEMORIA DEL FUTURO

- Pregunta inevitable, muchas veces contestada tal vez, pero pertinente… ¿Por qué es tan importante El Eternauta de Oesterheld y Solano López? ¿Cuál es el secreto detrás de su mito?

– En la Argentina, El Eternauta es más que una historieta, mucho más que el mejor relato de ciencia-ficción que haya generado el cono sur de América. Hace rato que El Eternauta ha dejado de ser una entidad para convertirse en rasgo de identidad nacional. Icono representativo de las luchas sociales en pos de un mundo más libre, más igualitario, más justo, más lindo de ser vivido. Representa una utopía, por supuesto. Y si es cierto lo que dice Galeano (que creo que lo es), la utopía está en el horizonte y sirve para hacernos avanzar. Por eso resulta tan interesante que la imagen apropiada como bandera por el pueblo sea aquella del Eternauta caminando bajo la nevada. Avanzando hacia. La idea del movimiento perpetuo como estadío de permanente construcción.

No creo que haya mucho secreto detrás de su mito. El Eternauta está visto como una continuidad del compromiso de Oesterheld y Solano López para con sus ideas, en un país donde no sobran las figuras que sean ejemplo de coherencia, que hayan sostenido con el cuerpo aquello que escribieran con las manos.

- ¿Cuál es la gran transgresión de El Eternauta?

– Su transgresión fue la de asumirse universal exhibiendo abiertamente su argentinidad. Postura que hasta ese momento la historieta local no había tomado con tanto énfasis de pretensión realista.

La imagen icónica de El Eternauta en la portada del libro publicado por 001 Edizioni.

- ¿Qué tiene que decir esta obra, realizada en 1957, al público de 2011?

– El leitmotiv de El Eternauta es la resistencia. Oesterheld y Solano López sostienen que hay peleas que deben darse aún sabiendo que van a perderse, porque en el dar la lucha está el valor de la vida, la razón de ser del hombre, la verdadera naturaleza de la condición humana. En momentos así, no importa tanto si se gana o si se pierde, si se avanza o si se retrocede. En esa capacidad de resistir, en esa voluntad de continuar aguantando aunque todo nos indique lo fútil del esfuerzo, se encuentra el domicilio último de la dignidad. Y esa dignidad no se renuncia ni se negocia.

- ¿Crees que el ejercicio de su realización es una obra premonitoria?

– Solemos decir eso porque El Eternauta original hoy es leído como una metáfora crítica de la última dictadura militar. Y si la historieta se publicó entre 1957 y 1959; y la dictadura fue de 1976 a 1983, estaría claro que Oesterheld y Solano López hicieron memoria a futuro, se anticiparon a los acontecimientos, vieron lo que iba a venir. Que por otra parte, es cierto. Tuvieron la claridad mental para imaginar qué tipo de relación iba a instalarse en la Argentina (y en todo el mundo capitalista de mercado, me animaría a decir) entre las clases dominantes y los trabajadores, cuáles serían las lógicas salvajes de acumulación y distribución; y supieron trasladarlo al terreno de la ficción, sin caer en el explícito terreno discursivo. Que los invasores tengan su base en el Congreso, el lugar donde (supuestamente, al menos) deben sentarse los representantes del pueblo, habla de una lógica de cooptación que terminará transformándose en una matriz sistemática de ejercicio del poder. En eso sí creo que fueron premonitorios.

El Eternauta en las calles argentinas. Aquí, en un mural pintado por organizaciones sociales para homenajear a Darío Santillán, militante de izquierda asesinado por la Policía.

