MANDRAFINA: “La narrativa es fundamental”

POR CARLOS REYES G.

Cuando tienes al frente a un hombre agradable, de hablar templado y cadencioso. Cuando ese hombre es además un dibujante de un talento notable, aún cuando su modestia trate inútilmente de hacerte creer lo contrario. Cuando tienes además la oportunidad de verlo trabajar y departir con sus pares, tanto con los famosos y consagrados como con los noveles y desconocidos y comprobar que se relaciona con el mismo respeto y profesionalismo con todos ellos (pese a que para muchos este hombre sea una leyenda viva, un referente insoslayable o un hito fundamental) es que entonces estás frente a un maestro de tomo y lomo. Es lo que sentí cuando tuve el placer de departir con el dibujante argentino Domingo Cacho Mandrafina y sentarme a charlar relajada y profundamente con él. Pocas veces el talento de un autor ha sido tan proporcional a su sinceridad y calidez. Dueño de una obra historietística clara y contundente Mandrafina es, junto a compatriotas suyos de la talla de Carlos Trillo, los Breccia, Juan Giménez y Horacio Altuna entre otros, uno de los grandes autores de la historieta latinoamericana que han marcado a más de una generación con sus obras.

Nos sentamos apartándonos un poco del ruido e iniciamos una conversación que ya habíamos agendado un día antes y que por fin ahora, estaba a punto de comenzar.

Ergocomics: ¿Cómo nace tú interés por la historieta?

Cacho Mandrafina: De eso no tengo memoria porque en realidad surge sola. Yo fui dibujando prácticamente desde que pude agarrar un lápiz y después con el devenir del tiempo, estos garabatos sucesivos, según la edad fueron mejorando a partir de las publicaciones que veía, se pensó la idea de que yo también podía integrarme a eso que estaba viendo y que tanto me entretenía y entretenía. Un pasaje casi indefinido entre ese impulso natural de cualquier chico que dibuja. Estamos hablando del año 1950.

E: Fuiste discípulo de Breccia?

C. M.: Sí. Bueno, el tema fue así. Yo siempre tuve esas ganas que fueron desarrollándose en mí en ese período adolescente, pero no me tomaba del todo en serio. Parecía que la historieta no era un medio potable de vida y parecía que era algo que podía terminarse en cualquier momento. Se asomaban ya algunas crisis editoriales. Una cosa era la intención mía y otra era la devolución que me hacía el medio que me rodeaba. Entonces el camino me fue llevando por otro lado. Después de la secundaria, la universidad, trabajo en otras disciplinas que no tienen nada que ver. Yo trabajé en estudios contables? después de eso, un día me dí cuenta que eso tampoco podía ser un medio de vida para mí porque no me interesaba, no me gustaba y decidí, ya con otra actitud, acercarme a la historieta. Me inscribí en los cursos de Breccia que en ese momento había abierto, con otro grupo de maestros de la vieja escuela panamericana de arte, un instituto que se llamó IDA y se daban concursos de dibujo, publicidad, ilustración y, recién empezaba, en ese momento, un curso de historietas. Yo empecé el curso de dibujo y traté de perfeccionar ya más escolásticamente todo ese bagaje que traía de espontáneo y de autodidacta y al año siguiente, después de terminar este curso de dibujo, de anatomía y todas esas cuestiones, me inscribí en el curso de historieta que estaba dando Breccia.

E: ¿Era exigente?

C. M.: Muy exigente. Yo estuve un año y medio, que fue lo que duró el curso, después hubo otra crisis interna y tampoco siguió adelante y se terminó mi etapa de discípulo y no tuve más remedio que, con el bagaje que había armado ahí, intentar trabajar. Cosa que también se te va dando también naturalmente porque a medida que te acercás a los medios y empiezan a acercarse también otros profesionales que están trabajando en ese momento, buscando ayudantes. Empiezan los contactos y es más probable el ingreso a la profesión.

E: Te formaste en la relación maestro-discípulo que hoy no es tan habitual, por lo menos en mi país.

C. M.: Bueno, allá en Buenos Aires hay escuelas de historieta con buenos maestros.

E: Antes un dibujante famoso tomaba a su cargo a un par de muchachos que lo ayudaban en su trabajo?

