REVISTA RITMO:”Las cosas en su lugar”(1 de 3)

POR ALBERTO VIVANCO

REVISTA RITMO: "Las cosas en su lugar" (1 de 3)

Arriba: Portada de Ritmo Nº 1, en donde se ve claramente que el espacio estaba pensado para un título mas largo (“Nosotros”). Hubo que hacer de nuevo el montaje para poner el nuevo título y reimprimir la portada.

Cuando a finales de 1956 escuché por primera vez “El Hotel de los Corazones Rotos” de Elvis Presley, comprendí que algo nuevo estaba naciendo en el ambiente. Por primera vez había una música exclusivamente juvenil capaz de romper todos los lazos con la generación anterior. Otras de sus grabaciones como “Perro rabioso” “El Rock de la Cárcel” y “No seas cruel” lo ratificaron plenamente.

Ahora los jóvenes no estábamos obligados a bailar el fox-trot, el boggie-boggie o el blue con Glenn Miller, Tommy Dorsey o Frank Sinatra. Una música estremecedora había irrumpido en nuestras pistas de baile. Era el Rock and Roll de “Bill Halley y sus Cometas”. Ese ritmo electrizante abriría una brecha generacional que ya jamás se cerraría. Poco después, películas como “Rebelde sin causa” de James Dean le extenderían a mi generación una tarjeta de identidad de rigurosa inconformidad con la gente mayor.

En el verano de 1957 nuestros malones tenían una música propia: El Rock?n?roll. Nuestro guardarropa, una vestimenta propia: blue jean, chaqueta corta, cuello subido y zapatos mocasines de gamuza. Incluso teníamos un vehículo propio: la motoneta “vespa”. Como alumno del 5° año de Humanidades del Liceo de Quilpué, pensé que solo nos faltaba una cosa: un medio de comunicación juvenil.

Con las posibilidades a mi alcance, llené los diarios murales del colegio con artículos y caricaturas destacando al Rock y a sus intérpretes. Escribí pequeñas piezas para ser representadas en los actos escolares con temas juveniles que siempre terminaban con “Rock around de clock” o Tutti-fruti” de Little Richard.

En 1959 ya había “madurado” un proyecto de revista juvenil. Lo llamé inexorablemente RITMO. Con la maqueta bajo el brazo, tomé el tren para Santiago, convencido de que las editoriales de la capital se pelearían por el privilegio de publicarla. Después de todo, mi generación emergía como un importante y diferente segmento del mercado mediático. El fracaso no estaba contemplado en el proyecto, pues era una necesidad evidente. Optimismo de principiante. El tren de Quilpue a Santiago demoraba 6 horas .Pero para que mi idea de una revista se hiciera realidad, aun le faltaba mucho camino por recorrer.

PRIMEROS CABEZAZOS

Después de inscribirme en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y de saludar a su director Ramón Cortez Ponce, me dirigí a Zig Zag, la principal (y casi única) empresa editora por esos años. Me entrevisté con su gerente Don Guillermo Canals, quien ya me conocía bastante, pues me había rechazado en años anteriores dos proyectos de diferentes revistas (una de historietas de vaqueros y otra de corte infantil) Esta vez no fue diferente la acogida. Pero don Guillermo, tan caballero él, se tomó la molestia de explicarme las razones.

Según su experiencia, una revista juvenil no tenía futuro porque:

1.-El Rock and Roll era una moda pasajera, por lo tanto el tema no daba para una publicación semanal.

2.-Los jóvenes no disponían de dineros propios (estamos en 1959) y por eso carecían de medios para comprar por su cuenta cualquier producto en forma segura y sistemática

3.- Para mas remate, según él, yo seguía siendo un cabro chico, recién inscrito en la universidad, incapaz de manejar semejante proyecto.

Tanta sinceridad era abrumadora. Pronto la realidad le mostraría a don Guillermo cuan equivocado estaba. Pero en ese momento me encontraba desamparado, mas no vencido. En vano traté de explicarle lo inevitable : el mercadeo juvenil ya era un hecho en todo el mundo y no tardaría en invadir a nuestro país.

Me pidio amablemente que no lo molestara más y como premio de consuelo me mandó recomendado a “El Peneca”, donde les vendí varios episodios de una historieta infantil llamada “Caracol” (era como la versión masculina de la Pequeña Lulú). Después me remitió a la nueva revista “Pandilla”, para asegurarse de que no lo volvería a molestar con mi revista juvenil. Esta publicación semanal había sido creada por Marcela Paz, autora de Papelucho. Allí les vendí varios episodios de otra historieta llamada El Gordo Sotito.

