La Chiva del año 68

UNA REVISTA Y UNA RISA CON ESPÍRITU LIBERTARIO

POR JORGE MONTEALEGRE

La Chiva del año 68

A la memoria de Pepe Huinca

La recordada revista La Chiva, fundada hace cuarenta años, es un signo de su época. No surgió de un día para otro. Se asoman los famosos años sesenta del siglo pasado. Los dibujantes novísimos de la época, los más curiosos, ya tienen noticias de las nuevas propuestas gráficas e irreverentes que vienen desde los sectores más liberales y progresistas de Estados Unidos y de Europa. Conocen la revista Mad, que diez años antes del Mundial del 62 ya estaba circulando. Will Eisner está entre los admirados. También, el periódico neoyorquino The Village Voice que publica los dibujos de Jules Feiffer. En otras revistas -Paris Match entre ellas- podían disfrutar de los monos de Bosc, Steinberg y Sempé. Desde México Rius propone Los supermachos y Los agachados con una perspectiva latinoamericana. Los ojos se agrandan. Los lápices se afilan. Las revistas extranjeras, difíciles de conseguir entonces, alimentan a la nueva hornada.

Las otras revistas extranjeras, las mexicanas principalmente, nutren el imaginario colectivo infantil y el gusto por los monitos. Para promover la producción nacional el gobierno aplica ?nos recuerda Palomo- la política económica de sustitución de importaciones, que elimina prácticamente la importación de historietas mexicanas o historietas norteamericanas impresas por editorial Novaro para el resto de América, lo que favorece especialmente a Zig Zag. Hay trabajo para los dibujantes chilenos. Entre otras revistas, Zig-Zag publica Rakatán, Comicnauta y Mony, donde colaboran Hervi, Pepe Huinca y Palomo.

Los quinceañeros de aquellos días, conocen la revista Ritmo en 1965. La publicación es una idea de Alberto Vivanco, quien la diagrama e ilustra. Además es el subdirector en su primera etapa. Su personaje el Gato Yo-Yó, es el símbolo de la revista; dibujado en los cuadernos y bolsones de todas las calcetineras y fans. Entre sus dibujantes están, además de Vivanco, José Palomo, Hernán Vidal (Hervi), Pepe Huinca, Edmundo Pezoa, Luz María Vargas y otros. Los dibujantes son importantes para la revista. Alberto Vivanco publica un artículo ?”¿Cómo son los dibujantes de historietas?”, donde se destacan personajes de la vieja hornada (Condorito de Pepo, Macabeo de Leo, Toribio el náufrago de Nato, Cuchepo de Luis Cerna); con aquellos de los jóvenes profesionales (Lolita de Vivanco, Farzán de Hervi, Artemio de Pepe Huinca). El grupo nunca pierde contacto con sus antecesores. En la portada de ese número sonríe Patricio Manns, que lidera el ranking de entonces con su hit “Arriba en la cordillera”. Es la revista donde coexisten, junto a los cantantes pop internacionales, diversas manifestaciones locales que evolucionan y hacen historia: la nueva ola, el neofolklore y la nueva canción chilena.

El personaje que mejor refleja este momento de protagonismo juvenil es Artemio, de Pepe Huinca. La tira es publicada por El Mercurio desde 1963. Con su chasquilla beatle y su inseparable radio a pilas, Artemio es puro ritmo de la juventud. En su moto es un espíritu libre, despreocupado, optimista. “No solo ha habido cambio en el estilo gráfico ?escribe Antonio Romera, dibujante y crítico de arte-, sino lo que es más importante, mutación radical de sensibilidad.” Artemio es junior, mensajero, en una oficina. Representa un tipo de pueblo y de pobreza urbana diferente a la que el humor gráfico representaba con Verdejo o Condorito que son campesinos allegados a la ciudad. La provincia, en este caso, está recordada en el seudónimo del autor relevando lo originario, también como parte de la sensibilidad de época: “el seudónimo ?explica Alberto- debía ser étnico y ancestral, ya que en esa época recién comenzaba la revalorización de lo autóctono (que desembocó en el Neo Folclor). Como Jorge había nacido en Angol, Huinca era una buena opción.” No estaba lejos de llegar al disco. Es justamente un exponente de lo que se llamó folklore urbano ?Payo Grondona- quien lo incorpora al repertorio de la Nueva Canción Chilena con el tema “Entrevista a Artemio ante su eventual matrimonio”. Luego, el mismo Payo convertirá en canción una historieta de La Chiva.

