Antonio Arroyo:El periplo de Trauko (1 de 2)

Antonio Arroyo viajó especialmente al homenaje sobre Trauko que se realizó en Santiago de Chile, organizado por el Centro Cultural de España y Ergocomics.

POR CARLOS REYES G.

“Alguna vez, alguien se va a acordar”, dice el ciudadano español Antonio Arroyo (56 años de edad) mientras hojea la colección completa de revistas “Trauko” que están dispuestas sobre la mesa. Lo dice mientras recuerda el momento en que se marchó de Chile, tomó sus ejemplares de la revista “Trauko”, algunos originales de los colaboradores y se marchó de vuelta a España después de haber dado vida, junto a la argentina Ines Bagú y al español Pedro Bueno, a gran parte de los 36 números de una de las revistas de historieta independiente más populares de la transición chilena.

“Pensaba que alguien se iba a acordar”– Vuelve a decir Arroyo como saboreando la actualización de su deseo. Sí, porque esta vez, muchos recordaron el nombre y el aporte indiscutible de la revista “Trauko” (1988-1991) Ante la imposibilidad de tener de regreso en el país al trío de fundadores de la publicación, tuve no obstante, el privilegio de hablar tranquilamente, y durante varios días, con Antonio Arroyo- uno de los cofundadores de esta mítica publicación-tras su arribo a Santiago de Chile en calidad de invitado a la exposición y el homenaje: “Trauko viene por ti”, evento realizado por el equipo de “Viñetas del fin del Mundo” en colaboración con el documentalista Rodrigo Araya. De esas largas sesiones de conversación, tienen aquí por primera vez, una síntesis que espero, resuma adecuadamente esas largas horas de conversación.

“Cuando he llegado acá, pues todo ha sido alegrías- revela Antonio con su entusiasta voz de tonos graves –  Ver de repente a gente que hace 18 o 20 años que no veía… han sido muchas emociones. Toda la gente recibiéndonos muy bien cómo que habíamos hecho algo importante en la cultura popular de este país y en ese momento tan importante de la transición, de la toma de poder de la democracia. Eso es muy satisfactorio”.

Inés Bagú y Pedro Bueno

“HAY MADERA”

– ¡Cómo es esto de venirse a Chile a hacer una revista de historietas!

– Cuando volví de la mili en el 75, cuando la muerte de Franco, tuve un amigo que dibujaba muy bien y tenía una colección de comics y me empecé a meter. Hay una explosión de historietas en el 77, 78. Y lo que hacía ahí era comprar todo lo que iba saliendo. Hubo una revista, que luego no salió, y en la que me pidieron que hiciera unas colaboraciones. Hice algunos guiones y artículos, cosas así. Luego fue cuando Pedro Bueno dejó su trabajo. Éramos amigos desde hacía tiempo, de la política. Pasó la transición y yo dedicaba todo mi tiempo libre y mi dinero en comprar revistas y en hacerme un entendido. Pedro vino a Sudamérica, tenía otros amigos que habían venido porque muchos de los izquierdistas de entonces, cuando llegó la democracia, ya no teníamos nada que hacer. Ya se veía que no se podía ir más lejos…  Se fue a Nicaragua y yo en el 86, llevaba años trabajando de fijo en los polideportivos municipales, pero llegó un momento en que no se podía estar allí.

– ¿Asfixiado? ¿Por qué?

Exactamente. Asfixia cultural porque no se podía hacer nada especial.

– ¿Qué edad tenías en ese momento?

– Pues 34 o 33 años. Pedro conoce en La Paz a Hilda (Carrera) y a Emilio (Ruz), los dos chilenos que se habían ido para allá huyendo de la dictadura. Pedro ya llevaba 4 o 5 años viajando por Sudamérica. Había estado en Centroamérica, en Nicaragua, en Guatemala. El 85 me dijo que tenía unos amigos chilenos y quería, ya harto de viajar, establecerse en algún lugar, montar un negocio y tal. El año 84, 85, conoce a Inés, argentina. Conoce a Emilio y a Hilda. Ella es hija de Rafael Carrera, de la imprenta España y entonces dicen si podemos montar allí una revista de comics. Y Pedro dice, yo tengo un amigo en España que es muy entendido en comics y que podría hacer una revista y en uno de sus viajes de vuelta para allá pues… me lo pregunta.

