El Ñoño es tu enemigo

El Ñoño es tu enemigo

En una suerte de momento de híper-lucidez, el dibujante Gonzalo Martínez, acuñó esta frase en una aciaga tarde, hace un par de años.

Y tenía razón.

«El ñoño es (mi) nuestro peor enemigo».

Mira dentro de ti y tarde o temprano te encontrarás con él. La mayoría de las veces es un purista acérrimo, capaz de enfrentarse a los autores de cualquier obra cuando sienta que éstos han traicionado la esencia de su personaje favorito, lo que demuestra que es un maldito conservador, reacio a los cambios y que todo aquello que se escapa un poco a su abigarrado y ordenado mundo de referencias aprendidas, no vale nada. Así podrá admirar a un sobrevalorado Todd Mcfarlane y despreciar a José Muñoz, porque el dibujo de éste último es «feo». Sumen y sigan.

Si ves en tu interior y descubres que un ñoño habita dentro, destrúyelo. Deshazte de él inmediatamente, porque este absurdo personaje es, al menos uno de los factores en la ecuación que ha impedido que la historieta local se levante de una vez por todas. Sí, porque el ñoño sólo actúa en nombre de una correcta continuidad y habla en «noñístico», única forma de ser entendido por sus iguales. Amén de que todo producto o crítica que provenga del ñoño estará siempre únicamente dirigido a sus pares. De ahí que cometa una y otra vez los mismos errores y se detenga en los mismos insulsos cuestionamientos de alguna paradoja temporal de algún «comic» (así le dicen ellos a algo que por acá otros llaman también «historieta») que casi siempre principalmente de industrias como DC o Marvel, pero jamás de Dargaud.

Los ñoños son capaces de emular a alguna barra brava cuando de sectarismos imbéciles se trata. Así hay grupos irreconciliables de Jedis o Trekkies y partidarios de cuanto personaje se haya visto impreso en el papel. Cada tanto, algún nuevo grupo crea algún flamante compartimento estanco para sentirse parte de algo que a sus propios ojos, vale más la pena, que la supuesta tontería del otro.

El ñoño es fijado, atento, inquisitivo y enojón con sus amados personajes. No perdona errores y puede rezar de memoria datos que no interesan nada más que a otro ñoño.

Pero nada de eso es tan malo, no, lo peor es que cuando quiere hacer historietas sólo piensa en aquellas que sólo le gustan a él y a sus amigos, es decir a casi nadie. No recuerda que de pequeño él y muchos otros leían esas historietas que podía seguir cualquier hijo de vecino, historias simples, entretenidas y, lo más importante de todo, hechas para ser leídas por todo el público y no especialmente dirigidas a una secta de lectores acostumbrados a mirarse el ombligo y a pasar revista a continuidades en busca del fatal error de tal o cual guionista o dibujante. Un público que buscaba disfrutar antes que analizar, lectores verdaderamente omnívoros y no de una sola vía.

Lo cierto es que nadie sabe que puede ayudar a vender más ejemplares de una historieta, de otro modo sería tan fácil prever aquello, pero para descubrirlo hay que mirar más allá del cerco, dejar de hablar en «ñoñístico», romper el cálido útero de la autocomplacencia.

Para hacer historieta chilena no sólo se debe leer historieta extranjera, sino HACER historieta local, publicar, publicar, publicar y luego opinar, escoger, alabar o destruir.

Sólo la publicación nos hará libres. Pero no cualquier tipo de publicación, sino aquella que vaya dirigida a ñiños, adolescentes, adultos, mujeres, a variados lectores y que entregue a cada uno de ellos algo más que superhéroes y que bucee en los diversos géneros, cruces e intereses contemporáneos.

No deberíamos navegar en estilos prefabricados, sino que bucear en los propios, buscando voces e imágenes propias, rompiendo con la unicidad del discurso y abriendo las puertas a la diversidad.