Así como en los sesenta surge el movimiento de la Nueva Canción Chilena, no es temerario pensar que también surgió un nuevo humor gráfico desde los jóvenes que crearon la imaginería juvenil de ese tiempo, donde el humor gráfico hace sistema con otras expresiones visuales (brigadas murales, carátulas de discos, afiches) que fueron convirtiéndose en la iconografía de la utopía, aceleradamente, ya como parte de un proceso de cambios que parecía imparable.

El gobierno de entonces había sido elegido prometiendo una revolución en libertad y el motor de ésta era la patria joven. Había vencido a Salvador Allende que ofrecía una vía chilena al socialismo, con una certera suspicacia antiimperialista.

Como parte de una política de promoción popular, en 1968 el gobierno de Frei Montalva promulga las leyes que crean las Juntas de Vecinos y los Centros de Madres. En el mundo popular, a los obreros, oficinistas y campesinos se les suma el poblador como un actor urbano relevante. En ese contexto la población, el barrio, pasa a ser un personaje colectivo. En el humor gráfico el cambio lo representa la revista La Chiva, cuya principal historieta la protagoniza Lo Chamullo, un barrio como el suyo. Quincenal y en formato nacional (o sea, largo y angosto), aparece el 31 de julio de 1968 bajo la dirección de Alberto Vivanco y publicada por la Editorial Papiro.

Los pobladores más representativos de Lo Chamullo son Pancho Moya, “cesante de profesión, mal que le pese. De vez en cuando es gásfiter, estucador, carpintero, electricista, pintor, hambriento y descontento.” Don Paello, el almacenero, es un español republicano que llegó a bordo del Winnipeg gracias a la intervención de Pablo Neruda. Las Tres Marías, trío de viejas peladoras; “son como la CIA: se meten en todo”. Los hermanos del Villar (así: con falta de ortografía) son el Fantomas y el Spectre. Para saber más de ellos es mejor buscar en los antecedentes policiales. El Mozambique es un garzón titulado que trabaja en el bar de don Pantruco. “En este lugar es donde mejor se come en Lo Chamullo. Mejor dicho, es el único lugar donde se come. Cuando se come.” Y muchos más, contando al junior Artemio a quien La Chiva le publica su primer libro recopilatorio. En Lo Chamullo viven los pobres de la ciudad. Alegres y dignos, críticos y cómicos.

La Chiva marca un aporte generacional sesentero y una visión nueva de enfrentar los temas sociales, un aire fresco que, sin embargo, debió enfrentar los mismos problemas que tuvieron iniciativas autónomas anteriores. “Las únicas distribuidoras que existían eran Zig-Zag y Lord Cochrane ?testimonia Alberto Vivanco-. Ambas solo comercializaban sus propios productos y se negaban a distribuir a los editores independientes, por el egoísmo de no tener competencia que amenazara sus propios productos.”

