JULIO BERRÍOS: LA INSPIRACIÓN ÉTNICA


 

POR CARLOS REYES G.

Esta entrevista se publicó originalmente en el 7 º anuario del Día de laHistorieta,en Julio de 2009, volumen editado por Ergocomics.cl y El Centro Cultural de España y que se distribuyó gratuitamente.  El volumen de 64 páginas contenía además cuatro historietas completas de Julio Berríos.

Agradezco la colaboración y aportes de Mauricio García y Gonzalo Martínez en la realización de esta entrevista.

La época de oro de nuestra historieta tiene nombres señeros, figuras que lejos de desaparecer sumidas en el pasado, se agigantan con el correr del tiempo. Julio Berríos, Juber, es uno de esos casos. Dibujante dotado y cuya modestia rivaliza fieramente con su talento. Tal es el impacto que produce este esperado encuentro entre los miembros de Ergocomics, que asisten a esta entrevista el investigador Mauricio García y el dibujante Gonzalo Martínez, ambos deseosos de conocer al talentoso dibujante del que tan poco se sabe. Juber nos recibe en su casa de Conchalí junto a su familia y nos deleita con una suculenta velada.

De izquierda a derecha: Juber, Demetrio Babul, Gonzalo Martínez, Mauricio García, El Salitas e Ítalo Ahumada.

Su modestia le impide decirnos cosas de las que nos enteramos cuando algún miembro de su familia interrumpe de vez en cuando para contarnos algo que él ha pasado por alto aquí y allá. Una de las paredes ofrece el retrato de una mujer y cuando su hija sale a recibirnos no podemos dejar de observar que se trata de la misma figura, dibujada con precisión y cariño. Hablamos relajadamente y la entrevista empieza a tomar cuerpo a paso lento. El grabador es encendido como no queriendo interrumpir la conversación, relegado a su función de mero duplicador. La jornada, que imaginamos breve, empieza a dilatarse, pero cuando Berríos inicia la migración de originales desde su estudio a la mesa del comedor nos quedamos paralizados en el tiempo. Sus héroes mapuche, polinesios, aztecas, incas, empiezan a desfilar ante nuestra ansiosa mirada. Ninguno de aquellos pueblos originarios escapó a la mirada aguda, siempre detallada hasta la obsesión, de este artista. En el dibujo de cada utensilio, de cada ropaje, de cada templo se supone una cuidadosa investigación. Ahí estaban, frente a nosotros, páginas y páginas de dibujos soberbios, intactos, ofreciéndonos un viaje a lo mejor del pasado de nuestras viñetas (“Tolák”, Taori, “Pichinahuel”, “El Zorro”, “Khanda”) Aquellas páginas, de un oficio de primer nivel, nos cegaron. Allí estaba el trazo inconfundible que guardábamos fresco en la retina. Sin duda alguna, estábamos ante una de las más desconocidas leyendas de la historieta chilena.

Julio Berríos, Juber, un maestro lleno de modestia

 

– ¿Te sientes un buen dibujante?

– Dibujaba con cariño, pero yo sabía que había gente superior, que tenía más tiempo, que le pagaban mejor. Yo pensaba en la historieta europea como Moebius, los gigantes…

– ¿Cómo es tu ritmo de trabajo?

– Me demoro un par de días en hacer una página. Generalmente hago los bocetos lo más rápido posible y el pasado a tinta lo hago con más calma.

– ¿Cuál fue el primer trabajo que tuviste?

– Empecé haciendo trabajos para el cementerio. Hacíamos lápidas, tallados, los forros de nicho que se hacían de mármol.

– ¿Cómo desarrollaste el dibujo de figura humana?