Pero estos premios de consuelo estaban muy lejos de apaciguarme. Con impaciencia veía como los temas juveniles ya tenían sus publicaciones en USA y Europa y yo con mí revista “Ritmo” quemándome las manos, no sabía como llevarla al público, en un país tan conservador como el nuestro.

CAMINO ZIGZAGUEANTE

El comienzo de los años 60 fue una buena época para mí .Ya se estaba publicando en El Clarín mi tira cómica “Lolita” y dibujaba regularmente en “El Pingüino”, la máxima aspiración de los humoristas de la época .También colaboraba con historietas deportivas en Barrabases. Por si fuera poco, trabajé dibujando Condoritos para Pepo. Pero mi revista “Ritmo” no avanzaba ni un milímetro.

La ofrecí a todas las editoriales existentes, aunque en realidad solo Zig Zag habría sido capaz de editarla con propiedad. Esa empresa monopolizaba la distribución nacional y cualquiera aventura periodística fuera de ella?estaba destinada al fracaso. Y no solo por su eficiencia en este negocio, adquirida a través de más de medio siglo de experiencia, sino también por las prácticas hamponiles que desplegaba cuando surgía en el mercado alguna posible competencia.

Según Pepo contaba, cuando editó por su cuenta la revista de humor deportivo “Pichanga” ( 1948 ) Zig Zag presionó a los distribuidores y kiosqueros para que no la circularan. Finalmente mandó a quemar varios kioscos en Santiago para escarmentar a los suplementeros rebeldes que insistían en exhibir y vender esa estupenda revista. Historias como esta, y otras peores, también me contaba Ramón Cortez en nuestras largas tertulias de la bohemia santiaguina.

En esas charlas con mi director, aprendí más de los vericuetos del periodismo nacional?que en todas las clases de la Universidad. Por esa época perfeccioné mi maqueta agregándole más artículos de orientación para los jóvenes y adolescentes. Se estaban reproduciendo en el país los casos de bandas juveniles que aterrorizaban al prójimo con sus motonetas. Por imitar a Estados Unidos, la patota de un tal Carolo, causaba estragos en la comunidad y ya tenían a una muchacha muerta en su prontuario. “Ritmo” no podía ser solo música con sus ídolos, sino un espacio para tratar estos temas de conducta juvenil y sus consecuencias en el desarrollo de los lectores

La prensa publicaba sobre estos hechos como sucesos policiales, satanizando lo mas posible a los “coléricos” y a menudo asociándolos con una descomposición generalizada de la sociedad. La mayoría de los periodistas eran personas mayores, muy molestas por este protagonismo juvenil bastante perturbador de su tradicional forma de ser. Las nuevas modas, la música, (que había desplazado de las fiestas al tango, al bolero y al pasodoble) la actitud desafiante de los muchachos y el descaro sexual de las “lolas” lo veían como una amenaza directa al mundo por ellos conocido.

Como parte de esa generación emergente, yo veía con mucha claridad la necesidad de un medio de comunicación capaz de dialogar directamente con los jóvenes, sin los intermediarios provenientes de una generación resentida. Una revista así no podía hacerse con periodistas “profesionales”, sinocon jóvenes fuera del sistema, hablando el mismo lenguaje de sus lectores.

La escuela de Periodismo de la Universidad de Chile llevaba pocos años de fundada y era la única en el país. Por lo tanto, los profesionales existentes en el medio eran personas necesariamente mayores y hechas a sí mismas, con todo lo bueno y malo que eso supone.

BUSCANDO COMPAÑÍA

Cansado de andar para todos lados con mi proyecto, en 1963 decidí darle un nuevo enfoque, aprovechando mi experiencia (en fracasos, por supuesto) adquirida en los últimos cuatro años en Santiago. Necesitaba asociarme con alguien importante de la farándula, para darle un respaldo de credibilidad a mi publicación frente a las empresas editoras. Mi primera opción fue Ricardo García, el discjockey más popular de ese momento por su programa Discomanía en Radio Minería. Me recibió muy atentamente en su casa, pero no logré vincularlo al proyecto. En vano le expliqué que no debía invertir ningún dinero en esta sociedad (esa era su principal duda y desconfianza ) Tampoco le significaría mayor trabajo. Yo manejaría toda la edición y el socio debía aportar su conocimiento del medio, de los artistas y estampar su opinión cuando lo creyera necesario. Por ese aval compartiría la dirección y los beneficios económicos de la revista.

