Claudio Romo: El Trabajo Del Miedo

Claudio Romo: El Trabajo Del Miedo

Esperé pacientemente la edición de «El libro de la Flora Imprudente» (LOM editores) para publicar esta entrevista.

Al fin el volumen ya se encuentra a disposición del público y significa para Claudio Romo – gran ilustrador, degustador de monstruos y rarezas varias e investigador incansable de la imagen- un salto importante en su carrera, al menos en Chile. Hace rato que sus trabajos son conocidos en el extranjero, pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de mostrar su potencial en nuestro país.

Claudio Romo, de 38 años, es un vendaval de información, en su mente afiebrada siempre toman forma bizarros proyectos que por afortunadas y extrañas conjunciones astrales siempre lleva a cabo. Reside en Talcahuano en su casa, que comparte junto a su mujer Bárbara y su gatos Melina, Atanasio y Domigo. Allí se apilan libros de teratología, terror, arte mexicano, esculturas, historietas. Bajo el pseudónimo de Atanasio muestra parte de su trabajo en http://atanasio.deviantart.com y reparte su tiempo entre su cátedra universitaria de grabado y dibujo y el constante trabajo en su taller.

Conocí a Claudio cuanto afortunadamente pude hojear un catálogo que mi amigo, el diseñador Ricardo Vega, me trajo de regalo uno de sus viajes de trabajo a Concepción. El trabajo de Claudio me impactó, me conmovió y no sólo por sus cualidades técnicas, que sin duda están ahí, sino también por su cercanía con mi propio imaginario. Y cuando, más tarde, nos conocimos, nos dimos cuenta de que habíamos estudiado los mismos libros y autores y que poseíamos un acercamiento similar a lo monstruoso, el cuerpo, el terror y la abyección.

Los invito pues, a conocer el fascinante y espectral universo de Claudio Romo. Espero que lo disfruten tanto como yo, pero cuidado…

…Sólo aseguro la inmersión, mas no el regreso.

TERATOLOGÍA RELIGIOSA

Ergocomics: En tus dibujos hay mucha cosa orgánica, cuerpos mutilados, viseras imposibles de encontrar en un cuerpo humano? ¿De dónde viene esa cosa biológica?

Claudio Romo: No existe una definición clara respecto a eso.

E: ¿Siempre dibujaste esos seres?

C. R.: Sí, siempre me interesé por el tema. Hay dos experiencias respecto a la imagen y el cuerpo que me ayudaron a imaginar desde la infancia. Cierta vez rompí de casualidad una imagen religiosa. Me saqué la polera y la tiré sobre un mueble en que había una imagen de yeso de San Judas Tadeo y la rompí. Mi mamá, en lugar de botar los pedazos, los reparó con parches, le hizo «curaciones», y lo «acostó» en un cajón del mismo mueble. Cuando de casualidad abría el cajón lo miraba ahí, mutilado, con la cabeza rota? mirándome. Hay otra imagen, «El verdadero rostro de Cristo». Un grabado muy antiguo con los ojos cerrados y la boca abierta como un cadáver? que me provocaba pavor. Una vez en un viaje a Oaxaca, en su centro histórico, recorrí a la parte de trasera de una antigua iglesia virreinal, donde reparan los santos y de repente veo el mismo grabado y quedé paralizado.

Me provocaba angustia la imaginería religiosa. San Judas Tadeo, era una imagen de yeso, rota, pero?la acción de mi familia era verlo como una rara clase de objeto vivo y observante, lo que Debray denomina como la edad visual, la ideosfera, materia- imagen, cargada de espíritu.

E:¿El catolicismo sigue engendrando monstruos?

C. R.: Claro, por supuesto.

E: Recuerdo que hace poco hablaba con unos escritores de Ciencia Ficción que me decían que no había nada más fantástico que el corazón de Jesús flotando sangrante en la nada, en un espacio otro. Una figura poderosa, fantástica.

C. R.: ¿Y qué me dices tú del cristo con el corazón afuera? ¡Es una gran imagen!

E: Entonces esas figuras son las que te forman?

C. R.: Sí, el arte religioso participó de mi formación visual, pero lo concibo cómo Borges respecto de la filosofía? como una rama de la literatura fantástica.

E: ¿Desde cuando dibujas?

C. R.: Desde niño.

E: Me contaste una historia de tu abuelo que te obligaba a dibujar. ¿Puedes contármela de nuevo?

