Juvenal Niño: Cómo llegué a ser guionista de historietas

Juvenal Niño: "¿Cómo llegué a ser guionista de historietas?"

Juvenal Niño, nos narra en primera persona el periplo que lo convirtió en un obrero de la historieta.

Entre sus trabajos más recordados se encuentra la serie bélica antiimperialista: «Corresponsales de Guerra», para la revista «Guerra!!» y episodios varios para «Dimensión Cero», entre los que destaca el inolvidable «Chago Kompón» y sus diveridas aventuras como gasfiter espacial (sic)

LAS EDICIONES POPULARES

A mediados de 1971, cuando el gobierno del Presidente Allende cumplía apenas un semestre, se daba forma a Editorial Quimantú, y con ella, a uno de los esfuerzos más relevantes en nuestro país, por llevar la cultura ? en todas sus formas ? a la mayor cantidad de personas. Ediciones populares (pero no por eso de mala calidad) de las principales obras de la literatura chilena y universal con contenido social, revistas para jóvenes y mujeres ? como Onda y Paloma ? y un intento fuerte por incorporar al mercado historietas con valores y una óptica diferente a la habitual, de origen norteamericano.

Fue en aquel momento – cuando yo era un estudiante del Tercer Año de Periodismo de la Universidad de Chile ? alguien llegó con la noticia a la Escuela: Quimantú precisaba guionistas de historietas.

Hasta entonces, mi relación con el mundo de la historieta era de agrado e interés, pero en ningún caso pasión. En mi mente jugaban aún las historias de «El Peneca», «Okey», «Billiken», «Tintin» y «Asterix» y un breve espacio en que, con un pequeño grupo de amigos, siendo aún niños, dábamos vida a pequeñas revistas de un solo ejemplar ? escrito y dibujado a mano ? que compartíamos tímidos y ansiosos. Habiendo sido no más que un simple lector de las clásicas revistas de aquella época, y con particular aprecio por Osterhead y Ernie Pike, el bichito me picó.

Fui y conversé con Saúl Scholnik ? entonces director de «Cabrochico», y quien había sido mi profesor ayudante en el ramo de Filosofía un par de años atrás ? confesando que no tenía ninguna experiencia, pero sí muchas ganas. Con sentido práctico, Scholnik decidió probar a este joven de apenas veinte años. Para ello, me propuso que tomara leyendas chilenas y las transformara en historietas. Lo hice ? al parecer bien ? y eso significó que al poco tiempo viera publicada mis primeros trabajos. Guidú (Guillermo Durán) era el ilustrador y, con certeras observaciones, ayudaba a pulir los imperfectos trabajos iniciales. Manuel Cavada, por su parte, con paciencia, pero también de manera implacable, iba corrigiendo los vicios de estilo en el uso de la lengua castellana. Abel Romero ? el mismo cuyo nombre recordaba de las páginas de «El Peneca» – dirigía el área de historietas.

DIMENSIÓN CERO: CF CRIOLLA

Pronto, esos meses de aprendizaje, dieron sus frutos. Se precisaba no solo guionistas, sino también periodistas que pudieran enriquecer y darle un nuevo aire al trabajo. Sin dejar de escribir para «Cabrochico» junto a José Leandro Urbina (escritor chileno, radicado actualmente en Canadá, entonces estudiante del Pedagógico) nos hicimos cargo – número por medio, cada uno – de Chago Kompón, la historia de un gásfiter cincuentón, amante del tango, del vino y la buena comida, que más que reparar artefactos descompuestos, ayudaba a las personas a encontrarse a sí mismas y a fortalecer sus sentimientos humanitarios y solidarios, en un mundo imaginado futuro, donde primaba el individualismo, la frialdad y el tecnicismo. Ello, en las páginas de «Dimensión Cero» con el pincel de Manuel Rojas, ya fallecido y la dirección del recordado Enrique Calvo.

Parte importante de este equipo era el grupo que conversaba con nosotros los contenidos de cada número: Mario Salazar, Naín Nómez, Manuel Jofré e Isabel Marshall. Su trabajo no era fácil: preservar en cada número los valores humanos y solidarios.