Mi propuesta no era muy convencional y su mujer le sugirió que yo podía ser un astuto timador. Lo mejor era no meterse en problemas. O sea, el susodicho “Ritmo” podría ser un vulgar “paquete chileno”. Años después, Ricardo García no se cansaría de arrepentirse de su mala decisión de entonces.

Mi segunda opción fue el locutor Patricio Varela de radio Portales. Esta emisora se había hecho muy popular entre la juventud por transmitir en vivo a los cantantes de la Nueva Ola. Varela era su conductor. Allí escuché por primera vez a mi queridísima Gloria Aguirre y su incomparable “Sabor a Salado”. También me recibió amablemente en su casa, pero me fue igual de mal. Creo que nunca logró entender el proyecto. Solo opinó que el nombre de “Ritmo” era pésimo y le auguraba poco futuro. Además recomendó descartar al gato como mascota y colocar en su lugar a un canario cantor. Me alegré de no haber adquirido a un socio con semejante olfato periodístico.

A pesar de todo, ese año di los primeros pasos en la dirección correcta.

Llevé mis inquietudes a la tradicional revista “Ecran” dirigida por Marina de Navasal. Esta experimentada e inteligente periodista estaba bastante preocupada debido a los cambios que se producían aceleradamente entre su público lector. Mi generación ya no se moría por Gary Cooper ni por Greta Garbo. Los jóvenes éramos fanáticos de Elvis Presley y de Brenda Lee. Asqueada ante eso, pero decidida a mantener a su revista en circulación, tomó varias medidas al respecto. Una de ellas me favoreció directamente: Aceptó mi proposición de publicar la historieta juvenil de una adolescente alocada de nombre “Popotito” (como la canción de Enrique Guzmán) Este personaje tenía también como mascota al Gato “Yo Yo”… Además, Marina le encargó a mi condiscípula en la universidad, Lidia Baltra para que escribiera una sección llamada Rincón Juvenil con breves noticias sobre los nuevos cantantes coléricos.

Estaba claro que los cambios cosméticos de “Ecran” no darían ningún resultado, porque la decana del cine tenía los días contados. En periodismo o te renuevas o te mueres? ningún maquillaje podía salvar a “Ecran” de ese cruel pero inexorable destino.

En ese momento yo trataba de convencer a Marina que se asociara conmigo en el proyecto de Ritmo (en realidad, era la persona menos indicada) cuando recibí en mi oficina una tarjeta felicitándome por mis dibujos en “Ecran” y declarándose admiradora incondicional del Gato Yo Yo. Estaba firmada por una fina dama: María Pilar Larraín.

EN LA RECTA FINAL

Yo sabía bien quien era este personaje: había ganado el festival de Viña del Mar en 1962 con su canción “Dime por qué” y animaba con bastante éxito un programa en Radio Chilena con música y temas juveniles, cuya principal característica eran la simpatía y la espontaneidad. Como a la tercera tarjeta de invitación a su programa, decidí concurrir aunque, francamente, ese no era el tipo de presentación más de mi agrado.

Desde el primer momento me di cuenta que Pilar era una persona diferente. Mayor que yo, casada y con una excelente situación económica, era una persona ingeniosa, alegre y vital. En eso último me recordaba a mis compañeritas del Liceo de Quilpue. Teníamos muchas cosas en común con respecto a la música popular de ese momento y desde aquella primera reunión trabamos una amistad franca e inspiradora. No tardé en comprender lo inevitable: esa era la socia más adecuada para mi revista. Pero Pilar no permitiría jamás ser una simple figura decorativa. Con toda seguridad aspiraría a participar en todas las instancias del proyecto. Eso era consecuencia de su personalidad arrolladora: según ella, cuando se interesaba por algo “se metía hasta las patas”. Sin embargo, meter la pata era lo que menos yo quería, por lo tanto- sin hablarle aun de la revista- le propuse trabajar juntos en “MI VIDA”, una publicación femenina de Guido Vallejos. Inventé una amplia sección de noticias, fotos, caricaturas y comentarios sobre el ambiente musical juvenil. Una especie de ensayo general del proyecto Ritmo… Pilar aceptó de inmediato. Guido Vallejos también.