 

C. M.: Eso casi está emparentado con la estructura de la edad media con el maestro y su taller. Eso desapareció. Esto era una cosa más formal tipo academia, estamos hablando además del año 68, 70. Yo con él no colaboré nunca, simplemente fui uno más de los discípulos de él en el sentido de participar de la clase.

E: ¿Cuál fue tu primer trabajo importante?

C. M.: Nacieron casi juntos. “Savarese” en la editorial Columba” y “Condenado” en la editorial Récord. El primero con guión de Robin Wood y el otro con guión de Saccomano. Creo que esos fueron los primeros trabajos en que se podía vislumbrar algo de lo que podría llamarse después, todavía no estaba de moda el asunto, trabajo de autor. La historieta donde uno podía incorporar más cosas propias y se diluía un poco más la presencia del editor como patrón de estancia que determinaba todas las cosas. En este caso uno ya había logrado ocupar algún sitio, se valoraba el trabajo y bueno, cabía la posibilidad de hacer un personaje nuevo que implicaba una proyección profesional diferente.

E: Ambas revistas que mencionaste son ya parte de la mitología de la historieta argentina y latinoamericana. A partir de ellas muchos lectores se convirtieron en grandes autores.

C. M.: Fue una coyuntura de la historieta incluso mundial. Hubo más intercambio con el mercado europeo de ese momento con mayor potencial económico desde el punto de vista editorial, lógicamente atraía a los demás. Yo hubiera preferido que siguiera con más fecundidad en mi país ¿no? La verdad es que eso se fue diluyendo, perdió potencia, perdió gente porque a medida en que se empezaron a ir? Fue todo una cosa medio caótica. Empezó a irse la gente a estar mas en contacto con Europa y empezó a perder presencia en las revistas, al mismo tiempo tampoco había mucho movimiento alrededor de la historieta, tampoco había tanto respecto de las escuelas de historieta y entonces eso generó una especie de bache. Pero igual la gente se fue incorporando porque lo mismo que estamos viendo acá, a pesar de que no es una etapa floreciente de la historieta, hay un enorme movimiento y un enorme entusiasmo espontáneo en la gente. Se parece por ahí a esa etapa que tenía yo preadolescente en que seguía insistiendo con mis dibujos cuando todavía uno no tiene delineada la vida profesional a futuro, pensando que quizás la historieta podía ser un camino. Acá lo que yo veo es eso. Con insistencia y con presencia.

“TRABAJO INDIVIDUAL, DESTINO COLECTIVO”

E: ¿Había en la época de estas revistas la conciencia de estar haciendo algo más que un trabajo, algo más artístico, algo más de autor?

C. M.: Yo lo viví siempre de esa manera. Lo otro, respecto del gusto de uno por hacerlo, yo disfrutaba mucho y lo sigo haciendo y de ahí que uno vuelque sus entusiasmos en el trabajo. No es una tarea, por llamarlo así, burocrática, es decir completar una página, entregarla y cobrarla y se acabó. No, no es así, es una relación diferente. Artístico, ya es una palabra un poco más exigente en cuanto a la actividad ¿no? No sé si es tan fácil la cuestión y si depende solamente de la decisión de uno.

E: ¿Qué pasa con los lectores jóvenes que se acercan a ti y te piden firmar revistas antiguas y te dicen lo importante, lo que significó para ellos? hay estudios incluso sobre lo que ustedes hacían.

C. M.: Ahí lo que hace es ponerse en evidencia la paradoja natural de este trabajo. Yo siempre lo viví de esa manera a medida que empecé a entrar en el y hacer de verdad un profesional. Que es esa cuestión de ser un trabajo hecho en forma tan aislada, tan individual y que como destino final tiene una masa posible, gigante. Cuanto más gigante hubiese sido mejor, de gente que uno no termina de conocer. Cuando se le aparece a uno, aparece ese representante individual de esa masa colectiva que lo tiene uno como destino en su trabajo y que no conoce. Por eso es tan importante trabajar en el medio en que uno vive. La verdad es que eso lo sentí mucho como pérdida, pero volviendo un poco a lo que decías vos, la presencia individual del que se acerca y te trae un recuerdo de aquello, concreto, en revistas, en ejemplares publicados que alguien leyó, esa es la persona, a veces es hasta el padre de esa persona, con esa revista ajada. Muchas veces prestada, vuelta a recobrar y demás. Adquirió vida propia y te trae el reflejo de algo concreto. Es decir, eso salió de tu tablero, hizo todo su circuito y apareció en esa casa como en tantas otras. Y esto lo que hace es volverla real. Es un impacto que te cambia mucho, pero es esa sensación: la paradoja de las dos puntas. Un trabajo tan aislado y tan individual y un destino tan colectivo

E: ¿Tenían libertad creativa en aquel tiempo?