UNA GUERRA VALÓRICA

Por esos mismos días asumí las tapas interiores de revista «Guerra», volcando en ellas entrevistas a ex combatientes de diferentes conflictos. Ex combatientes nazis, antiguos republicanos españoles, viejos «maquis» de la Resistencia Francesa y alegres italianos, fueron algunos de los entrevistados con los cuales procuramos encontrar al ser humano y sus valores fundamentales, detrás de cada acto de guerra.

Finalmente, tuve el privilegio de acompañar a Máximo Carvajal en «Corresponsales de Guerra» tejiendo las historias de Alvaro Lorca, el corresponsal español y Roberto Ferrer el fotógrafo chileno. Fue sin duda la gratificante experiencia del aprendizaje y la amistad del recordado maestro. Día a día, Máximo iba puliendo el sentido de la narración, de la sorpresa al final de cada página, de la magia que provocaba en el lector la unión de leyendas, líneas y colores. Desde estas líneas el aprecio a través del tiempo y el reconocimiento a su calidad humana y profesional.

Ya corría el año 1972. Junto a Máximo, Manuel, Enrique, Guidú y tantos otros participé en una iniciativa pionera: Fundar el Sindicato de Historietistas de Chile. Entendíamos que nuestro trabajo era uno solo. Desde distintas tareas, la unión de nuestros esfuerzos permitía dar luz a un proceso creativo colectivo y solidario.

Meses después, desaparecí del mundo de la historieta para tomar otros rumbos. Terminé mis clases de periodismo, me dediqué a explorar otros ámbitos de la comunicación y en ello llevo más de 30 años.


EL TRABAJO COLECTIVO

Sin embargo, la historieta me dejó no solo grandes afectos, sino también enseñanzas extraordinarias para mi trabajo posterior. Allí no solamente aprendí a tejer historias, manteniendo un hilo narrativo en permanente suspenso; a unir diferentes lenguajes, sino también a entender que el trabajo comunicacional es un trabajo colectivo, que precisa de diferentes personas, de diferentes maneras de percibir el mundo, de diversas herramientas, de todas las percepciones. A pesar del tiempo transcurrido y de las vueltas de la vida, sigo pensando que la unión entre las personas, siempre es más fuerte que el individualismo.

Juvenal Niño es periodista, 52 años, tres hijos, después de dejar Quimantú, en 1972, se ha desempeñado como guionista de documentales y productor ejecutivo de programas para televisión (particularmente «La Tierra en que Vivimos») ; y en diferentes organismos públicos y empresas privadas haciendo realidad diferentes proyectos de comunicación corporativa (INP ? Instituto de Normalización Previsional; Casa de Moneda de Chile, PNUD ? Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; Hospital Clínico de la Universidad de Chile, entre otros). Ha publicado una decena de libros sobre medio ambiente, naturaleza, historia e identidad de Chile. En la actualidad ejerce en Link Tecnología Digital S.A. dirigiendo asesorías comunicacionales.

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3 Responsesto “Juvenal Niño: Cómo llegué a ser guionista de historietas”

  1. Juan Carlos dice:

    Don Juvenal fuerza en su delicado estado de salud, rezare por usted.

  2. marisa niño dice:

    gracias juan carlos por rezar por mi papa 😀

  3. Juan Luis González dice:

    Recordado Juvenal,tardíamente supe de tu lamentable alejamiento de este mundo, en el que tanto y tan calladamente aportaste con tu excelente trabajo profesional en el area de las comunicaciones. Tanto en el area privada, con tu participación en la elaboracion de interesantes guiones de documentales icónicos de la televisión que perdurarán por siempre en la memoria colectiva, como La Tierra en que Vivimos, de Sergio Nuño y, luego, en el sector publico, donde conocí y aprecié tu gran calidad humana y profesional, al aportar con tu experiencia y creatividad, en el desarrollo de importantes proyectos comunicacionales del ex Instituto de Normalizacion Previsional(ex INP), hoy IPS, que lograron, por una parte, un efectivo espíritu de cuerpo de la comunidad institucional y, por otro lado, posicionar la imagen de esa importante institucion de la seguridad social chilena, en la comunidad nacional.

    Gracias querido colega y amigo, por las amenas conversaciones que tuvimos y por la importante y desinteresada colaboracion que siempre me prestaste.
    ¡Que tu alma descanse en paz!

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