 

 Portada Trauko 1Portada de Miguel Hiza para Trauko Nº 1.

– Y la propuesta te sienta bien.

– Me sienta fenómeno. Era lo que yo quería. Con amigos viajeros del Instituto de Cooperación Iberoamericana, el ICI español, viajé por Perú, por Ecuador, Argentina y ya es en el 86 cuando vengo por primera vez a Chile. Veo a Hilda que había recopilado lo que salía en ese momento que era el “Enola Gay”, la “Matucana”, “Ariete”, “Tiro y Retiro” para que yo viera si había dibujantes… me deja buena sensación. Veo que hay madera y que no tienen un soporte que les de continuidad para que puedan desarrollar su arte. Pero yo veo que hay madera y que se puede contar con ello.

– Dos españoles, una argentina y dos chilenos quieren montar algo y deciden hacer una revista de historietas, que es un pésimo negocio ¿Por qué?

– Teníamos las ganas. No queríamos tampoco hacer un negocio normal y corriente. Queríamos algo que incidiera en un espacio cultural, político. Todos veníamos de la izquierda y queríamos pues ayudar en este momento del 88 aquí en Chile. Ya se veía que iban a haber elecciones, el Sí y el No. Nosotros queríamos apoyar esa transición.

 

La represión política retratada en “1975” por  Ricardo Fuentealba (“Trauko” Nº 25)

“DEL TRAUCO AL TRAUKO”

– ¿Con la imprenta España tienen un trato especial que facilita la edición?

– Exactamente y, sobre todo, confianza. Confianza en que podíamos ir allí a la imprenta a opinar, a decir cómo lo queríamos. Yo les preguntaba si las revistas españolas que yo traía se podían reproducir aquí. Sí, claro, me dijeron. Hicimos cuentas, no era tan oneroso para nosotros, sobre todo que lo repartíamos entre tres. Emilio Ruz era el representante legal, pero los socios económicos éramos Inés, Pedro y yo.  Vemos que es posible y nos fuimos a pasar las navidades a Buenos Aires y a finales de Enero nos vinimos para acá. Llegamos a Valenzuela Puelma y allí buscamos casa y encontramos la de la calle Berlín, en el paradero 9 de San Miguel, que era amplia y allí nos instalamos los tres. Hay que empezar a funcionar y necesitamos dibujantes.

– Y llega este primer número y sólo hay tres chilenos: Martín Ramírez, Miguel Hiza y Kunely.