C. M.: En algunos aspectos sí, pero? sí, yo creo que sí. Depende? ¿Vos te refieres a la cuestión política o cuestión estilística o estética? Era tan fluida la situación política en la Argentina en tantas etapas en las que yo trabajé, gobierno democrático, crisis, gobierno militar. Desde el punto de vista político, la presión que podía existir, ya sea en una? en un control estricto, en una censura, por llamarla así, la ejercía la propia editorial a veces en forma cierta y concreta y a veces de forma disimulada, pero volvías a la etapa democrática y eso se diluía. En realidad lo que yo viví como historietista en el círculo en que yo me moví, donde más pesaba lo que podríamos llamar censura, que yo no lo diría de esa manera, fue una cuestión de punto de vista estético. La editorial tenía una idea cerrada, concreta de que determinado tipo de trabajo, de que determinado tipo de personaje podía funcionar mejor, que eso le aseguraba la venta de material, e insistía en ese tipo de planteo y bueno, entonces el dibujante se veía tratando siempre de luchar contra eso que eran pavadas, no tienen envergaduras. Uno las recuerdo ahora y son casi ridículas: el personaje tenía que tener la barba crecida, que se tenían que reír permanentemente, tenían que mantener un aspecto prolijo, elegante. Y todo eso igual lleva encerrado un mensaje ideológico, claro que sí, pero como el que dibuja también tiene el propio y lo pone y con eso surge. Desde ya con el argumentista pasa lo mismo. Montones de cosas que las podés decir a tú manera, mientras el editor sigue pensando que las estas diciendo a la manera de él. Esos son arabescos que se van haciendo en el trabajo y uno los hace casi sin darse cuenta. Pero ahora, censura, censura, se veía más en el aspecto del humor. Ahí sí hay censura ideológica, política concreta, porque bueno eran cosas de mayor grado de expresión inmediata y de denuncia y de cosas relativas a la política del momento que es o que genera esa censura Lo otro pasa como una lectura sin importancia que está por ahí dando vuelta.

 

“COSECHA VERDE”

E: Cuando te he visto revisar las carpetas de jóvenes dibujantes he notado la importancia que le has dado en esas conversaciones a la narrativa y es porque tu historieta tiene una narrativa muy prolija ¿Es lo más importante?

C. M.: Para mí sí, es lo que define a la historieta como género. Un género que es muy complejo, muy variado y de mucha riqueza y potencialidades. Pero si hay que reducirlo a un elemento básico y fundamental que es su esqueleto, sería la narrativa, a la que después habría que ir adosándole todas las otras según gusto y necesidad de cada uno, pero la narrativa es fundamental. El armado de personajes, el clima de la historia, los tiempos, pero bueno, ya está incluidos en la narración? la estética y todo lo que la rodea, toda esa cosa de superficie que a uno también le atrae.

E: El dibujo está al servicio de la narración?

C. M.: Siempre para mí, sí, sí, sí. Nada, nada, nada puede anteponerse a la narración. Cualquier elemento que tenga que ver con la historieta como género, como técnica incluso para realizarla y que contraríe o de alguna manera obstaculice la fluidez narrativa, para mí es un error, es un problema, es un defecto. Cuando se dan juntas las cosas, vos tenés una historia, un guionista que escribe bárbaro, que usa un lenguaje de gran vuelo literario, tenés a un dibujante extraordinario que tiene una calidad artística y plástica notable, entonces bueno, si se puede juntar todo eso y nada de todo eso molesta o perturba la narración, vas a tener una historieta extraordinaria.

E: ¿Cuál sientes que ha sido tu mejor trabajo?