 

En lo que hace puntualmente a las lecturas metafóricas de la dictadura, me parece que fue la Historia con mayúsculas la que terminó resignificando grandes partes simbólicas y discursivas de El Eternauta, más allá de la intención original de los autores. Sabiendo lo que pasó durante los años de la última dictadura militar, ya no pueden leerse de la misma manera algunas secuencias de la historieta. El paso del ejército de la resistencia frente a la ESMA (icónico centro clandestino de detención hoy transformado en un espacio de y para la memoria), por ejemplo, funcionó en su momento como un dato de color que servía para ubicar la acción en lugares puntuales de la Ciudad de Buenos Aires, brindándole mayor sensación de verosimilitud al relato. Otro ejemplo puede ser la glándula del terror que los Ellos le injertaron quirúrgicamente a los Manos, que hoy funciona como perfecta metáfora de la implementación del terror como herramienta de control social por parte del poder dictatorial; o la falsa zona de seguridad que al final se revela como una trampa más en la estrategia de dominación de los invasores, que no es otra cosa que un paralelismo con las “zonas liberadas” que los organismos de seguridad creaban para que los grupos de tareas pudieran secuestrar con total impunidad a los militantes de izquierda.

LA METÁFORA DE LA INVASIÓN

- ¿Cuáles, según tú, serían las marcas de estilo, los motivos recurrentes tanto de Solano López como de Oesterheld presentes en esta obra en conjunto?

– Hay varias. La idea de la Aventura como momento crítico en el cual los hombres deben tomar decisiones personales trascendentales en lo ético y en lo moral, o sea el momento de enfrentarse a sus propias convicciones y ponerlas (ponerse) a prueba. La asunción del espacio geográfico argentino (tanto físico como simbólico) como terreno valido para la narrativa épica. La irrupción de lo fantástico sobre lo cotidiano; y las repercusiones que ello conlleva para la gente común y corriente. Pero hay dos que me parecen las más relevantes: La metáfora de la invasión y la figura del héroe colectivo.

 

Una de las páginas más famosas del cómic original: La base invasora en el Congreso de la Nación.

 

Antes y después de El Eternauta, Oesterheld (a veces con Solano López y otras no) trabajó la figura de la invasión como metáfora. Lo hizo con Rolo, el marciano adoptivo (verdadero laboratorio de prueba para lo que después será El Eternauta I), Marcianeros, las dos versiones de La guerra de los Antartes, la colección de figuritas Platos voladores al ataque! y alguna otra que, seguro, se me escapa en este momento. En todas ellas, la invasión funciona como metáfora de cualquier tipo de injerencia sobre la soberanía de una nación; y de la opresión, persecución y exterminio de sus ciudadanos. De ahí la vigencia del mensaje del Eternauta. Los invasores son los militares dictatoriales, pero también lo son las finanzas internacionales, o la Casa Blanca planeando y financiando golpes de estado en América Latina, o los marines garantizándole a las corporaciones petroleras la expoliación de Afganistán, o el ejército del Duce entrando triunfante en Roma, como me contaron hace poco en Italia. En cualquier lugar del mundo, en cualquier época de la historia, en donde alguien intente imponerse al otro mediante el ejercicio unidireccional de la fuerza, El Eternauta cobra significado.

Los invasores se hacen presentes en la Casa Rosada. Momento clave en la segunda versión de La Guerra de los Antartes, de Oesterheld y Gustavo Trigo, publicada por el diario montonero Noticias.

Por otra parte, la figura del héroe colectivo  (sobre todo en El Eternauta I, porque en la segunda parte este concepto viene reemplazado por el de la verticalidad militante y la sumisión irrestricta a la causa), hay que entenderla como la construcción horizontal en donde el liderazgo se ejerce de manera rotativa y aleatoria, de acuerdo con las capacidades propias y/o adquiridas de cada integrante del grupo, siempre teniendo en cuenta la tipología específica de la instancia a la cual se ven enfrentados.

- Se ha hablado mucho del Eternauta desde la sociología, desde la política, desde el fenómeno colectivo ¿Qué puede decirse de él desde la historieta misma?

– Que es una gran historieta. Ni más ni menos. Que aún escindida de toda su rica complejidad (si algo así fuera posible y tuviera algún sentido), el corazón neurálgico de El Eternauta sigue siendo una aventura apasionante. Su lectura es, siempre, tiempo bien invertido.