– A mí siempre me gustó. Empecé mandando dibujos a “El Peneca”  cuando tenía 11 años. Por esa época apareció el primer dibujo mío y de ahí durante varios años. Yo llevaba la cuenta de los dibujos que me publicaban, alrededor de 80. Para mí, dibujar no era una profesión, era un hobbie. Dejé de trabajar con mi padre más o menos a los 20 años y empecé en una empresa marmolera. Ahí estuve unos 16 años y cuando me despidieron instalé un taller propio. Tenía máquinas y trabajadores. Ya me había casado. Y en el año 67, más o menos, vino una crisis económica y tuve que terminar el taller. Liquidé todo lo que tenía y me hice esta casita en tres meses. Este sitio lo tenía prácticamente abandonado desde el año 61. Y estuve como más de un año sin trabajar con la plata que tenía.

– Pero dibujando todo el tiempo…

– Claro, claro. Profesionalmente ya había avanzado mucho.

Viñetas de «Taori» de Julio Berríos

– ¿Tuviste alguna formación académica?

– No. Y empecé a practicar dibujo. Porque había oído que en Zig- zag estaban haciendo historietas. Yo me hice un guión y dibujé seis páginas de una historia del oeste. A fines del 68 partí a Zig- zag. Yo pensaba que las historietas se hacían así, que eran de autor y que ellos mismos las llevaban y las vendían. Llegué allá y me dijeron: “Son muy buenos los dibujos, pero nosotros tenemos personajes propios y se trabaja de otra manera. Tendría que darle una prueba de algún personaje”. Ya está, y me dieron “El Zorro”, mi primer personaje. Hice las páginas rápidamente y las llevé. Les gustaron y ahí me dieron inmediatamente un guión.

– Dibujar a tinta requiere una técnica ¿Cómo desarrollaste esas técnicas necesarias para dibujar profesionalmente?

– En esa época yo compraba historietas que venían de Italia y en donde las vendían  me encontré el álbum de un dibujante mexicano que enseñaba a dibujar.

– Hay una cosa en tu trabajo que es notable, el soporte cultural de tu obra.  ¿De dónde viene eso?

– El dibujo me interesó desde que nací. A los tres años ya estaba copiando y mi papá me enseñaba porque él era bastante versado en cuestiones artísticas y él me daba indicaciones de cómo colorear e incluso me hacía acuarelas. Yo nunca supe la verdadera educación que tenía, pero él incluso sabía francés. Mi papá era una persona culta. Tenía su biblioteca y a mí me encantaban los grabados de “El Quijote” ilustrado por Gustav Doré. Yo pensaba que eso era el súmmum del arte. Eso era lo que yo me proponía hacer. Un dibujo que pareciera un grabado. Por eso achuraba mucho al principio.

– ¿Por qué buscaste inspiración en pueblos indígenas cuando en esa época lo que todos hacían eran historietas de cowboys, de terror o de detectives? ¿Por qué escoger ese universo, ese mundo de las culturas originarias?

– Apenas empecé a tener conocimiento y razón de la historia, me pregunté cómo y por qué había llegado la gente aquí a Sudamérica y buscaba los orígenes. Tengo varios libros de cultura mexicana, de los aztecas, de los mayas. Eso lo tenía de antes de dibujar en Zig-zag. En esa época también salía una publicación de editorial Codex que se llamaba Arterama y eso me educó. Haciendo mi trabajo de marmolista ya leía la Arterama, leía la fauna de Salvat. Ahí me interesó. A mí me gustaba leer mucho.

El arte de Juber en el Nº 1 de la publicación «Hombres en la Jungla» de Quimantú.

HISTORIAS QUE CONTAR

 

– ¿El guión lo hacías inventando sobre el boceto inmediatamente? ¿Había guión previo?

– No, nada, nada. Yo tomaba el papel, diagramaba. Primero hacía un boceto rápido en una página chiquitita con la idea de lo que iba a pasar y después la iba llenando sacando, recortando. Pero generalmente el guión iba directo en la página.

– ¿Esbozabas la historia con un inicio y un final?