C. R.: Me imponía la práctica. No le gustaba que anduviera dando vueltas o molestando y él era instructor de infantes de marina en Talcahuano? imagínate. A mi hermano lo hacía marchar? y a mí dibujar.

E: ¿Esa obligación no se convirtió en un problema? ¿Nunca te molestaba? ¿Te encantaba?

C. R.: Sí, lo recuerdo con gusto. Tenía que hacerle retratos a mi abuelo (Ríe) Le hacía retratos todo el día al viejo y se ponía en poses distintas? (Risas) a veces se sentaba con su caña y yo le hacía su retrato

E: ¿Conservas alguno de esos dibujos?

C. R.: No. Algún familiar los debe guardar. Era muy chistoso?

 

LA ABYECCIÓN

E: ¿Cómo se va perfilando en ese joven este universo fantástico?

C. R.: Un elemento clave para mí fue la relación con la literatura infantil y juvenil muy antigua? El Peneca. Leí El Peneca desde muy niño. Tín y Tintina, Michote y Pericón de Themo Lobos, Los hermanos Saca y Pica. Había cosas absolutamente delirantes. Las historias del Tío Cachiporra, que era la versión latina del barón Munchausen. Creo que ahí empezó mi inclinación por la narración? Leía literatura infantil de buena calidad.

E: Y ahí estudiaste arte?

C. R.: Pedagogía en artes Plásticas. En esos años conocí y practiqué por primera vez el grabado, un trabajo cercano a la ilustración muy primitivo. Eran más bien aproximaciones a la «Lira Popular» o libros de crónicas hechos en aguafuerte. Me atraían los antiguos libros con estampas.

 

E: ¿Pero siempre concebiste la ilustración y el dibujo narrativo o acompañado de textos?

C. R.: No siempre con textos, pero siempre narrando. La primera serie que hice fue «El Niño que Enloqueció de Amor»; «La Infancia de Lázaro Morel». Basado en el personaje de «La Invención de Morel» de Bioy Casares; textos sobre «La Guerra del Fin del Mundo» del caso Canudos: «Os Sertoes» de Euclides da Cunha sobre la resistencia de grupos religiosos radicales contra el naciente gobierno brasilero. Todas esas narraciones me sirvieron para sacar series de dibujos. Hice páginas de Biblias y de santos apócrifos?

E: Gustas mucho de hablar de libros que no existen? muy Borges.

C. R.: Sí? Borges, Borges?

E: ¿Qué hay en él que te atrae?

C. R.: La capacidad de ficcionar. Esa frase de que la filosofía o la teología? es una rama de la literatura fantástica, es un balazo en la cabeza, una subversión de las certezas, la buena ficción es eminentemente subversiva y esa es su gran potencia, la capacidad de desmontar y crear mundos potenciales: «El Aleph», «Ficciones», «Artificios», «El Jardín de Senderos que se Bifurcan», «Tlon Uqbar, Orbis, Tertius», «El Milagro Secreto», «El Inmortal» que fue el primer cuento de Borges que leí, fue un cambio en mi vida. Fue fundamental.

E: ¿Cuándo y por qué te interesa la historieta?

C. R.: La historieta me interesó desde que leía El Peneca.

E: Tú nunca has dibujado una historieta a pesar de que tus dibujos tienen esa vocación narrativa?

C. R.: Nunca he trabajado con la secuencia, nunca la he practicado, pero mi trabajo sirmpre ha tenido que ver con narrar, contar? (1)

 

E: En tu exposición del proyecto «Mi Nombre es Legión» (2) hay un intento narrativo, una secuencia?

C. R.: Ése es un proyecto de inmersión en un mundo sintético. Generar un mundo sintético para personas que como tú, por ejemplo, que son narradores, entren, se sumerjan en este mundo digital, puedan generar un recorrido y eso se transforme en una narración, Con ese sentido lo generé. Para construir un dispositivo que se convirtiera en escenario de personas que vivieran dentro, pequeñas situaciones, y eso se transformara en narración. Construir un escenario 3D. Un mar donde sumergirse.

E: ¿Qué esperas tú de la gente cuando ve alguno de tus trabajos? Sobre todo recuerdo con el que yo te conocí: «Láminas para una anatomía Apócrifa»

C. R.: Lo que siempre espero yo es un poco de extrañamiento, de temor. El miedo a lo otro, aquello que no puedes definir o concebir, aquello que te deja indemne. Yo hago aquello a lo que yo le temo, como el vértigo de lo religioso, como las pinturas de Tintoretto. Las imágenes del cielo de Tintoretto me provocan vértigo. Personajes levitando en la nada, arriba.