Por primera vez no me dejé llevar por mis impulsos y actué con sensatez. Me propuse poner a prueba a mi socia antes de ofrecerle participar en el proyecto definitivo. Porque una revista semanal no se hace sólo con “simpatía y espontaneidad”. Es un trabajo muy exigente, de gran rigor y constancia, atributos que Pilar debería probar en la práctica. Por lo tanto, hacer dicha sección me permitiría evaluar su capacidad?y de paso, ir enseñándole el “Qué, quién, cómo, cuando, dónde y por qué” del periodismo. De esa forma, un simple chisme podría alcanzar la categoría de noticia.

Todo esto le pareció maravilloso a Pilar y asumió con entusiasmo el trabajo como un niño con un juguete nuevo. Antes de seguir, es necesario decir algo sobre Guido Vallejos, dueño y director de la revista “Mi Vida”, donde inicié este singular experimento.

UN SEÑOR EDITOR

En Chile no ha existido un editor con tanta calidad, eficiencia e integridad como Guido Vallejos. Excelente dibujante, comenzó por su cuenta con la revista “Barrabases”, que al tercer número fue impresa y distribuida por Zigzag, actuando solo como prestadora del servicio. Después creó el semanario humorístico “El Pingüino”, la femenina “Mi Vida”, la noticiosa “Flash” y varias publicaciones de fotonovelas. Todas de gran éxito e impacto en el poco renovador ambiente editorial chileno

Siempre manejó personalmente sus revistas, no sólo con el más alto nivel profesional, sino que- cosa rara en este país- con gran solvencia comercial y administrativa. Desde siempre, la labor de Guido ha sida una inspiración para mí, como dibujante y como aspirante a editor. Es motivo de orgullo haber colaborado con todas sus revistas (hasta 1973). Por eso cuando en 1964 salí de “Ecran” (porque despidieron a su directora Marina de Navasal) le propuse crear una sección Juvenil en “Mi Vida”.

Es necesario destacar otro aspecto sobre Guido. El conocía mi proyecto de revista y sin embargo, no vaciló en colaborarnos tanto en el trabajo con Pilar, como en la posterior puesta en marcha de Ritmo. Esto es extrañísimo en Chile, en donde los editores se tienen envidia, recelo y no pierden la oportunidad de apartar por todos los medios a sus posibles competidores, no sólo para robarle sus ideas, sino además para eliminarlos del mercado. Eso siempre ha sido así y nada indica que no seguirá siendo en el futuro. Guido es la excepción que confirma la regla. No sólo nos estimuló en todo momento, proporcionándonos una oficina perfectamente equipada, sino que más adelante nos dirigió en la dirección correcta. Difícilmente “Ritmo” hubiera podido despegar tan fácilmente, sin el apoyo de este señor editor

Desde un comienzo, el trabajo con Pilar en “Mi Vida” marchó perfectamente. Cada nota escrita la sometía a mi juicio, porque estaba conciente de sus limitaciones. No es lo mismo sentarse frente a un micrófono y contar unos cuantos chismes, los cuales una vez transmitidos se los lleva el viento, que estamparlos en un medio de larga duración. Pero su gran entusiasmo y dedicación, más su impecable educación y sentido del humor, me hizo ver claramente que esa era la compañera necesaria para impulsar mis planes editoriales. Y le revelé el proyecto de “Ritmo”. Según su propia expresión “quedó fascinada”.

FIN PRIMERA PARTE

El capítulo 2 puede leerse en:

http://ergocomics.cl/wp/2009/04/revista-ritmolas-cosas-en-su-lugar-2-de-3-2/

El Capítulo 3 puede leerse en:

http://ergocomics.cl/wp/2009/08/revista-ritmolas-cosas-en-su-lugar-3-de-3-2/

Un breve artículo sobre Alberto Vivanco en revista “Ritmo”. Un clásico de las revistas juveniles chilenas.

El gato “Yo-yo” y “Trini Plop” en la publicidad de uno de los tantos concursos de “Ritmo”

Contraportada de “La Chiva” Nº 30, en que Pepe Palomo parodia a “Ritmo”, un año después del alejamiento de Alberto Vivanco.

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2 Responsesto “REVISTA RITMO:”Las cosas en su lugar”(1 de 3)”

  1. teresa del pozo dice:

    Acabo de terminar este excelente artículo de Alberto Vivanco… Muchas gracias por dar espacio a lo pasado, que es la base de lo que existe hoy, en todo tipo de cosas, pero que se olvida a menudo. Un placer recordar, revivir y conocer los entretelones de esa revista Ritmo!!!

  2. Enrique M. dice:

    Un gran saludo a Don Alberto Vivanco !

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