– Tenía pensado un capítulo, pero yo la pensaba en una proyección mayor de la que me permitieron los que me la compraban. Por ejemplo, “Pichinahuel”, yo pensaba que podía ser una saga, que el “jovencito” cayera preso de los Incas, que allá tuviera aventuras con el imperio… todo eso lo pensaba en grande como una saga. Pero se acababan las revistas y ahí quedaba yo (risas)

– Hacer historietas es fundamentalmente contar historias, cuáles son tus influencias, a quién admiras contando historias…

– A los buenos dibujantes… no me gusta el dibujo medio chapucero. Porque entra por la vista la cosa, uno no va a estar leyendo algo que no le agrada. Yo admiraba todo lo que hacían en “Patoruzito”. Ahí tenía a Emilio Cortina, a Breccia, a José Luis Salinas. La misma historia de “Patoruzito”, era maravilloso el dibujo humorístico. También estaba Alex Raymond con Flash Gordon y Rip Kirby. Tremendo dibujante. Raúl Roux que hacía “Lanza Seca” y estaba el que hacía “Rinkel, el ballenero”, Tulio Lovato.

 

HÉROES Y CIVILIZACIONES

Las magníficas páginas de Berríos nos miran desde la abarrotada mesa del comedor. Detallados dibujos de animales, láminas de trajes militares, templos Mayas, jóvenes mapuche, seres prehistóricos, héroes en acción. Miramos entusiastas las historias dispersas sobre el mueble y lamentamos no tener tiempo para releerlas con calma. Ninguno puede reprimir alguna exclamación cuando nos enteramos que tal o cuál original se ha perdido irremediablemente o que tal o cual historieta es ya imposible de ser encontrada, aún en los archivos de su propio creador. En pocos minutos pasamos revista a años de producción.

– Una cosa que nos llama la atención en tus dibujos es el enorme trabajo de investigación…

– Yo creo que eso me demoraba más que dibujar. Porque yo pasaba en librerías buscando material.

– ¿Por qué es tan importante la investigación?

– Porque lo inspira a uno. Sobre todo la arquitectura, la historia de las diferentes civilizaciones, Es inspirador. Cuando estaba haciendo “Taori”, me metí en todo lo relacionado con la polinesia. Entonces ahí hay una mezcla entre Isla de Pascua, Hawai y algo de la melanesia también, Australia

Berríos se entusiasma. Va y viene de su cuarto de trabajo trayendo más y más ordenadas carpetas en las que guarda celosamente páginas de sus historietas favoritas arrancadas de revistas extranjeras. Cada tanto se le escucha exclamar al ver las páginas de otros: “Éste es excelente”, no escatima elogios para sus colegas. Por un momento, todos los adultos del cuarto nos hemos vuelto niños, fascinados por las maravillosas aventuras de héroes arrancados de las más diversas mitologías. Berríos no puede ocultar su incólume entusiasmo juvenil. Nos contagia y lo disfrutamos.

«Pichinahuel», el héroe Mapuche de Berríos

-¿Recuerdas lo último que publicaste?

– A ver cuando fue… en La Tercera, eso fue lo último… “Pichinahuel” en la revista “Dos Puntos” en los años 90. Por ese entonces se acabó el suplemento de historietas y Vittorio (1), junto con Themo (Lobos) y otras personas decidieron crear otra revista para darnos trabajo. Y ahí se le ocurrió crear “Dos puntos”. El director era bien bueno, Sergio Arias. El último capítulo no me lo quería pagar porque decía que no se vendía, que no tenían capital, pero estaba la hija de Pinochet a cargo de la cosa, era más que nada porque yo puse una especie de dictador, un Curaca. “Pichinahuel” luchaba contra él y creo que lo mataba al final. Ese capítulo, que era el último, tuvo problemas y no me lo querían pagar. Mis colegas me ayudaron y dijeron que si no me lo pagaban a mí, entonces ellos hacían no sé que cosa. Y lo publicaron y lo pagaron, pero me costó.

– ¿En qué otros países publicaste además de Chile?

– Escandinavia, Inglaterra.

– El personaje que publicaste en Inglaterra se llamaba “Firewall” (“Meteoro” para el mercado español) era como una especie de agente secreto. ¿Eso era a través de una agencia?