C. M.: Creo que “Cosecha verde”. Me abrió un caminito y me hizo descubrir algunas otras cosas. Hacía ya rato que estábamos con Trillo trabajando con libertad, en el sentido de que no estábamos dependiendo tanto de la editorial. Uno hacía su trabajo libremente armando algo, lo proponía a la editorial, a la editorial le parecía bien, y en general le parecía bien y seguíamos adelante con eso. Era como decir: “Canilla libre”. En ese sentido era una cosa fluida. Uno proponía algo con la certeza de que iba a ser aceptado. Y entonces, bueno hacíamos cosas que nos divertían y que nos interesaban en ese momento. Pero con “Cosecha verde” descubrimos que era algo más atractivo, una vuelta más interesante respecto a otros trabajos que habíamos hecho. A mí me quedó una sensación de mucho placer por hacerla, de mucho interés en hacerla. Cosa que, es cierto, con el correr del tiempo se va cayendo un poco, y sí, eso yo lo he sentido.

E: ¿Cuesta más dibujar?

C. M.: Cuesta concentrarse y es una característica mía. Yo soy también, siempre lo fui, aún en épocas de entusiasmo, de concentración, como podríamos llamarla? débil (Risas) inestable. Pero esas son características personales que inevitablemente las llevás con vos para todo, incluso en lo profesional. Pero con el correr de los años también es cierto que te va dando como una? como un? me sale la palabra aburrimiento y hastío y son todas palabras horribles en ese sentido porque no son ciertas, pero apuntaría para ahí y no se me ocurre ahora la palabra, pero de alguna manera te cansa un poco y empiezan a aparecer algunas cuestiones que inevitablemente? vuelven rutinario el trabajo, te ves con cosas repetidas, situaciones por ahí con los editores. Nada es tan perfecto. Uno describe situaciones y parece que describiera procesos y no es así y hay momentos en los que de pronto una cosa te deja de interesar, quieres hacer otra y al editor la cosa nueva no le gusta tanto, entonces vos tenés que hacer un esfuerzo para que le guste, mantenerla ahí, seguir divirtiéndote vos. A veces tenés que hacer otra cosa o decir, bueno este editor no anda tan bien o trato con este otro o apareció esta otra posibilidad, preparamos un trabajo para esto, pero las características de esta revista o de esta editorial son diferentes, preparemos algo en función de eso, no te interesa tanto o no sale la cosa con el correr del tiempo. Te comprometés con el editor, lo vas haciendo te comprometés con vos mismo, pero empieza a agarrar una cosa y decís, bueno esto es una vía muerta, no produce interés, pero la seguís haciendo porque bueno es tu trabajo y hasta que no aparezca otra oportunidad, lo hacés. Siempre bien, siempre haciéndolo con cuidado y todo, pero estamos hablando ya de cuestiones muy interiores, de entusiasmos. Eso ya es más difícil de manejar.

E: ¿Dónde sigues publicando actualmente?

C. M.: En Argentina no publico hace rato, hace mucho tiempo. Ahora estoy publicando en la misma editorial de siempre. La estructura es la básica para mí es de Italia para mí que es la de Eura de hace añares. También con Bonelli de Milán estoy haciendo trabajos. Pero estoy con una producción muy baja porque estoy en esa etapa de la distracción. Con Bonelli estoy haciendo el Dylan Dog, uno más de los dibujantes, pues es ese tipo de personajes de muchos dibujantes. Ya se editó un libro y ahora estoy haciendo el segundo. Tardo una enormidad para desquicio de la editorial hasta que se cansen y me den una patada en el culo (Risas) Cambié de ritmo de trabajo.

E: Pero aún trabajando?

C. M.: Sí, sí, como no. Pienso seguir trabajando y es más, pienso repuntar y tener otra oportunidad de charlar con vos y decirte que no, que ese fue un momento y duró nada más que un par de años?

EPILOGO

Al cierre de esta edición hace ya un buen rato que Cacho Mandrafina ha vuelto a publicar habitualmente en su país. Varias páginas de su popular historieta “El Condenado”, con guiones de Guillermo Saccomano, han vuelto a ver la luz en la nueva revista Fierro, dirigida por Juan Sasturain, y que se distribuye junto al diario argentino “Página 12”.

Y hasta ahora, nada indica a este redactor que la charla prometida en aquella ocasión, no vaya a realizarse durante los próximos meses para prolongar, al menos por un rato, esta conversació

468 ad

Leave a Reply