LAS PUBLICACIONES INDEPENDIENTES: CUELGUEN AL EDITOR

POR CARLOS REYES G

Portada y páginas interiores de «Kiltraza cero» del colectivo Kiltraza

¿Qué impacto puede tener la publicación de 50 o 100 copias de una revista independiente caótica y heterogénea? ¿Cuál puede ser su influencia si apenas cuenta con distribución y sus temas abordan intereses de grupos tan pequeños como periféricos?

Muy poco en realidad, pero… ¿Qué sucede cuando esas revistas de tirajes ínfimos y que mezclan temas tan diversos como política, minorías sexuales, historietas, poesía, música, literatura, cine o diseño suman cientos, miles, millones y empiezan a interactuar en conjunto?

La noción de revista independiente, de fanzine, de publicación underground comenzó en los años 50 alrededor de los pulps norteamericanos y explotó definitivamente durante la década de los 60. Por aquellos años, los fanzines, fueron la respuesta de la época a una prensa que mantenía el control de la información, ignorando el surgimiento de toda una generación  que se sentía completamente ajena al status quo, una generación que instaló nuevos temas y se vio en la necesidad de crear sus propios medios de expresión. Así nació una prensa alternativa que daba cuenta de todo aquello que el resto ignoraba o simplemente no comprendía. Un poco de rabia y la frescura de una escritura más vivencial que académica hicieron el resto.

Fin de Milenio de Salvador Arenas

A los editores independientes sólo les basta creatividad y algo de dinero y ganas para crear una revista. Pocos ingredientes exigidos para acometer la quijotesca tarea de editar una publicación propia. Mediante la autogestión, la mayoría de las veces el colectivo editor ni siquiera espera recuperar la inversión, suerte de natural vocación anticapitalista motivada más por las ganas de expresarse que por razones políticas. Las exiguas ganancias serán invertidas sin dilación en la impresión de un nuevo número y es que tal vez haya cierto placer fetichista en ver la revista impresa. Lo que sí es evidente en que son un producto hijo de la cultura de masas y de la democratización de las tecnologías de reproducción técnica.

Visiones de Noska de Sebastián González

Las publicaciones independientes exhiben el irrefrenable deseo de expresión de sus creadores que buscan compartir con otros su propia cosmovisión, intentando de paso contaminar la realidad con sus ideas.

Chile tiene una oculta tradición de ediciones independientes de invisible edición en fotocopias, mimeógrafo, offset e impresión digital. Sus páginas muestran textos que no brotaron de ninguna escuela de periodismo ni de ninguna multinacional de la edición. Todas ellas son un salto editorial que recorre desde el “artesanal» diseño pegoteado con cemento de caucho hasta el novísimo in design. Todas ellas han dado cuenta de ricos universos paralelos, sobre todo en dictadura cuando la prensa oficial escondía la cabeza fingiendo no ver o en tiempos de democracia cuando los medios oficiales no abrían sus puertas a la frescura de lo nuevo, si es que no estaba totalmente aprobado o no era lo suficientemente comercial.

La Bicicleta, La Castaña, El Carrete, La Gota Pura, entre las más conocidas de los años 80, son parte de un amplio espectro de publicaciones forjadas a puro deseo, con habituales pérdidas monetarias únicamente compensadas por saberse protagonistas del arte y la cultura, fijando en sus páginas, contenidos que hoy son motivo de tesis y estudio. Este flujo de publicaciones no termina, pues mes a mes, nuevos fanzines, y hasta prozines (fanzines realizados por profesionales) surgen por doquier, haciendo casi imposible la tarea de catalogar todas las anárquicas publicaciones que forman un tejido vivo que muta y se transforma al pulso de sus creadores.

Tribuna Femenina, varias autoras

Si de la historia oficial de las ediciones de un país se llega a saber mucho, de las omisiones que se hacen respecto de estas revistas casi desconocidas se puede aprender mucho más. Valga entonces para ellas, esta furiosa consigna transformada de una canción pop: «Cuelguen al editor porque las publicaciones que edita constantemente, no dicen nada sobre mi vida».

Fititui, revista del colectivo Grietagarbo

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