– Eso venía de Argentina y de allá le mandaban a Themo (Lobos) los guiones y él nos los pasaba a nosotros. Había un famoso dibujante argentino que era el que recibía todos estos encargos y él buscaba dibujantes. Pagaban 18 libras por página. En ese tiempo valía la pena, pero ahora es una miseria.

EL ÚLTIMO ZORRO

– Después de “El Zorro” cuál fue tu segundo trabajo más importante.

– Ese fue mi trabajo desde el 68 hasta que se convirtió en Quimantú. Yo no me dí ni cuenta… un día me llaman y me dicen que me presente urgentemente a la oficina, porque me daban el guión yo lo traía para acá y estaba un mes haciendo las 12 páginas que me correspondían.

– Y con eso estabas feliz monetariamente hablando

– Sí. Me daba vuelta con eso. Ahora no se podría. Y llego allá con mi trabajo a medio terminar y me dicen que tengo que entregarlo al día siguiente. Yo tenía las páginas a lápiz y algunas tres o cuatro a tinta.  Yo les dije que no, que ése no era el trato. Es que no, esto ahora pertenece a Quimantú y ese trabajo tenemos que terminarlo y entregarlo porque lo están reclamando. Entonces yo no voy a poder hacerlo y ahí me propusieron una solución. Mira, vamos a hacer lo siguiente: no queremos quedar mal con Zig-zag y ellos están, urgentemente, pidiendo este trabajo. Tu trabajo lo terminamos entre todos aquí, pero no puedes cobrar. En dos o tres días lo terminamos e inmediatamente te damos otro trabajo. Ah… si es así la cosa y como parece que estamos en hermandad, pues estaban los compañeros míos de acuerdo, tuve que aceptarlo y ponerme altiro a terminar mis páginas junto con los demás. A cada uno le pasé una página de las que tenía. Era un Zorro, él último. Inmediatamente me dicen que tengo que integrarme a un grupo y la revista era “Far West”. Estaba Avelino (García) haciendo “El Jinete Fantasma” y tenía algunas páginas en lápiz y me dicen, lo más urgente es terminar esto, así que tú lo puedes hacer.

– Ahí parchas por un rato.

– Sí y tenía que cumplir un horario… pero nunca lo cumplí (ríe) cómo nadie lo hacía.  Nunca tuve un jefe tan encima, así que ahí me amoldé a lo que había.

– ¿Y seguía siendo razonablemente bueno en lo económico para ustedes?

– Sí, sí. Se podía vivir. Ahí empezó la UP a hacer la vida más barata. Con poca plata se pasaba el mes. Yo no tenía que pagar arriendo.

La iniciática aventura del joven «Pichinahuel»

– ¿La pasabas bien?

– No tan bien. Me gustaba más estar en mi casa. Porque aquí investigaba yo a mis dibujantes favoritos. Porque cuando yo me dedico a algo, investigo. Lo que encuentre sobre lo que estoy haciendo, lo guardo.

– ¿Y después de Far West?

– Formé grupo con otros dibujantes como Lincoln (Fuentes) Formamos una especie de dupla. Yo le hacía tinta a su lápiz en “Jungla”. Yo no era director, pero estaba a cargo de toda la revista, tenía que entregarla a taller, todo eso (2) En Jungla yo hice todo lo nuevo. Introduje, por ejemplo, “La maravillosa vida animal”, en las páginas centrales, “La cultura amerindia”, los temas que me gustaban. Yo caí bien en el grupo. Como Juber, varios me conocían de “El Peneca”. Mario Igor por ejemplo, cuando supo que era yo, hola qué tal, y tú que estás haciendo… éramos como amigos sin habernos conocido. Varios de ellos habían dibujado en “El Peneca” y conocían mi trabajo.

– ¿Qué hiciste después de “Hombres en la Jungla”?