Rolo, el marciano adoptivo, primer intento de HGO y Solano López por retratar las vicisitudes de una invasión alienígena sobre la Ciudad de Buenos Aires.

 

EL OTRO ETERNAUTA

- Oesterheld repite El Eternauta con dibujos de Alberto Breccia. ¿Qué lo lleva a realizar este gesto?

– El pedido de la revista Gente, un semanario de actualidad bastante frívolo, que en esa época (1969) le prestaba un poco más de atención a la historieta y el humor gráfico, al punto de hacerlos formar parte de sus contenidos fijos. El Eternauta ya era una historieta conocida y reconocida y, desde ese punto de vista, su inclusión en la revista servía también para prestigiar la publicación. El problema más grande radicó en que el Oesterheld de esos años ya no era el mismo Oesterheld de los ’50. Si bien ideológicamente era el mismo, sus posiciones políticas ya empezaban a tomar el cariz político partidario que terminaría radicalizando en poco tiempo. Esto quiere decir que, para HGO, el enemigo a vencer ya no era sólo un sistema de dominación, sino los hombres y las estructuras que favorecían su instalación a perpetuidad. Es, claramente, la injerencia estadounidense en América Latina; y los órganos de difusión distribuidos continentalmente. La revista Gente era, al menos, funcional a todo aquello que El Eternauta buscaba erradicar. Y la tensión entre los contenidos de la historieta y la línea editorial del semanario terminó haciendo eclosión. De ahí que la editorial decidiera levantar la publicación de la historieta; y Oesterheld propusiera apurar el final en un par de entregas, por respeto al lector.

- ¿Por qué que finalmente no resulta como ambos esperaban?

– No sé si estoy tan de acuerdo con esa idea de que esta remake de El Eternauta no resultó como esperaban los autores. Es más, creo que resultó tal cual ellos se lo propusieron, por lo menos a nivel artístico y comunicacional. Obviamente, Gente no era el lugar idóneo para publicarla, porque (más tarde o más temprano) iba a pasar lo que pasó. Pero, ¿quién sabe?, tal vez, en su fuero más íntimo, Oesterheld y Alberto Breccia querían dar esa batalla justamente porque sabían que iban a perderla, convencidos de que la victoria estaba en la resistencia.

Después de todo, el leitmotiv de El Eternauta es la resistencia; y este Eternauta resistió todo lo que pudo, instalado en el seno de quién representaba claramente los valores de sus enemigos.

 

El discurso de Favalli radicaliza la posición de Oesterheld frente a la injerencia norteamericana en América Latina. Página de Alberto Breccia para la remake de El Eternauta publicada por el semanario Gente.

 

-Según tu investigación, ¿qué lleva a Oesterheld a extremar su compromiso político?

– El hecho puntual parecería ser la militancia activa en Montoneros de sus cuatro hijas. Pero no me parece correcto el pensar que la radicalización político-militante de HGO se deba a una sola causa. Es, más bien, el resultado de un proceso ideológico que, al igual que a otros intelectuales de la época (Rodolfo Walsh, sin ir más lejos), fue llevando a HGO del antiperonismo a la izquierda peronista. La obra de Oesterheld siempre fue profundamente política, si entendemos a la política como un compromiso humanista con las causas justas. Los relatos de HGO dejaban entrever sus posturas frente a cualquier tipo de atropello, su opción tomada en pro del bienestar común, de los ideales de igualdad, de justicia social, de solidaridad, por la construcción horizontal de una sociedad más inclusiva y respetuosa de las diferencias.

