Breve historia de la historieta argentina

Por Claire Latxague

El presente texto fue escrito especialmente para el dossier «La Bande Dessinée argentine», publicado originalmente en francés para la revista Gorgonzola, nº 16, L’Égouttoir, enero de 2011. Agradecemos a Claire Latxague el que nos lo haya cedido para ser publicado por primera vez en internet.

Es difícil reconstruir en escasas páginas poco más de cien años de historieta argentina. El peligro es acabar desgranando nombres de autores, de personajes y de revistas que han hecho su historia. Esta lista, incompleta, realizada para quienes no puedan acceder a la publicaciones anteriores a los años cincuenta, fracasaría en el intento de dar cuenta de la importancia que ha cobrado este arte en Argentina. Por suerte, algunos de ustedes quizás hayan podido visitar la exposición montada por José Muñoz durante el 35º festival de Angoulême y ver los originales de autores fundadores de la narrativa gráfica en ese país. La escenografía escogida en esa ocasión era el mejor modo de representar la omnipresencia de la historieta en la sociedad argentina de principios del siglo XX.

Viñeta de Eduardo Ferro.

El decorado urbano de los barrios populares de Buenos Aires por el que se nos invitaba a pasear era el mismo que el de las primeras historietas cómicas. Estos sainetes que, por primera vez en el país, usaban el recorte de la narración en viñetas y la inscripción de los diálogos en los globos, se burlaban de las tensiones sociales entre los vecinos de aquellos barrios. Retomaban las temáticas y el tono satírico de su cercano pariente, el dibujo humorístico, e instalaban durablemente, en el arte de la historieta, la tradición del costumbrismo.

Las espectaculares mujeres del gran Divito.

 

LOS AÑOS 30

La historieta argentina es entonces una prolongación, bajo nuevas formas, del dibujo humorístico. Las primeras series, de los años 1920-1930, ponen en escena la pequeña burguesía y su ajetreo por alardear los signos de su estatus social. La influencia de los family strips norteamericanos, publicados en esa época, salta a la vista. Después vienen las historias de conventillo, esas que se desarrollan en las viviendas colectivas de los barrios populares, pequeños teatros de vida de la poblaciones migrantes que convivían mal que bien en su nuevo país de acogida.

El inconfundible estilo de Oski.

Apenas habían atracado en la ribera del Río de la Plata ya estaban desembarcando en las viñetas de la historieta y llenaban los globos con un castellano aproximativo aún impregnado de dialectos italianos y de otros países.

A partir de los años treinta, otro tipo de historieta se empieza a codear con la humorística en las páginas de las mismas revistas y de algunos diarios nacionales. Esta historieta de aventuras primero es importada de Europa y Estados Unidos. Busca extrañar a los lectores zambulléndoles en decorados exóticos, antiguos o futuristas. Sella la entrada del noveno arte argentino en la épica y lo novelesco. Llamada seria, por oposición a las series cómicas, su dibujo realista y académico nada tiene que ver con la alegría y la elasticidad de los personajes humorísticos, redondos y ondulantes. En sus primeros tiempos, se parece más al folletín que a la historieta. Si bien sus relatos están repartidos en viñetas, la narración escrita es mayoritaria.

Calé.

Paradójicamente, la historieta que menos usa los recursos de su arte es aquella que más considerada está, sin duda por su carácter literario. En cambio, las series humorísticas no sólo dan muestras de una gran invetividad en la narración gráfica, sino que sublevan cuestiones políticas y sociales más profundas que las historietas de género.

PATORUZITO

Hay que esperar hasta 1945 y la salida de la revista Patoruzito para poder ver entrar a la historieta de aventuras en la edad de la razón. Esta revista aparece casi diez años después de su hermana mayor, Patoruzú, fundada en 1936 por Dante Quinterno. Ambas seguían una línea editorial muy estricta fijada por su creador. Sus historias estaban destinadas a toda la familia y, por lo tanto, debían corresponder a cierto decoro: quedaban prohibidos el sexo y la violencia, el burlarse a costa de los más desfavorecidos y, en cambio, se exaltaban los más nobles sentimientos. Patoruzú es un personaje ejemplar según estos criterios. Indio terrateniente, bonachón y generoso, que se opone a su compañero Isidoro, corrupto por los vicios de la ciudad. Sus aventuras han mecido la infancia de los argentinos hasta los años cincuenta.

Dante Quinterno edita tiras de humor e historietas de aventuras en estas revistas. Rápidamente, la aventura supera el humor, pues las exigencias de recato ya no corresponden a la demanda del público que se aleja en busca de revistas humorísticas más atrevidas, como Rico Tipo. Ésta, primera rival de Patoruzú, es fundada en 1944 por Guillermo Divito, formado por Quinterno. Sigue la línea del costumbrismo y publica a autores como Calé, Oski y Quino.