 

E: A mi me pasa algo similar con el cuadro de Dalí: «La Tentación de San Antonio». Esos elefantes gigantescos con esas patas delgadísimas? me repulsa y me fascina?

C. R.: Las láminas sobre el infierno de Van Eyck. Me gustan mucho. Están en la misma línea. La relación fascinación y miedo.

E: La seducción del miedo?

C. R.:

E: El miedo está en la base de tu trabajo?

C. R.: Sí. Lo que la Kristeva llama la abyección. Todo aquello que es un riesgo, una amenaza hacia la uniformidad, hacia la unidad del ser. Me gusta eso.

E: Desmembramiento físico, psíquico?

C. R.: Todo tipo de escisión del yo. A nivel de cine, cierta producción de Cronenberg sería abyección física y David Lynch sería abyección psíquica. Gente que despierta no sabiendo lo que hizo, quién es,o lisa y llanamente siendo otro? la angustia de la mutilación espiritual y psíquica del yo.

E: ¿Te sientes un autor fantástico?

C. R.: Hay prejuicios sobre el concepto de la fantasía. Creo que no comparto la categoría.

E: ¿Cuál prefieres?

C. R.: No sé? ¿abyección? La fantasía está hoy muy cargada de preconceptos, por otros temas como las historias de héroes o ficciones épicas que a mí no me interesan. La palabra fantasía es muy joven. Nace en el siglo XVIII. El Bosco, por ejemplo, es mucho más antiguo.

MÉXICO FASCINANTE

E: Hay una antes y un después de México en tu trabajos ¿Qué te pasó ahí?

C. R.: En México me di cuenta de que lo que tenía que hacer era cómic, narrativa gráfica en soportes de la industria editorial, porque no estaba llegando a mucha gente con libros hechos a mano

E: ¿Pero por qué en México y no acá?

C. R.: Por que ví más cosas y no sólo en México sino que en Alemania también y en la República Checa. Ví autoediciones, trabajos de gente que seguía dibujando sin tener que ser un erudito del grabado en metal, la xilografía? Lo importante es tener la capacidad de llegar a la mayor cantidad de gente. Tener visibilidad, circuito. En el fondo llegar a las personas, entregar tu visión de las cosas, transmitir tus sentidos.

E: Y ahí en México está también presente también la cultura de la muerte, la religión?

C. R.:La religión del pueblo, la religión apócrifa. Santos desnaturalizados y convertidos en nuevas deidades. La mezcla indígena europea potentísima que se da allá a través de la santería apócrifa. Santos delincuenciales, la santa muerte, el niñito cieguito, Jesús Malverde y muchos otros. Toda la cultura religiosa y popular que se genera en la frontera Texmex, entre el mundo latinoamericano y el gabacho de los gringos es muy potente, intensa. Distinto a Chile, mucho más densa.

E: ¿Qué te fascina de eso? Lo digo porque el luchador con máscara está presente en muchos de tus trabajos?

C. R.: El cuerpo del luchador, la máscara del luchador? se convierten en seres de ficción. No son reales? son unos mutantes. Además lo bizarros que llegan a ser es una cosa fundamental. Las luchas de enanos, de travestis, de mujeres, la llanera? Todas esas cosas que son como? esquirlas de una gran explosión de cultura popular. . En México hay sacerdotes que son luchadores y dan misa con su máscara puesta. También está Superbarrio que lucha para que la gente tenga casa y pelea contra las transnacionales. Es riquísimo. La lucha libre mexicana es popular y bizarra. Es lo más latinoamericano de lo latinoamericano. La experiencia de estar en México es intensa, empiezas a ver cosas sobre lo latinoamericano que aquí no percibes, porque acá nosotros tenemos una especie de «latinoamericanidad» deslavada, aguadita. Allá es gruesa. Acá la religión Católica es esteticamente fría y junto a la derecha es potente como poder reaccionario, pero no como poder de creación.

 

E: ¿De dónde se nutre tu trabajo?

C. R.: En que me alimento de muchas partes. Del grabado, del cómic, de lo popular, del dibujo de academia, de narraciones de muchos otros. En el fondo uno es catalizador de muchas narraciones. Cuando dibujé la serie de anatomía apócrifa, me llamaban la atención los marfiles novo hispanos hechos por mano china, el grabado en metal guadalupano, la litografía republicana del siglo XIX, la lucha libre?