– Hice varias portadas para los minilibros de Quimantú. La primera portada de la colección es mía. La de “El chiflón del diablo” de Baldomero Lillo. Hice varias, entre esas, la de los poemas de Becquer

– También dibujaste episodios de “C.O.N.U.” (Comando Operacional Naval Unido)

– Sí eso fue antes de que me dieran la pega de “Jungla”, ahí hice el inicio de “C.O.N.U.”

– Con guiones de Juan Bley y después siguió dibujando Guillermo Varas, que tenía un estilo muy cercano al tuyo. ¿Ahí pasaste directo a Gabriela Mistral para hacer la nueva Jungla?

– Bueno, vino el golpe de estado. Quimantú nos había hecho contrato y eso nos salvó. Tenían que cumplir con el contrato los milicos. Yo alcancé a hacer varios trabajos con Gabriela Mistral. Se creó un nuevo personaje que se llamaba “Khanda”. José (Zamorano) hacía los guiones.

– Con la llegada de la dictadura les exigieron algún tipo temática ¿Hubo algún tipo de  intervención?

– Hubo una cuestión tan fría ahí. Pusieron un director que nos entregaba el guión y que aprobaba los dibujos y nos daba otro guión y nos mandaba para la casa. No teníamos contacto con los dibujantes.

– “Khanda”, “El hijo de la montaña” eran todas historietas fantásticas en contextos ya no sociales, estaban fuera de la realidad…

– Sí, ellos tenían asesores y en Quimantú tuvimos a Mario Salazar que era el asesor sociológico…

– Y que también se fueron al chancho…

– Sí. Es que había tanto odio…

– Y del odio pasamos al miedo.

– Ahí ya no había nada que hacer. No había miedo. Había rabia. Cuando nos lográbamos juntar nos contábamos las cosas que pasaban. Se cometían asesinatos, cosas así. Aquí mismo, al frente en la carretera, había un murallón antiguo de la colonia y lo usaron como paredón. Y en el camino a la empresa tenía que recorrer toda la orilla del Mapocho en micro y ahí íbamos viendo los cadáveres que estaban a la orilla del murallón de contención. Yo vi los muertos en el Mapocho.

«La gruta del tesoro» de Juber.

¿ARTE O TRABAJO?

Es de noche ya cuando, de regreso de la entrevista, con Gonzalo Martínez comentamos lo sorprendentemente humildes que resultan ser los capos, en contraposición a muchos jóvenes dibujantes que al poco andar ya creen haberlo hecho todo y anuncian pomposos retiros de su labor de historietistas. Concluimos que, tal vez, Julio Berríos sea uno de los pocos autores nacionales que con holgura merece el rótulo de artista, de autor completo, una noción que él, una y otra vez, aleja de sí mismo con la modestia de los grandes. Pero ya se sabe que el rótulo de artista no es algo que alguien pueda afirmar o desmentir gratuitamente de sí mismo, sino que es, más bien, un apelativo que los demás imponen a los creadores por sus obras.

– Cuando haces “Tolák”, “Pichinahuel”, “Taori” vuelves a ser autor…

– Claro. Fíjate que en Gabriela Mistral prácticamente ya no me interesaba si funcionaba o no la empresa, me solté más, entonces un guión de 16 páginas lo hacía en el mes, no me costaba mucho. No me importaba mucho la calidad, tenía más experiencia, lo dibujaba todo rápido y ya en la tinta, tenía más cuidado.

– ¿En qué momento aparece el autor, en qué momento sientes: “Aquí estoy haciendo lo mío”?

– Con “Tolák”. Justamente cuando se acaba Gabriela Mistral y ya no dan más guiones y hay que esperar porque no hay guiones y hay que esperar y hay que esperar y se retrasan en los pagos, dije: “La cosa está mala, voy a tener que buscar otro medio y para eso voy a tener que hacer una historieta propia”. Y ahí hice “Tolák” y salí a venderla. Hice las 8 primeras páginas y fui a “Mampato” y le gustó a Miguel Arteche, el poeta. Me aceptaron con la obligación de hacer los otros capítulos rápidamente. Eran cuatro páginas a la semana.