– Los primeros dibujantes que llegaron lo hicieron a través de Rocío Carrera y Pablo Cavieres que estaban en Arquitectura y que nos mandaron dibujantes. Horacio Estay fue el que hizo las primeras diagramaciones, el que hizo las letras del “Trauko”. (En este momento Antonio toma y comienza a revisar atentamente el ejemplar Nº 1 de la revista) Me parece que éstas las hice yo, las del uno. Nos parecía bien que (el logo) a veces fuera mujer, que otras veces fuera hombre. Va cambiando. Había que inventarse las secciones que íbamos a tener. Yo planteé que hubiese un pliego para que tuviéramos posibilidad de actualidad. Entonces, antes de cerrar la edición, si había una noticia, todo estaría ya preparado, salvo ese pliego, puesto en medio de las dos partes para que hiciera de inflexión en la lectura de la revista. No solamente pusimos comics, sino que también historia del cómic, introducción de los dibujantes si no se les conocía. También naturalmente la suscripción, el correo del lector para tener una comunicación directa con los lectores y conseguir un poco de la  interactividad de la que se hablaba. Sacamos también la sección de la “Naftalina”. Yo iba al Bío-Bío, a Franklin a comprar revistas antiguas. Aquí vi que había una historia de historietas muy larga desde “El Peneca”. La idea era recuperar la historia. Con Pinochet estaba todo apagado y no se quería recordar las cosas buenas que había habido anteriormente. En este primer número llegó Martín Ramírez y ahí Pedro le dijo que quería un personaje que fuera chileno. Martín, que estudiaba publicidad, sacó la idea del Checho López. El dibujo no era muy interesante, pero yo siempre había dicho que un buen dibujo con un mal guión, era una mala historieta, pero un mal dibujo con un buen guión, era una buena historieta. No era un mal dibujo, era discreto, pero muy comunicativo y que habla perfectamente de lo que se quería hablar en ese momento. Lo bueno que tenía Pedro era que no le gustaba demorarse, le gustaba que las cosas salieran y había que sacarlo y tal. Yo era el que tenía que articular todas esas ideas. Esto necesita una diagramación (Dice mostrando páginas del “Trauko” Nº 1) esto es lo más elemental del mundo. Tenía que haber sido un número cero, pero Pedro no quería retrasar y tenía que ser ya. Eso de ver la revista en los kioskos, eso ya imponía. Por enfrente de la Biblioteca Nacional vi a un gallo de unos 20 años que iba leyendo la revista, partiéndose de la risa.

“Tíos de acero” de Mauricio Salfate, Yo-Yo

– Me imagino que al poco andar llegaron muchos dibujantes. ¿Te costaba mucho hacer el trabajo editorial?

– Funcionaba, pero ya te digo, había veces en que decían: “Sí, sí, lo voy a cambiar” y lo traían igual. “Pero aquí no ha cambiado esto nada”. Y como estábamos urgidos y no teníamos exceso de trabajos, entonces entraban. Por ejemplo, la portada del número 7 en que está esta cabeza apretada, el volumen… no sé. Y salió aunque yo no estaba demasiado de acuerdo con ello, pero no teníamos otra portada y había que sacarla como fuera. Luego la cuestión es que salió y es un buen número.

– Una de las razones del éxito de “Trauko”, creo yo, fue la periodicidad.

– Nuestra condición era esa. Que fuera periódico y que estuviera en el kiosko mes a mes. En la primera Traukotorial veníamos con la intención  de perdurar en el tiempo.

– ¿Qué cantidad de ejemplares hicieron en el Nº 1? ¿Empezaron tímidamente?

– Nos salía igual hacer 3 mil que hacer 1500. Se iba abaratando al tener más tirada. Entonces yo creo que empezamos con 3 mil.

– ¿Y cuál fue el peak de la producción?

– 5 mil en el Nº 11, con la portada de Leal. Luego tuvimos cambio de distribuidora, lo que nos acercó a “La Época” que nos publicitaba los domingos con una huincha en el suplemento cultural. Tuvimos problemas con la primera distribuidora que decía que estábamos desde Arica Punta Arenas, cuando en realidad no salíamos de Santiago y Viña. Con “La Época” llegamos a más sitios y vendimos más. Fue muy importante para la revista.

La revista Trauko en los kioskos (1988). Fotografía de Antonio Arroyo.

 

– ¿Cómo llegaron al nombre del “Trauko”?

Emilio e Hilda nos tenían una serie de nombres que ellos ya habían barajado y uno de esos nombres era Trauco… que tiene su historia. Es el personaje mitológico de la isla de Chiloé. A mí me gustaba porque es sonoro. Todo tenía que tener una actitud, una predisposición que te mandara con la imaginación al mundo de la fantasía, de la fábula. Me gustó mucho, pero claro, había que darle un toque de modernidad. Ahí ya fue cuando se pensó en ponerle Trauco con K. Eso se le ocurre a Javier… no recuerdo su apellido. Era un publicista chileno, un amigo que ellos habían conocido en La Paz. Él dijo que además esa K debía ser personalizada en un personaje que diera la imagen del Trauko.