Las publicaciones debieran ser baratas, accesibles y tal vez hasta gratuitas en contadas ocasiones. Basta de papel couché a color y de inversiones millonarias que se agotan en sí mismas, basta de repetir errores del pasado. Basta de repetir esquemas que ni siquiera funcionan en USA. Nuestra industria, si es que algún día llegamos a reflotar algo parecido a ello, debiese estar hecha a la medida de nuestras posibilidades y de ahí buscar su crecimiento, ni rápido ni inflado artificialmente, sino más bien paulatino, lento, real.

Para construir la nueva historieta chilena, debemos, de una vez por todas, atacar de frente y matar a nuestro ñoño interior.

468 ad

7 Responsesto “El Ñoño es tu enemigo”

  1. Hari dice:

    No lo había pensado de ese modo y ahora me doy cuenta que mi ñoño era quien me lo impedía…

  2. Carlos Reyes dice:

    Hari:
    Claro, si le das vuelta tiene sentido.
    Es una máxima que tomé de prestado del dibujante Gonzalo Martínez y que me pareció muy interesante.

    Saludos

  3. Manos de Vienesa dice:

    Muy buen articulo mr. Reyes. yo creo que aparte del ñoño interior hay que vencer el snobismo imperante, que pucha que es molesto…

    Tambien pienso que el digital esta democratzando todo en el mundo, y asi seria posible publicar historietas por la red, como mucos artistas nacionales lo hacen. Sn lucas, con ganas y seguidores, que pocos pero fieles son (me salio como Yoda… hablando de ñoño).

    Me habia perdido de esta pagina, y d ela historieta!!! pero la vida es un eterno retorno dicen por ahi. Te dejo la pagina de mi hermano http://www.GAGOVI.cl con sus historietas nacionales para que le hechen un ojo.

    Saludos cordiales
    victor

  4. granito dice:

    Sip, mi ñoño interior era mi enemigo que me obliga a gastar plata en ñoñeces como comics, juegos de video y tonteras inútiles, pero lo mate hace años, y no he vuelto a comprar un comic desde entonces.
    ¡SALUD!
    Y se dice NIÑOS, no «ñiños».

  5. Mikael dice:

    Me parece que la frase «lectores verdaderamente omnívoros», resume a dónde se debe apuntar. Por supuesto que el lector ñoño seguirá siendo un cliente, pero si se quiere crear y seguir desarrollando industria del entretenimiento, hay que ir un paso más allá.

  6. eclesiastes dice:

    Me parece bastante divertido el tema de este artículo, pero muy cierto en verdad. este, me parece bien muchas de las cosas que se exponen, quizás discutiría un par, tal vez no, porque en aspectos generales concuerdo. sin embargo si quisiera agregar al texto que- a mi parecer- es irse al otro extremo, me refiero que como creador al intentar desligarte de este grupo nos vayamos TODOS por un lado «intelectual». que el hacer NG sea netamente hacer historias «adultas», «maduras», que «vuelen la tapa de los sesos»,»viscerales»,etc. y eso replicarlo a una escala general y homogenea, que en lo personal no me gusta ese extremo. me gusta el concepto de NG como un objeto de consumo popular, que satisface el gusto de todos, no el de unos pocos. eso, saludos.

  7. Eclesiastes:

    De acuerdo contigo. La idea de hacer NG en esta línea no tiene nada que ver con hacer cosas intelectuales o ininteligibles.

    No se trata de adaptar a Lacan en comic para sentirnos serios y profundos, sino que, por sobre todo, entretener y hacer lo que se desee.

    Se me ocurre que obras señeras como Corto Maltés, el Eternauta o Persépolis, por citar una más reciente, caben perfectamente en la categoría de lo que entendemos como Narrativa gráfica de calidad. Todas ellas son obras inteligentes, con públicos diversos, masivos, ampliamente reconocidas como buenas y exitosas.

    Y como digo en el texto, el resto es simple: publicar, mejorar, publicar, corregir, publicar, expandir y luego de eso, publicar.

    Carlos Reyes G.

Leave a Reply