Con el paso del tiempo, su cosmovisión política de los hombres y las cosas se fue ciñendo a la cosmovisión política específica del peronismo revolucionario. Del antiperonismo pasó a apoyar al desarrollismo frondicista, que terminó desencantándolo con algunas de sus políticas públicas dedicadas a la metalmecánica y la industria petrolífera. La revolución cubana parecería haberlo marcado bastante, la figura del Che Guevara (a quién biografiaría historietísticamente con los dibujos de Alberto Breccia y Enrique Breccia) y el mayo francés, también. En los ’60, parecía que un mundo mejor no sólo era posible, sino que estaba cercano. Siendo un hombre de una sensibilidad especial (que seguramente lo era), HGO debe haberse sentido movilizado por la participación política de la juventud, por su compromiso con las ideas de cambio. Y, en ese sentido, la militancia de sus hijas debe haber sido decisiva a la hora de dar el paso que va del pensamiento a la práctica, de la política a la militancia política activa. Y a medida que los discursos y las acciones subversivas de Montoneros se fueron radicalizando, Oesterheld también radicalizó su accionar y su escritura.

- Parece casi surreal esta imagen del guionista escondido, perseguido por la dictadura, pero que no deja de escribir guiones de historieta desde la clandestinidad…

– Y sin embargo fue muy real. Oesterheld, como el periodista y escritor Rodolfo Walsh, como el poeta Paco Urondo, como el cineasta Raymundo Gleyzer (todos ellos cuadros montoneros secuestrados, torturados, desaparecidos y asesinados por la dictadura), entendían que la vida personal y la profesional eran una herramienta de concientización política. Y por ello seguían haciendo su obra-acto militante sin importar la condición que estuvieran atravesando. Eso también era entendido como compromiso militante.

 

EL LEGADO DE OESTERHELD

- ¿Cuánto tiempo les llevó esta investigación sobre El Eternauta y que nuevos aspectos aborda este libro?

– La investigación en sí nos habrá llevado cerca de cinco años. El periodo de escritura orgánica del libro algo así como un año (entre el 2002 y el 2003); y lo corregimos y ampliamos en 2004, 2005 y 2008. Lo novedoso del libro (quiero creer) es que enfoca la figura del Eternauta desde todos los puntos de vista, porque en realidad se propone como una radiografía de la historia argentina de los últimos sesenta años (más o menos) vista a través del prisma del Eternauta. O los Eternautas, porque hubo muchos Eternautas, firmados por Oesterheld y Solano López (juntos o por separado) y no.

Portada de la actual edición corregida de Che. Vida de Ernesto Che Guevara, por Oesterheld, Alberto Breccia y Enrique Breccia.

- ¿Hay algún énfasis especial en el estudio ?

– Por supuesto, la figura del Eternauta es la punta del iceberg de la metáfora de la invasión que Oesterheld abordó a lo largo de toda su carrera, razón por la cual en el libro también contextualizamos a Rolo, el marciano adoptivo, l as dos versiones de La guerra de los Antartes, las biografías de Che y Evita; y algunos otros trabajos de HGO para Editorial Columba y Record. Y el énfasis está puesto en el camino de construcción de sentido colectivo que atraviesa y relaciona al Eternauta con la sociedad argentina. La búsqueda de esa identidad representativa que lo transformó en icono de las luchas sociales.

- ¿Se percibe la influencia de El Eternauta en la nueva historieta argentina?

- Sí, por supuesto. Personalmente, creo que es una influencia inevitable, se la busque de manera adrede o no. Pero al hablar de influencia no hablamos tanto del enmascaramiento bajo otros nombres de los mismos personajes, los mismos resortes dramáticos, la construcción de climas y/o la ut ilización de escenarios locales. Lo que ha quedado en el adn de la nueva historieta argentina (o la historieta argentina a secas) es la identificación con la mirada oesterheldiana sobre las personas y las cosas. Esa mirada principalmente humanista, por el respeto a toda forma de vida pero, sobre todo, por tomar al ser humano como medida de todas las historias, de todos los acontecimientos. Invasiones como las que cuenta El Eternauta se contaron siempre, por lo menos desde que a H.G. Welles se le ocurrió hacernos invadir por Marte. En El Eternauta (y en Oesterheld todo) no importa tanto qué se cuenta, sino cómo y, sobre todo, desde dónde. La argentinidad de El Eternauta viene dada por el privilegio de esa mirada, por la capacidad de ver lo universal desde lo que nos es propio.  Carlos Trillo es el ejemplo más claro de esta escuela de autores que se formaron leyendo a Oesterheld. Y D iego Agrimbau es el ejemplo más claro de esta escuela de autores que se formaron leyendo a los autores que se formaron leyendo a Oesterheld.