E: Lo fragmentario?

C. R.: Todo. En México, a los mercados los llaman Tianguis. Es un lugar donde tú encuentras todo y todo está mezclado. Eso tiene que ver con mi trabajo que es super saturado. No soy un autor depurado, ni fino, ni minimal, ni silencioso, ni esencial. Sino barroco.

 

EL CUERPO FRAGMENTARIO

E: Otra obsesión en tu trabajo es el cuerpo que es también el origen de los mayores temores del ser humano. La destrucción del propio cuerpo?

C. R.: El siglo XIX venera el cuerpo, lo vuelve sensual y lo convierte en una utopía y el siglo XX lo fragmenta y lo desmonta. En esa línea trabajo yo. El cuerpo es una especie de pasadizo por donde pasan las narraciones. No es algo que esté terminado, diseñado. Es un objeto de lenguaje. El cuerpo no existe sin la normalización y eso es un fenómeno cultural. Cuando tú das cuenta de la fragilidad del cuerpo, que no es la medida de lo sacro ni la medida áurea de nada, sino que una construcción cultural, tienes la libertad de reconcebirlo como lo hicieron otros. Con la diferencia de que tú te das cuenta que el cuerpo no existe y de que es un constructo mutante.

E: ¿Cómo es tu proceso de trabajo concreto?

C. R.: En concreto inicio con el dibujo. Gráficamente el color ha sido siempre un tema segundario. Cuando llegaron los programas de diseño pude hacer un by pass en mi relación con los pinceles y las aguadas que nunca me resultaron y pude iluminar, colorear mi trabajo, darle carácter, poder avanzar hacia el color y trabajar sobre el fotomontaje. El dibujo sigue siendo análogo, sigue siendo de la mano, nace de la mano y luego viene el proceso de manipulación digital

E: ¿Te gusta el azar en el trabajo? ¿Cómo lo dejas entrar?

C. R.: No teniendo demasiado claro lo que voy a hacer. Tengo intuiciones, pero jamás hago croquis ni dibujos previos, porque empiezo a sentirme un copista de mí mismo y eso se hace monótono.

ESE CIELO ATERRADOR

E: ¿Tus criaturas imposibles provienen de tus sueños, de lo que ves?

C. R.: La mayoría de lo que hago tienen que ver con las estampitas religiosas. Siempre me han llamado la atención los cielos de las estampas religiosas. Me producen vértigo. En mi infancia tuve un libro de un pintor italiano que hacía escenas de cristo transfigurado y lo más interesante, no era ver un ser con el corazón afuera, ni el rostro iluminado por una luz metafísica, sino el cielo que estaba atrás.

E: Lo ciclópeo, esa vastedad imposible de mensurar hecho para que uno sienta ese temor reverencial hacia lo divino.

C. R.: Por supuesto. Un constructor de iglesias siempre busca que el techo de la iglesia sea el cielo, el infinito…

E: Estas decidido a narrar y te interesa la historieta?

C. R.: Sí, pero no desde la perspectiva clásica. La historieta me interesa como un soporte para la generación de narraciones desde las artes visuales contemporáneas. Yo no quiero ser un comiquero, no me interesa, porque hay muy buenos comiqueros. Lo que me interesa es utilizar el lenguaje para generar un experimento, una historieta más bien experimental. Conozco historietistas franceses, argentinos y frente a lo que han hecho ellos ¿Qué puede hacer uno? No mucho. Pero sí, puedo construir experimentos en el soporte de la historieta.

E: Y estás entregando dibujos a narradores para que escriban textos a partir de ellos y al revés?

C. R.: Los dos caminos son válidos. Las imágenes son textos potenciales y los textos son imágenes potenciales. El cordón narrativo atraviesa las dos estrategiasNuevos territorios que tocar. Otro punto importante de la narración grafica es su cercanía con el cine. Es interesante tomar los dibujos de una secuencia, poder montarlos como el experimento de de «La Jetée» (3) Una especie de fotonovela montada en cine. Lo que más me gusta del comic es «La Jetée» (Risas) la capacidad de hacer una película con imágenes estáticas.

 

ALGUNOS LIBROS IMPOSIBLES

E: Cuéntanos de tus proyectos para el 2008

C. R.: Estoy trabajando sobre un libro que compendia páginas sueltas de libros que no existen

E: Un libro fragmentario?