La empresa de papel era una revista atendida por sus propios dueños, autogestionada, para lo cual alguno debió vender su citroneta para financiarla. El primer número se pudo imprimir ?agrega Alberto- gracias al dinero que le pasó la editorial Lord Cochrane a modo de indemnización por haberse quedado con su revista Ritmo, Gato Yo-Yo incluido. “Los problemas ?agrega- empezaron cuando se acabó ese fondo y no encontramos el camino eficiente de la distribución”. En este plano, Hervi recuerda la contribución de Jorge Varas, el Varilla, quien “se descrestó ilustrando con grabados en linóleo para ahorrarnos plata de los costosos clichés. En cierta etapa ?nos cuenta Hervi- hacíamos una tira de Lo Chamullo en el diario Ultima Hora, a bajo precio, cuando el director era José Toha, con el compromiso de que nos dieran el cliché para republicarlo en la revista. Y escribíamos mucho, ya que la tipografía era más barata que los clichés.” La buena presentación era una reivindicación de los mismos personajes, que llegan a hacer una huelga por una portada de mejor papel. Al siguiente número la tapa se imprimió en couché brillante. Por poco tiempo. Recordando a su hermano, Alberto Vivanco destaca que Pepe Huinca -además de dibujar- “se interesó por imprimir la revista, desarrollando el oficio de imprentero que lo acompañó para siempre”. Además de Alberto Vivanco y su hermano Jorge (Pepe Huinca), en la revista dibujan Hernán Vidal (Hervi) y José Palomo. Desde el primer momento colaboran también Eduardo de la Barra (quien firmaba Jecho en la revista Punto Final). Al nacer la publicación recibió el saludo de los mayores, entre ellos Pepo y Nato. Este último incluso les hizo especialmente la tira “Insolentito por Natito”. Esporádicamente publicaron en sus páginas Osvaldo Salas (Don Inocencio), Themo Lobos, Ponka, Néstor Espinoza, Ric (Ricardo González)? generalmente ad honorem.

El espíritu de colaboración se expresa también en la creación de una historieta colectiva. Hay cuadros de Lo Chamullo realizados a ocho manos donde cada uno dibuja un detalle poniendo su impronta. Esta forma de trabajo ya la habían experimentado Alberto Vivanco, Palomo y Hervi en El Pingüino ilustrando historietas propias y guiones del notable Héctor Oesterheld (posteriormente asesinado por la dictadura argentina). Otra forma de colaboración es el reemplazo en la realización de las tiras cómicas cuando, por alguna razón, su autor no podía hacerlo. Es el caso de Lolita de Alberto Vivanco continuada por Ric, y de Artemio hecho por Hervi a raíz de un viaje de Pepe Huinca.

Materialmente La Chiva, que alcanzó a publicar 50 números, no podía competir con las grandes editoriales y los muy anticapitalistas no tenían un capital suficiente para sostenerla. Sin embargo, individualmente cada uno de ellos tuvo presencia en diversos diarios junto a sus personajes. Por ejemplo: Alberto Vivanco con Lolita, en Clarín; Pepe Huinca con Artemio, en El Mercurio; Palomo con Las tres Marías, en Puro Chile; Hervi con Mozambique, en La Última Hora. A fines de los sesenta, después que Alberto Vivanco dirigiera El Pingüino en Lord Cochrane, el grupo -como Editorial Papiro- saca El Pirigüín con mayores posibilidades de mercado ya que se declaraba “solo para mayores, la revista del play boy chileno, la revista de humor pícaro sin veda de carne, la revista de los machos recios, humor para gente madura”. Etcétera: machismo leninismo para la risa.

“Paradojalmente ?escribe el novelista Luis Sepúlveda, en Le Monde Diplomatique-, La Chiva tenía cada vez más lectores, pero no llegó jamás a ser un éxito de ventas, porque su propio contenido socializante hacía que los lectores la socializaran. Pero es indudable que La Chiva nos acompañó en la formidable senda de activismo político y social que culminó el 4 de Septiembre de 1970, con la victoria electoral de Salvador Allende”. En efecto, en la medida que se acercaba la elección presidencial, el apoyo de La Chiva a la candidatura de Allende fue evidente, polemizando humorísticamente con personajes que representaban otra opción? como Perejil, de Lugoze, a quien en Lo Chamullo lo parodian como “Cilantro”. Los monitos tenían opinión.

El actor político dejaba de estar solamente en los salones y el palacio, en “la casa donde tanto se sufre” como se llamaba a La Moneda. En este proceso la caricatura de personajes individuales es crecientemente reemplazada por estereotipos que reflejan representaciones sociales. La Chiva experimenta una nueva forma de hacer humor político, en un momento en que todos toman partido. En esa perspectiva, La Chiva derivará en La Firme cuando asuma el Presidente Allende. Pero ese es otro momento de esta misma historia que será constructiva y trágica. A cuarenta años de la aparición de su primer número, es justo agradecer la existencia de La Chiva, recordar con ella a Pepe Huinca y compartir la nostalgia por esa risa libre que nos sigue transmitiendo en la memoria.

 

 

 

 

 

 

 

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