- El valor del trabajo de Oesterheld es que atrapa tanto a un lector infanto juvenil como a un lector maduro. ¿Hemos descuidado hoy ese espectro de lectores?

- Sí. Absolutamente. Apelando a lo que tengo más a mano, que es mi experiencia personal, me parece fundamental la educación en el arte de leer historietas (y de leer, a secas). Y esa educación debe nacer lo más temprano posible. Cuando yo era chico, existían muchas (muchas) opciones historietísticas para la edad. Uno iba acompañando su desarrollo intelectual con distintos tipos de lecturas. Mi historia de lector de historietas puede (¿debe?) leerse como un proceso. Comenzó con revistas infantiles como Billiken, Hijitus, Patoruzito y las ediciones mexicanas de Editorial Novaro (principalmente Supermán, Batman y Fantomas) y alguna que otra revista de Zig Zag que vaya uno a saber cómo había cruzado la cordillera (Dr. Mortis, sobre todo, pero también Mizomba y El Jinete Enmascarado). De ahí salté a los títulos de Columba (El Tony, Fantasía, D’artagnan) y después a las revistas de Ediciones Record (Skorpio, Tit-Bits). Así llegué, preparado y ejercitado, a la que fue mi Edad Dorada, los años ’80, con la llegada de las españolas Cairo, Cimoc, Zona 84; y el abrazo generacional con las publicaciones específicas que me son más queridas: SuperHumor y Fierro.

Resiste. El leitmotiv de El Eternauta en un stencil callejero visto en Buenos Aires con motivo de la presencia en la Argentina del por entonces presidente de los EE.UU., George W. Bush, en 2005.

- ¿Ha alcanzado la historieta latinoamericana un buen momento estos últimos años? ¿Qué hace falta?

– Me parece que la calidad de las obras, con sus más y con sus menos, siempre estuvo. América Latina tiene una historia muy rica en lo que hace a la historieta de cada uno de sus pueblos; y no vamos a inventar la rueda ahora hablando de la historieta latinoamericana. Sí creo que lo que se ha modificado; y sustancialmente y para mejor, es el nivel de visibilización de autores y creaciones latinoamericanas. Y creo que, en ese sentido, internet ha representado la gran herramienta de comunicación. Por la capacidad de difusión que ha demostrado; y por su intrínseca naturaleza en red, que favoreció el encuentro entre autores y lectores a través de las mediaciones periodísticas de la comunidad blogera.

Si este es el camino, me parece que faltan mayores niveles de profundización en el intercambio, más apuestas supranacionales (como el caso de Etnica, por ejemplo), mayores presencias regionales en los respectivos festivales. Y tiempo para que todo lo hecho se vaya consolidando, claro.

- ¿El narrador gráfico argentino ha salido del ghetto, ha dejado de ser un autor menor?

– Creo que, con los artistas, pasa lo mismo que con las historietas: Coexisten dos realidades bastante disímiles. Por un lado, tenemos a gente como Quino, Fontanarrosa, Maitena, Liniers, Nik, Rep, Oesterheld y Solano López, que son ampliamente conocidos por el público general. Son consumidos como autores, no como historietistas. Ante los ojos del lector general son autores de libros o de tiras que se publican en los diarios, como pueden ser los casos de Langer, Carlos Trillo, Tute, Gustavo Sala, que, cada uno en su medida, han llegado a ser conocidos y reconocidos por la calidad de sus obras. Son todos autores que han dejado el ghetto hace rato, que gozan del reconocimiento crítico y de una importante presencia mediática, pero muchas de las personas que los leen continúan sin reconocerse lectores de historietas. Y, probablemente, no lean ni compren otras revistas y/o libros de historietas.