C. R.: Un libro de fragmentos. Un gabinete de curiosidades naturales, donde tú puedes encontrar: un manual para construir androides, láminas de santos apócrifos, pasando por vistas de paisajes espectrales, análisis anatómicos de organismos indeterminados, etc., etc. Pero con la voluntad de prefigurar el total desde el fragmento.

E: ¿Cómo nace «El álbum de la Flora Imprudente»?

C. R.: Nace desde que inicie mi trabajo en literatura infantil. Estuve trabajando con nuevas interpretaciones de Las Mil y Una Noches con textos del autor tunecino Nacer Khemir, donde un cuento lleva a otro y a la vez son cuentos autónomos. Entonces, por qué no hacer un libro para niños que tuviera capítulos autónomos, y a la vez concatenados y que describieran un bestiario vegetal. Finalmente diseñé un álbum de botánica imaginaria.

E: Y al mismo tiempo es la historia de un expedicionario?

C. R.: ? que se va a las islas del sur entre el continente y la antártica, pasa por Valparaíso y llega hasta el Cabo de Hornos y quiere ir a la antártica, pues ubiqué el texto a fines del Siglo XIX y este expedicionario, muy en el espíritu de los grandes científicos aventureros del XIX, de estos conquistadores del planeta, iba a analizar los icebergs, pero en medio del viaje, una especie de extraña cápsula climática lo secuestra y se lo lleva a una isla espectral, simétrica donde en la mañana hay dos soles y en la noche, dos lunas.

E: Tú escribiste todos los textos he hiciste todas las ilustraciones de este libro que cuenta la historia de este viaje fantástico.

C. R.: Sí, textos e imágenes. Cada capítulo es la descripción de una planta que tiene características especiales: Plantas flamígeras, plantas que corren, plantas que contienen ectoplasma de forma mutante, plantas que son venenosas por el sonido, porque cantan, porque se alimentan del miedo, porque mutan. Y ahora me encuentro además ilustrando un bestiario con textos del escritor cubano Juan Nicolás Padrón y un libro de páginas de libros que no existen, un libro de libros. Creo que se va a llamar «Cuadernos» o «Páginas Espectrales». Todavía no le pongo nombre. Después me gustaría trabajar con más dibujantes y guionistas. A ver si puedo lograr la convocatoria suficiente como para poder hacer una publicación en torno a la ficción de libros o al fragmento de narración. Hacer un libro que contenga muchos libros que sean fragmentos de éstos, al igual que cuando miras la ventana, ves toda la casa y al mirar la hoja, ves el árbol. Que es algo que Borges también hizo cuando escribió una sola página de la enciclopedia de Tlon y nos permitió imaginarnos el resto.

 

NOTAS:

(1) Claudio Romo realizó, con posterioridad a esta entrevista, una historieta con textos de de Alexis Figueroa para un libro en preparación que se llamará finalmente: «Fragmentos de una Biblioteca Transparente».

(2) «Mi Nombre es Legión» es un proyecto de net-art que propone la construcción de un coloso virtual, el que puede ser recorrido en su interior por el usuario. La anatomía interior del organismo es ficticia y sus órganos internos son verdaderos territorios habitados por fauna también ficticia, pero dotada de inteligencia artificial y con capacidad de respuesta.

El proyecto está dormido a la espera de financiamiento, ya que hasta la fecha, no ha sido del gusto de los esquivos fondos que lo harían posible.

(3) Se refiere al notable film de ciencia ficción, de 1962, del director francés Chris Marker y que tuvo su remake en 1995 con «12 Monos», dirigida por el norteamericano Terry Gilliam

 

PUBLICACIONES:

«El Golem». Libro de aguafuerte. Autoedición, 1997.

– «Crónica de los Hechos Portentosos». Libro xilográfico, autoedición, 1999.

– «Murga de la Diablearía», junto a Bárbara Bravo. Libro de grabado xilografía y grabado en metal. Autoedición, 2000.

– «Láminas de Anatomía Apócrifa». Libro de aguafuerte. Autoedición, 2004

– «El Cuento de los Contadores de Cuentos», Fondo de Cultura Económica, 2004

– «El Álbum de la Flora Imprudente», LOM Editores, 2008

-«Topotesia Estación II», con textos de Carlos Reyes G., para el libro «Monos Serios» de varios autores y editado por el Departamento de Teoría de las Artes, Universidad de Chile, 2008.

EN PREPARACIÓN:

– «Bestiario de los Animales Reales Imaginarios», con textos de Juan Nicolás Padrón

– «Fragmentos de una Biblioteca Transparente», con textos de Alexis Figueroa.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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