– ¿Qué características se necesitaban para trabajar en la revista? ¿Qué pedías tú?

–  Nada en particular. Lo que se pedía era que la historieta tuviera algo que decir. Que fuera agradable a la vista, si quieres, pero sobretodo que tuviera un guión con intención. Que quisiera decir algo. Eso era lo más importante. Teníamos muy pocas historias y no podíamos poner trabas, porque entonces nos quedábamos sin revista o seguíamos publicando cosas extranjeras y no terminaba de cuajar la revista que yo siempre había pensado que tenía que ser “por y para los chilenos”. Los primeros números fue entregar un poco lo mejor  de la historieta internacional para que así los dibujantes de aquí, que no tenían acceso a las revistas de importación por el precio, también pudieran estar en contacto con lo mejor del cómic internacional. Empezamos con 8 páginas en color, que eso ya era mucho para al época, y que luego al final hubo que retirarlas porque encarecían mucho.

– ¿En qué número el “Trauko” se vuelve completamente chileno?

– Quisimos hacer en el mes de Septiembre un especial chileno. Porque es fiestas patrias, porque hay que empujar. Encargamos la portada a Vicho, a quien ya conocíamos entonces. Ya tenemos a Yo-Yo con el “Saturnino Runner” que creo era lo primero que publica con nosotros, luego ya habíamos localizado a Marcela Trujillo y el Huevo Díaz, su guionista, y nos traen “Afrod y Ziako”. ¡A mí no me gustaba! Muy oscuro, muy sucio, luego el guión no se interpretaba bien, estaba como a saltos… pero tenía que ser un reflejo del cómic chileno de entonces y esto es lo que hay. Con el tiempo ellos han mejorado. Luego Checho López, con una entrevista que hicimos Horacio y yo. Y ahí sale el Checho López de fiestas patrias con la parrillada, con la fonda, cuando invita a todo el mundo y luego no tiene un peso y termina en el lodo pero siempre agarrando la banderita. El primer color chileno de la revista fue el “Karrete” (“KRRT”) de Pato González. Tuve que ir donde él estaba para que terminara de hacerla. Tuvimos que ir a curarnos allí un fin de semana, hablando del cómic, pero viviéndolo. Estuvimos paseando, tomando, en la casa. Él decía que no era  capaz. El caso es que le engrupimos allí de tal manera, que al final lo terminó. Lo logró y conseguimos las cuatro páginas del “KRRT” que no desmerecen para nada. Aquí tenemos también, no sé si es la primera de Clamton, una de las historias más bonitas que tiene, aunque si te lees esto… hay un odio a la humanidad importante, ya que prefiere las plantas y había que publicarlo… ya que ves que tiene mucha fuerza. Y aunque queríamos que en este número todo fuese chileno…no se pudo. (1)

NOTAS: (1) Antonio Arroyo se refiere a la edición de “Trauko” Nº 6 en donde el trabajo de Pato González fue el primero de un autor chileno en publicarse a color en la revista. El material extranjero lo constituyeron 2 paginas humorísticas de los argentinos Jorh (Jorge Lepera) y Pati y la historieta de 4 páginas: “In a sentimental mood” de “El Cubri”, notable dupla de autores españoles.

FIN PRIMERA PARTE

LEER PARTE 2

“Meltor” de Miguel Hiza: Estética punk en estado puro.

 

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One Responseto “Antonio Arroyo:El periplo de Trauko (1 de 2)”

  1. fer dice:

    tengo todos los numeros excepto el 1…salio realmente? jajaj buenos recuerdos un scape a tanta mala onda en chile

  2. […] comenta, en esta maravillosa entrevista de dos partes en el sitio Ergocomics (2011), que durante la segunda mitad de los setentas y con la muerte de Franco el cómic en España […]

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