– Harta pega para tu ritmo de trabajo. Cuatro páginas a la semana y más encima pintadas, es imposible.

– Las últimas cuatro ya no fui capaz de pintarlas en el plazo. Así que las entinté y las llevé. Era harta pega.

– ¿Sentías en ese momento que lo que estabas haciendo podía perdurar o que era algo solamente para la paga del mes y que a nadie le importaba mucho?

– Exactamente. Yo pensaba que era una manera de ganarse la vida no más.

– ¿Sentías que era un arte?

– Yo sabía que el arte conllevaba un poco de lo que yo hacía, pero no, no era arte así… real.

Página de «Taori» del maestro Julio Berríos

– Tú no te imaginabas que 35 años después un par de tipos te iban a estar preguntando sobre eso y te iban a proponer hacer un libro…

(Ríe) No, porque… (Hace una larga pausa) era una manera de ganarse la vida. Cuando uno terminaba una etapa, tenía que, rápidamente, encontrar otra pega. Yo ya estaba metido en el dibujo y tenía que seguir con eso, tenía que seguir dibujando. Afortunadamente siempre me reuní con un grupo que tuvo trabajo. Que es el grupo de Themo (Lobos), de Lincoln (Fuentes), de Máximo (Carvajal). Y cuando a uno le faltaba trabajo, alguien del grupo lo llamaba para darle trabajo. El amigo más íntimo que yo tenía era Máximo, él era el correo de los dibujantes. Y a través de Máximo conocí “Mundicrom” (3) Después llegó Vicar (4) Conocía mi trabajo y me ofreció trabajar con él en el pato Donald.

– ¿Sigues leyendo historietas?

– Sí, siempre. Cosas que llegan a mis manos porque ya no compro. Tengo montones. Aquí tengo gente que admiro (Berríos despliega ante nosotros sus carpetas llenas de páginas arrancadas de revistas norteamericanas y europeas, clasificadas por autor) Frank Frazetta, “Corentin” de Paul Cuvelier, “Ugaki” de Gigi, Salinas, Hernández, Herrman,”El Alvar Mayor” de Trillo y Enrique Breccia, Bataglia, Raymond Poïvet, Aldo Di Gennaro, José Gual. Algo de lo que admiro.

– Eres un hombre ordenado…

– Es que si no soy ordenado en el pequeño cuarto en que estoy encerrado ahí, tendría todo patas arriba.

– ¿Sigues dibujando?

– No, ya casi no dibujo. Ahora ganduleo (risas)

– ¿Ganas tienes?

– Desde luego…

 

NOTAS:

(1) Se refiere a Vittorio Di Girolamo, Dibujante, guionista y uno de los destacados directores de la revista “Mampato”.

(2) Según los créditos del Nº 1 de la revista “Hombres en la Jungla”, Julio Berríos oficiaba de coordinador, Patricio García de director y Abel Romero como director artístico.

(3) Mundicrom editaba una serie de álbumes muy populares, de láminas coleccionables, en los que trabajaban muchos dibujantes de la época.

(4) Víctor José Arriagada, Vicar, ha dibujado por años las historietas protagonizadas por el Pato Donald y es un autor de gran popularidad en los países escandinavos. Se le considera continuador del «estilo Barks» y es hoy por hoy, el mejor dibujante de patos Disney del mundo

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2 Responsesto “JULIO BERRÍOS: LA INSPIRACIÓN ÉTNICA”

  1. Loreto dice:

    Hola
    Por casualidad llego a mis manos ,»siete días de la historia» » Julio Berrios», es un trabajo fenomenal,donde estuve yo ,que nunca supe de creadores de esta calidad sus dibujos son mágicos.las historias narradas geniales .
    Como consigo sus libros de historietas?

  2. Carlos Reyes dice:

    Loreto: El resto de sus historietas de julio Berrios puedes encontrarlas en las revistas citadas en la publicación que son muy diíciles de hallar (con excepción de la revista Mampato)
    Cuida ese 7º anuario que es la única reedición que exuste de su trabajo.

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