 

Un tándem maestro: Solano López y Oesterheld en El Eternauta.

Los adolescentes de los años cincuenta son los lectores que viven el giro decisivo de la historieta argentina. En esa época, Quinterno sólo publica a autores locales que crean personajes de los que esos jóvenes lectores, ahora adultos, siguen hablando maravillados. Entre otros, están Eduardo Ferro, que inventa a Langostino, un marinero filósofo que vive aventuras rocambolescas a bordo de su cascarón de nuez; Wadel y Breccia le otorgan sus cartas de nobleza a Vito Nervio, un detective cuyas investigaciones le conducen hasta París o la sabana africana; Roberto Battaglia que sumerge a sus personajes Don Pascual, Mangucho y Meneca en historias surrealistas de interminables rebotes. Gran parte del éxito de estas historietas se debe a que estuvieran ambientadas en un decorado argentino. El público queda conquistado. Y la expresión conviene perfectamente al contexto editorial de la época en que, precisamente, los directores de revistas se enfrentan para ganarse cada vez más lectores.

El minimalismo del dramaturgo y narrador gráfico Copi.

 

LA REVOLUCIÓN DE FRONTERA

Siguiendo el modelo de Quinterno, otra editorial hace todo lo posible para aumentar sus ventas. Se trata de Abril, de Césare Civita, que publica principalmente fumetti importados de Italia. Civita decide argentinizar los relatos de autores italianos sencillamente trayéndolos del otro lado del charco. Así es cómo Hugo Pratt, llegado con otros dibujantes de Misterix y Salgari, se encuentra en Buenos Aires y conoce, poco depués, a Héctor Germán Oesterheld. Con este guionista incomparable, la nacionalización de la historieta de aventuras llega a su última etapa.

El talento de Breccia y de Oesterherld al servicio de Mort Cinder.

En 1957, Oesterheld ya tiene publicados numerosos relatos en Abril como Sargento Kirk, y Bull Rocket. Decide entonces fundar su propia editorial, la Editorial Frontera, de la cual es el guionista casi exclusivo. Frontera y Hora Cero son las dos revistas que edita. En ellas se publicaron historietas tan famosas como Ernie Pike, dibujada por Hugo Pratt, El Eternauta, dibujada por Solano López, y Sherlock Time, que inicia su colaboración con Alberto Breccia. Con Oesterheld, el maniqueísmo, que dominaba hasta entonces los relatos heróicos, desaparece en favor de los conflictos internos de los personajes de compleja y matizada personalidad.

El genio de Fontanarrosa en el humor.

Rápidamente, los dibujantes que se han lucido en Frontera empiezan a trabajar para el extranjero y se alejan de Oesterheld que cierra la editorial en 1962. En pocos años habrá conseguido revolucionar el paisaje de la historieta y participado a la construcción de una historieta de autor que influye en la siguiente generación. De hecho, José Muñoz realiza sus primeros dibujos en Frontera como asistente de Solano López.

Las puertitas del señor López, de Altuna y Trillo.

Con los años sesenta, se abre el período de los golpes de Estado y de la inestabilidad política que dura hasta el final de la última dictadura, a principios de los años ochenta. Estos veinte años de violencia no son favorables al mercado de la edición de historieta que solía ser tan próspero en los cincuenta. Sin embargo, a pesar de la censura del Estado, varias revistas contestatarias van a surgir y ofrecer un espacio de difusión para los autores.

Muñoz y Sampayo dan vida a un personaje rupturista: Alack Sinner.

 

EL FIN DE LA EDAD DE ORO

El fin de la llamada Edad de oro coincide con el momento en que tres grandes nombres de la historieta encarnan la renovación del arte: Breccia, Quino y Copi. (1) A principios de los años sesenta, Breccia empieza a darle rienda suelta a su experimentación gráfica en Mort Cinder, que crea junto a Oesterheld para Misterix, en su nueva versión editada por Yago. A partir de entonces, su obra se vuelve cada vez más contestataria política y gráficamente, como lo demuestra la segunda versión de El Eternauta. Oesterheld, entonces simpatizante de la extrema izquierda argentina, reinterpreta su propio guión dándole una dimensión más política. Por su parte, Quino experimenta un éxito fenomenal con Mafalda, comic strip publicado de 1964 a 1973, que renueva el dibujo de humor consiguiendo la combinación delicada entre interpretación de la actualidad nacional y humor universal. Con esta serie, así como con sus páginas de humor, explora todas la metáforas posibles para significar la opresión y la violencia sin caer en manos de la censura. Por último, Copi, de origen uruguayo, quizás sea el dibujante que haya sacado mayor partido de la influencia de Saül Steinberg. Se da a conocer en la revista satírica Tía Vicenta como uno de los más irreverentes hacia los militares y de los más audaces por su minimalismo. Acabará publicando La Femme assise en Francia en Le Nouvel Observateur.