Alcatena, por otro lado, es un autor impresionante, en todo sentido. Y no es conocido por el público mayoritario. Como él, como salvador Sanz, como Calvi, hay un enorme pelotón de creadores que sólo existen para quienes forman parte del ghetto. Les sobra talento, capacidad y volumen de obra para dar el salto, pero (por cuestiones del mercado y por otras cuestiones, supongo) no lo han podido dar. Todavía. El problema, creo, viene dado por una cuestión principal de percepción. A diferencia de Francia y Japón; y en menor medida España e Italia, en la Argentina las historietas siguen siendo vistas como productos de evasión exclusivamente infantojuvenil, como un lenguaje específico (que también lo es) y no como un medio de comunicación. Habrá que ver qué pasa con la apuesta mercadotécnica hacia las “novelas gráficas”, intento de reposicionar culturalmente a la historieta apelando a recursos lingüísticos que permitan no llamar a las cosas por su nombre. El experimento parece haber funcionado bastante bien en otras latitudes. Aquí en la Argentina está dando sus primeros pasos serios, pero falta mucho por hacer. Principalmente en las librerías, donde hay poco conocimiento del material por parte de los vendedores y los criterios de selección y exhibición distan bastante de lo ideal.

Una cita con el futuro. Así se promocionaba a El Eternauta durante su serialización en Hora Cero semanal, entre 1957 y 1959. ¿Autoconciencia de las cargas premonitorias del cómic?

- Fernando… ¿Por qué amas a El Eternauta como para dedicarle tantos artículos, estudios y años de trabajo?

– Lo que más me atrae de El Eternauta es la multiplicidad de significantes y significados que se entrecruzan en su seno. Más allá de la historieta puntual, El Eternauta ha devenido (al menos para los argentinos) un símbolo identitario. Tratar de entenderlo es, entonces, tratar de entendernos un poco más como sociedad, de desentrañar las tensiones inherentes que nos pueblan. En ese sentido, las posibilidades de interpretación y lectura que nos legaron Oesterheld y Solano López son muchísimas. Creo que El Eternauta, Mafalda y Patoruzú son los tres grandes iconos que el noveno arte legó a la Cultura argentina. Y escuchar qué es lo que tienen para decirnos es un ejercicio apasionante.

- ¿Qué te impactó tanto cuando lo leíste por primera vez?

– Por una cuestión de edad (tengo 45 años) no leí El Eternauta en su aparición original, seriada, entre 1957 y 1959. Lo conocí en 1976-77, cuando Ediciones Record lo republicó en formato de doce fascículos coleccionables, coloreados, justo antes de estrenar El Eternauta segunda parte en las páginas de Skorpio. Ese camino posibilitó que, al llegar el momento de tener una Skorpio en la mano, estuviera preparado para asimilar la experiencia de leer El Eternauta. O sea, descubrir que todo podía ser distinto a lo que había leído hasta ese entonces. Que la Aventura podía transcurrir en mi país, en mi ciudad, en mi barrio, en mi cuadra. Que el héroe verdadero no nace, se hace al lado de sus congéneres, sobre todo si asume sus reales capacidades y limitaciones. Que la vida no es una circunstancia, sino una cadena de elecciones que debemos ir tomando. Siempre digo que la lectura de las historietas de Ferro (1)  me ayudaron a ser mejor persona. El Eternauta de Oesterheld y Solano López, también. Mucho, tal vez más de lo que yo mismo imagino.

 

NOTA:
(1) Se refiere a Eduardo Ferro,  historietista argentino  creador de Langostino, Chapaleo y Chicle Bang, entre otros personajes.

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One Responseto “Fernando García: El Eternauta es la resistencia”

  1. gisela dice:

    hola no se si sos el garcia que busco, yo soy prima de raul ferrari, si lo conoces porfavor comunicate con mi mail
    saludos

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