El humor y la reflexión poetica de REP.

Poco a poco las editoriales cierran unas tras otras y se asiste a una radicalización política del dibujo humorístico. La aventura ha perdido la partida y los jóvenes autores se dirigen hacia revistas como Hortensia, Satiricón y Humo®. Ésta ha sido fundada por Andrés Cascioli, gran dibujante y caricaturista que les dio su oportunidad a varias generaciones de dibujantes, hasta fallecer en 2009. En las páginas de estas revistas nacen los personajes de Fontanarrosa, Grondona White, Izquierdo Brown. Allí también es dónde Carlos Trillo y Horacio Altuna realizan sus primeras colaboraciones.

María Alcobre.

 

LA IRRUPCIÓN DE FIERRO Y EL PRESENTE

Hay que esperar el fin de la dictadura para que la historieta de aventuras vuelva a surgir con la creación de Fierro, de 1984 a 1992, por Juan Sasturain. Inspirada por su prima lejana europea, Métal hurlant, sirve de puente entre Argentina y el viejo continente publicando las historias de José Muñoz y Carlos Sampayo, exiliados en Europa desde los años setenta, así como las de Manara y Mœbius. Allí también está Alberto Breccia que, con guión de Sasturain, crea Perramus. La revista reúne a figuras legendarias como Altuna, Trillo, Carlos Nine y Mandrafina con jóvenes autores que ahora siguen ocupando el escenario (María Alcobre, Maitena, Miguel Rep, Pablo de Santis, Max Cachimba…).

Pablo Túnica

Los años noventa y el principio de los 2000 están marcados por la crisis, cuyos estragos se hacen sentir aún más en el sector editorial y en el campo cultural en general. Los jóvenes autores que han crecido leyendo Humo® y Fierro ya no tienen dónde proponer sus primeras obras. Entonces empieza la era de los fanzines y de la autoedición que sigue dándose hoy en día. Varias revistas efímeras, como ¡Suélteme!, Lápiz japonés y El Tripero reúnen las creaciones de estos autores en los años 1990. Algunos se asocian en colectivos, como La Productora, aún activo hoy en día. Muchos trabajan para el extranjero, para grandes editoriales de comics norteamericanos o en la ilustración de prensa.

Un talento reciente: Jorge González.

En cuanto al campo editorial, varios proyectos de reedición de los clásicos de la historieta argentina surgen en ese momento. Las ediciones Colihue lanzan una colección dirigida por Sasturain que réune los episodios de varias series publicadas en Fierro. Las obras de Breccia y Oesterheld, así como las de Enrique Breccia, son editadas o reeditadas por Doedytores, de Javier Doeyo, que también dedica una colección a los  bocetos de dibujantes famosos. En fin, los diarios Clarín y Página/12 publican suplementos de reedición de clásicos de la historieta repartidos en los kioscos.

La notable obra del joven Minaverry, aquí en una portada de la nueva revista Fierro.

Hoy en día, se puede decir que la historieta argentina conoce un nuevo auge gracias, por una parte, al reciente crecimiento económico y, por otra, a internet. El fenómeno de los blogs y de las páginas web ha permitido dar una nueva visibilidad a los autores de historieta argentinos, particularmente gracias al blog «Historietas Reales». A continuación, una nueva versión mensual de Fierro ha vuelto a ser publicada, desde 2006 hasta hoy, por la editorial de Página/12. Muchos dibujantes y guionistas han publicado en Francia o España estos últimos años (Lucas Nine, Diego Agrimbau, Gabriel Ippóliti, Lucas Varela, Pablo Túnica, Jorge González).

Poco a poco, editoriales nacionales pasan a ser la primeras en editar sus álbumes (generalmente se publican primero en Europa antes de ser importados a Argentina), como Sudamericana, Domus o Ediciones de la Flor (editor histórico de Quino). La prensa cotidiana argentina también ha renovado sus páginas de humor y hace varios años que el público argentino disfruta las tiras de Liniers, Tute, Max Aguirre, Gustavo Sala, el Niño Rodríguez

Dos novísimos autores, Diego Agrimbau y Lucas Varela.

Muchos otros nombres de autores contemporáneos, de revistas independientes, de galerías y de festivales dedicados a la historieta podrían figurar aquí como prueba de la vitalidad de este arte en la Argentina de 2010.

El texto precedente ofrece una muestra que, esperamos, les entusiasme y azuce su curiosidad de lectores.

(1) Véase Laura Vazquez, El Oficio de las viñetas. La industria de la historieta argentina, Buenos Aires, Paidós, 2010.

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